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Así son las cosas y así te las he contado

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Kilos virtuales y delgadez psicológica residual

Hoy voy a romper la terrible racha en la que no he podido aportar teoremas loixianos a vuestras insulsas vidas. Y no uno, sino nada más y nada menos que dos teoremas nuevos, completamente desconocidos en la red hasta la fecha.

Si bien es cierto que algunos compañeros de trabajo ya los han podido escuchar, la inmensa mayoría de la población mundial todavía está huérfana de éste mi conocimiento. De modo que, vamos a ello:

Teorema de los Kilos virtuales:

Con este nombre he bautizado a los kilos que nos engordamos en fechas señaladas en las que los excesos gastronómicos hacen que no quepamos en la ropa. Es muy común decir “me he pillado dos kilos estas vacaciones”, pero no se trata de un aumento real ni significativo, pues varios días después de volver a nuestros hábitos alimenticios esos kilos desaparecen.

También suelo llamarlos virtuales porque un par de pasadas provechosas por el cuarto de baño suelen hacerlos desaparecer.

Este teorema no es aplicable sólo a cuando engordamos. También cuando adelgazamos se produce este fenómeno que tanto me fascina. Podemos pensar que hemos perdido un montón pero es bastante posible que hayamos hecho “mucho pis” o “mucha caca”, así que no debemos bajar la guardia, puede que nuestro adelgazamiento sea virtual.

¿Cómo identificar los Kilos virtuales? Pésate cada 2 o 3 días, y cuando en varias mediciones veas el mismo resultado, el peso es real.

Teorema de la delgadez psicológica residual:

Este nombre tan estrambótico y bello es el más adecuado que he podido encontrar ante este otro fenómeno de la naturaleza.

Hace cosa de 2 años yo pesaba como 15 kilos menos que ahora. En principio no me preocupa, teniendo en cuenta que mi vida se ha vuelto más sedentaria y además he dejado el tabaco. Volveré a hacer deporte y a cuidar mi alimentación y todo volverá a la normalidad (es además mi propósito para este año).

Hasta aquí no es nada curioso, le pasa a mucha gente. De lo que no todo el mundo se percata es de que cuando llevamos mucho tiempo siendo “delgados” (al menos no gordos), nuestra mente nos recuerda así por mucho que nos engordemos. Y esto da lugar a situacioes curiosas, como la que os voy a contar:

A veces en mi casa la bella doctora está sentada en el centro del sofá. Yo pienso “Muy bien, voy a sentarme a su lado” y cuando procedo a hacerlo resulta que una parte no despreciable de mi musculado trasero acaba aplastando a mi joven compañera de piso. ¿Qué ha ocurrido aquí?

Lo que ha ocurrido es que en mi mente me recordaba más delgado, y al ver ese hueco en el sofá he pensado que sería suficiente para mí. Peeeeeero no ha sido así 🙂

Eso, amigos míos, es lo que yo llamo el síndrome de la delgadez psicológica residual y puede arrancar las risas de vuestras víctimas o, si no las conocéis demasiado, hacer que os llevéis una buena y merecida colleja.

Hasta aquí mis enseñanzas de hoy, otro día más y mejor.

Y au! 😀

PS: No hay nada como tener a un médico buscándote el pulso en el codo!!

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