Sillón-ball

Hacía tiempo que no era tan feliz…

Ya no me acordaba de lo que era poder tumbarse y agarrar un huevo en cada mano. Tumbarme en el sofá y frotarlos con ambas manos hasta que me canse. Y cuando eso ocurra, cambiarlos de mano y repetir la operación.

Había olvidado lo que es no tener preocupaciones, aunque fuera por dos días. Salir el viernes, beber y bailar hasta no poder más. Tumbarme el sábado y descansar, ir al baloncesto a ver ganar al Cai el domingo (he estado con Mapache, cosas de la vida)… Bien, vaya.

Felicidad, relax…

Aún me faltan notas por saber, de momento todo han sido buenas noticias, pero no tiene por qué seguir así. Pero en cualquier caso, estos días no los cambio por nada. Y nada, ahora a ver cómo empieza el segundo asalto. Quedan muchas cosas buenas por salir, entre ellas mi ansiado Erasmus. A saber qué conseguiré, pero el no ya lo tengo, ¿no?

En fin, ahora toca irse a dormir, así que otro día que pase algo interesante escribo otro ratico.

Y ya está :-)

Ojo… comer pasteles está bien, pero no antes de la dieta. :-O

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Feliz año 2010

Desde Anda a Cascala! quería desearos a todos un feliz y próspero año nuevo, y todas esas cosas que se dicen todos los años. Podría desearos hijos, salud y dinero, pero tal vez con salud y muchos intentos de hijos sin éxito sea suficiente.

Como este año me perdí el mensaje de la Casa Real, os dejo aquí algunos fragmentos que he encontrado :-P . En especial, me gusta el momento 1:10 en adelante.


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¿Qué más cosas se suelen decir? Mmmm… Propósitos para este nuevo año. Si pongo muchos y que duren mucho tiempo, puedo pegarme el año pringando, así que tal vez lo más sensato sea poner algunos que acaben pronto:

- Aprobar economía y FAPS.

- Conseguir mi ansiado Erasmus

Juasjuas, estos los tendré acabados (o no) en febrero, así que tendré 10 meses de  ”boulin” (tocadica de h**v*s).

¡Feliz año a todos!

Y ya está

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Hoy son cuatro

En cierta ocasión, cuatro tontos acudieron a un restaurante para comer. Se sentaron en una mesa redonda y estuvieron echándose un cigarro hasta que un joven camarero les atendió. Los cuatro pidieron  los mismos primeros platos: Un buen plato de cocido bien calentito que, con el frío que hacía ese invierno, era lo que mejor sentaba.

Unos minutos después llegó el camarero y repartió los platos a los comensales. Primero a las dos doncellas, después a los dos galanes. ¡Qué olor desprendían aquellos platos, por Dios! Pero algo fallaba, hubo que avisar al camarero:

- Camarero, por favor, ¿sería tan amable de probar este caldo?

- ¿Qué ocurre? ¿Está frío, señorita?

- Por favor, pruébelo y dígamelo usted.

- No entiendo, ¿acaso le falta sal, o está muy salado?

- Hágame caso, pruébelo, de verdad.

El camarero estaba cada vez más agobiado

- Qué vergüenza, hay un mosquito, ¿es eso?

- Por favor, deje de hacer preguntas. Pruebe este caldo.

- Pero señori…

- ¡¡QUE PRUEBE ESTE CALDO, COÑO!! ¡¡YA!!

- Está bien, está bien … … …    … … …    … … … Un momento, ¿dónde está la cuchara?

- ¡Anda! ¿Por qué piensa, joven, que le pedía que probara el caldo?

Quería darte la bienvenida, ya somos cuatro. Y por supuesto, un abrazo a los otros dos.

Y ya está :-)

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Lapsus juerguista en la consulta

Sigo con el “malestar” típico de después de fiestas, o como se llama técnicamente “Catarrum Monumentalis”.

El lunes me pegué toda la mañana en la cama, pero conseguí comer en el CPS. A clase no fui, pues no tenía excesivas ganas, y ya de parte tarde tuve la visita anual al dentista. Salí de allí con la dentadura escocida por el trote que la cruel dama me metió con los punzones aquellos que utilizan estos personajes.

Y ya que estaba, pensé que igual era buena idea cogerme una biZi e irme al centro, para que el médico me echara un vistacillo.

La visita fue lo de siempre: Qué síntomas tienes, súbete la camiseta, te ponen el cacharro para escucharte, tal, tal, tal. Luego ya te recetan antibiótico si lo creen necesario, un mucolítico, paracetamol, ibuprofeno (o los dos), y fin de la consulta.

El hecho de que la recepcionista (nunca he sabido si son enfermeras o qué) fuera una rubia bastante atractiva no es importante. Creo que puedo ahorrarme pues la descripción detallada de aquella obra de arte de la creación.

Lo curioso de esta visita al médico fue que, y sin saber muy bien por qué, cuando el hombre me pidió mi tarjeta sanitaria, no fue ésta lo que le entregué. Yo metí la mano a la cartera, saqué algo, y extendí la mano para ofrecérselo al amable señor con acento argentino-rumano (era una mezcla curiosa).

Conforme mi mano se iba aproximando a la de nuestro amigo, vi que su cara reflejaba sorpresa. De modo que me dio por mirar a lo que estaba a punto de darle. ¿Sabéis que era?

¡¡MI CARNET DE PEÑISTA!!

Sí, sí, podéis reíros de mí. Al señor le faltó muy poco para lanzar una carcajada. Yo creo que sencillamente no llegó a distinguir bien lo que era. Pero vaya… lo guardé rápidamente y saqué la tarjeta sanitaria.

Como veis, los excesos nocturnos causan estragos, mi neurona todavía está de resaca y dos días después de mi último litro de calimocho todavía no había cambiado el chip.

No bebáis, mis queridos padaguanes.

Y ya está :-)

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Eeem… ¡NO! – El desenlace

Último día de tocadica (bowling) en la capital maña.

Un buen puñado de horas de sueño, un café largo los 3 tontos y la jefa, y un par de croquetas, ya sólo 2 de los 3 tontos. Ése ha sido el resumen del día. Por no sumar las películas de Regreso al futuro (I y III) que han caído por la noche.

Pero bueno, esto no es lo más importante del día. El verdadero motivo de este post es una experiencia reveladora. Un acontecimiento reconfortante, tranquilizador, orgásmicamente redundante y a la vez tan misericordioso y sublime como una abrumadora y nigérrima encefalopatía con tintes paupérrimamente jubilosos.

(NOTA: ¿¿¿Qué C*J*N*S habrá querido decir todo eso???)

A lo que vamos.

Supongo que todos recordaréis a la bella damisela que me negó su mechero hace algunas semanas. Para quien no la recuerde, os pongo el enlace para que veáis el principio de esta historia de amor:

http://www.loixiyo.com/eeem-no

Hoy también estaba en mi bar, y tras abandonar el recinto “ella la cosa”, le hemos preguntado al camarero. Él nos ha dicho que esas prácticas amables por parte de nuestra educada y amable señorita se repetían contínuamente, y que ha llegado a escuchar cosas como:

- ¿Mechero? ¿Y por qué tendría yo que dejarte mi mechero?

Todo tipo de contestaciones, cada cual más encantadora salen de la boca de esa víbora que sólo hace que escuchar conversaciones ajenas mientras te mira por encima de sus gafas, con su cigarro en la boca y el cubata en la mano.

Qué rencoroso estoy pareciendo, pero qué a gusto me quedo hablando de ésta personajilla. La cuestión es que me ha alegrado ver que definitivamente yo no soy el malo. No soy el tío que le cae mal, sino que esta señora está en contra de todo el mundo. Es así la mujer, o como bien digo a veces: NECESITA urgentemente un poco de amor :-P

Pues nada, con la alegría de saber yo no soy el único pringadillo, me despido por hoy.

Y ya está :-)

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