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Anda a Cascala!!!!

Así son las cosas y así te las he contado

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¡Este febrero tiene premio!

Hoy he decidido romper mi silencio bloguístico para compartir algo que os hará felices.

El caso es que recibido una frase que me ha hecho pensar. Resulta que este mes de febrero, y ojo que esto es algo que se repite cada 832 años, es muy, pero que muy, especial. ¡Atentos!

“De acuerdo al Fengshui, este febrero no se repetirá en nuestro tiempo de vida. Porque este febrero tiene 4 domingos, 4 lunes, 4 martes, 4 miércoles, 4 jueves, 4 viernes y 4 sábados. Ésto solo pasa una vez cada 823 años. Es llamado las bolsas de dinero.”

Después de tan curiosa afirmación se insta a la gente a compartirlo con sus contactos para empezar a recibir dinero a diestro y siniestro.

Como no podía ser de otra manera, he empezado a hacer cálculos complejos, integrales extrañas e incluso técnicas de cómputo cuántico para llegar a la conclusión de que, efectivamente, es cierto. Según mis estimaciones, hay más cosas que podéis hacer para empezar a ganar dinero:

– Enviar una foto en topless al autor de esta entrada
– Comprarle un coche
– Hacerle una transferencia de 500 euros
– Decirle lo chachi que es este blog

De cualquier forma, no perdáis la oportunidad de enriqueceros gracias a este conocimiento tradicional chino.

Espero que mis consejos os hagan más felices y afortunados.

Y au! 🙂

PS: Bájate en la esquina, no me la líes 😀

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El legionario del chino y el conductor cantarín

… Todos locos …

Es la única forma lógica de empezar a escribir que se me ocurre ahora mismo. Hoy ha sido un día de personajillos curiosos, y por eso voy a contaros un poco lo que ha sido.

Después de comer he bajado a mi tradicional café en el chino de enfrente de mi casa. Por el camino he visto a un señor con sombrero de legionario (verde, militar de esos con pompón), un perro cazador negro y pintas de “España, una, grande y libre”. No le he prestado especial atención salvo por lo del gorro, y me he metido al bar.

Ya en el bar, he pedido mi café con hielo. El personaje ha entrado a pedirse una cerveza, dejando al perro sin atar en la puerta. El perro, todavía joven y curioso, ha entrado a ver qué se cocía en ese lugar que no había visto. Tal cual ha entrado, el señor le ha dado una pseudo-patada (de esas que sólo son para asustar, sin llegar a golpear) y el perro ha vuelto a la calle. Hasta aquí todo… normal, salvo otro pequeño detalle que todavía no os he contado:

El perro negro al que gritaba y pseudo-pataleaba se llamaba MORO.

Ya nos hemos sentado en la terraza y ha venido un adolescente extranjero, presumiblemente rumano o de algún país de alrededor. Le ha preguntado al señor a ver si podía darle algo de dinero, y el diálogo ha sido tal que así:

– Perdone señor, ¿no llevará 50 centimos para darme?

– ¿50 céntimos yo? Me los tendrías que dar TÚ a MÍ, y no al revés…. ¡Será posible!

– ¿Por qué, señor? No entiendo, no tengo trabajo.

– Vamos a ver, niño. Yo tampoco tengo trabajo, y ¿Sabes quién me mantiene? Españññña (con voz orgullosa como en tiempos de mis abuelos), igual que a ti. Españññña te mantiene. ¡Moro, muérdele! ¡Mátalo! ¡Ataca!

El perro, obviamente, ha seguido a lo suyo. Estaba todo entretenido comiendo cacahuetes que había en el suelo. El joven pedigüeño se ha ido sin rechistar, y yo, estupefacto, no he llegado a entender por qué el señor debería recibir esos 50 céntimos en lugar de darlos. No lo he entendido, pero en fin…

Tras acabar mi café me he ido a unos parques cerca de mi casa a pasear un poco. Y en un paso de cebra he oído gritos. Me he vuelto hacia el lugar de donde procedían, pero no he encontrado quién gritaba. Enseguida he entendido lo que ocurría, cuando una furgoneta ha girado en esa esquina. El conductor era un señor que iba, con las ventanillas bajadas y cantando algo como esto:

– ¡Menuda mieeeerrrrda de lugaaaaaarrrr! (repetidas veces, con distintas melodías y ritmos, pero siempre a grito “pelao”).

Como decía, todos locos. Tanto que tenía que ponerlo aquí para compartirlo con el mundo. Tal vez el amigo de Españññña y el conductor me lean y se rían un rato recordando sus respectivas hazañas. O tal vez no, quien sabe.

Pues ale, otro día más, mis pequeños padaguanes.

Y au! 🙂

PS:   … ¿O qué? 

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Y así cerré un chino

Me estoy dando cuenta de que me hago mayor …

Ayer mi amigos el señor Clorofila y el recientemente coronado ingeniero me avisaron para ir a su casa a echar unas copas y luego ir al casco (to the helmet) a bailar un poquillo.

Así que me dispuse a comprar bebida en un establecimiento chino. Estas tiendas están muy bien porque puedes comprar bebida a cualquier hora del día. Además venden comida y tal.

Cuando hice mi primer intento eran las 11 menos 20 de la noche. Vi salir a varios jóvenes con botellas de alcohol, así que supuse que no tendría problemas para comprar un par de litros de calimocho. El dependiente, muy amable y sonriente, me dijo que eran las 11 y no podía venderme alcohol, pues era ilegal. Detrás suyo había un reloj que dejaba claro que faltaban 20 minutos hasta que no le estuviera permitido atender mi petición. Pero ante su negativa, decidí irme a otro chino y comprar.

Unas calles más arriba encontré otro de estos establecimientos, del que de nuevo salían jóvenes menores de edad con botellas de alcohol.  No puedo asegurar que las hubieran comprado allí, tal vez las llevaban de antes. En este segundo local recibí la misma respuesta y me fui de allí sin conseguir mi objetivo.

Recordé que de camino a casa de Clorofila había otra tienda más donde intentarlo una última vez. Así que cogí una bicicleta y fui hacia allá.

Como era de esperar, varios menores salían satisfechos de la tercera tienda portando botellas de alcohol. Abrí la puerta y le pregunté a la china si podía venderme sin entrar, pues no quería dejar la bicicleta sola en la calle. La respuesta fue la misma, que a partir de las 11 no podía comprar alcohol. Esta vez al menos tenía razón, el tiempo iba pasando y efectivamente, eran las 23:00h.

Pero Loixiyo estaba harto, así que decidió actuar. Bajé de la bici, me lié un cigarrito y me senté a esperar al siguiente grupo de chavales en busca de bebidas para decirle “¿Ves como sí vendías?”

La china empezó a ponerse nerviosa. Los siguientes clientes menores de edad no se hicieron esperar, pero la china no les vendió porque sabía que yo estaba mirando. Ellos se indignaron, no entendían por qué esa noche no les vendían cuando lo habitual era que sí. Pero yo sabía la respuesta. LOIXIYO ESTABA ALLÍ.

La cosa me pareció divertida, así que cuando me terminé el cigarro (23:08h) abrí la puerta de nuevo y entablé conversación con la china:

– Mira, yo no soy policía, pero necesito un brick de vino. Sabes y yo sé que vendéis alcohol fuera de horarios. Así que si no me quieres vender no pasa nada, pero yo me voy a quedar aquí y como vea que alguien compra llamaré a la policía.

– No problema, nosotros no vendemos alcohol.

– Perfecto, yo me fumo otro cigarro. Tengo aquí tabaco para estarme un mes sentado (enseñando el paquete de tabaco de liar).

Así lo hice, me lié otro cigarro y vi como la “sospechosa de infracción” empezaba a ponerse más nerviosa. Mientras me echaba ese segundo cigarro entraron 4 grupos más de jóvenes. Demasiada gente pidiendo algo que “nunca dan”, ¿verdad? Con cada grupo que entraba, yo miraba a la china y le dedicaba una sonrisa.

Cuando acabé el cigarro, la miré de nuevo y le enseñé el paquete de tabaco otra vez. En cuanto hice el amago de empezar a liarme otro más le dijo algo a su compañero. En menos de 30 segundos estaban cerrando la tienda. Apagaron las luces y bajaron la persiana. Yo les dije que “mañana nos vemos de nuevo”.

Mientras se marchaban muy despacio, volvían la cabeza para ver si me iba. Doblaron la esquina, y pude ver como cada minuto sacaban la cabeza para ver si me había ido. Pero no, Loixiyo seguía allí, y al cuarto intento ya debieron cansarse y se fueron. Obviamente la abrirían la tienda 20 minutos después, pero eso ya no me importa.  Desde luego no iba a fastidiarme la noche, tenía cosas que hacer. Pero al menos les molesté un rato.

Lo que más me toca los c*j*nes es que me traten de tonto. Siempre me han vendido cuando lo he necesitado. No tienen escrúpulos para vender alcohol a jóvenes de 15 años a las 3 de la mañana, pero no me venden a mí a las 22:40. No es lógico. Y que encima se rían en tu cara diciéndote algo que sabes que es una mentira tan gorda como si yo digo que me he depilado entero. Por favor, eso no se lo cree nadie.

En fin… cosas como estas hacen que me plantee irme todos los viernes un par de horitas a estropearles las ventas. Pero si lo hago tal vez algún día os den trocitos de vuestro ídolo de masas en un rollito de primavera. Tampoco hay que abusar de su paciencia.

Otro día  os cuento más.

Y au! 🙂

PS: Vacaciones …

Y para ti, viborilla a reacción, por si lo lees: “Sé lo que hiciste y habrá respuesta. Pero todo llegará, compañera.”