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Anda a Cascala!!!!

Así son las cosas y así te las he contado

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Y van de tres en tres

La foto de la semana, va para ellos, va para todos.

Hacía tiempo mucho tiempo que no iba a la Romareda a relajarme y disfrutar. Los partidos a los que me tenía acostumbrado el Zaragoza solían ser aburridos, perdonaban goles cantados, y luego nos tocaba sufrir en la segunda parte. Eso si teníamos suerte y no perdían, por listos.

Pero parece que la cosa va mejor. En los últimos partidos, si no meten 3 goles parece que no se quedan contentos. Y encima el portero no se traga ni una.  No un «Barça 2», pero al menos tienen un juego medianamente entretenido, y merecedor de estar en segunda división. También hay que decir que los rivales no son de primera, y eso se nota. Pero vaya, a este paso, el año que viene veremos de nuevo a los grandes por nuestro estadio.

Sin más, ¡animo, Zaragoza, que la primera división nos espera!



A primera, oeeeeee, a primeraaaa, ooeeeee!!

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Minas antipersonas en lugares públicos

Cansado de las P*T*S prácticas de Inteligencia artificial, de las neuronas, y del tío Mablab, voy a desahogarme un poco, y os voy a comentar una cosa que me repatea los higadillos.

Y es que, definitivamente, lo mío es la mala suerte. Creo que Murphy ya afirmaba algo parecido en sus teorías, pero si no es así, lo voy a afirmar yo.

Las minas antipersonas abundan en lugares públicos. La gente, no sé si por hacer la gracia, por cerdos, o por descuidados, dejan sus «regalitos» (o los de sus fieles animalitos de compañía) en los sitios más accesibles para los pobres desafortunados que, como yo, acabamos con el culo encima. Esto puede verse en cualquier sitio, como por ejemplo parques, jardines, plazas, avenidas, callejones y demás.

Está científicamente probado, que si en un campo de cesped de aproximadamente 25 hectáreas, un DESALMADO no limpia las «caquitas» de su perro, cuando yo decida sentarme en el cesped para descansar, pondré mi trasero justo encima. Eso es un hecho empírico e indiscutible, que con 21 añazos (casi 22) de experiencia, nadie podrá rebatir.

Pues bien. Hoy he descubierto algo inédito. Y es que las mierdas de perro (por empezar a llamarlas por su nombre) ya no son el único tipo de minas antipersona que podemos encontrarnos en una ciudad. Los chicles (gum, goma, chiclés y demás sinónimos) son también un poderoso medio para atentar contra la tranquilidad de pringaos como yo.

En esta ocasión, y para agravar el asunto, los hechos han ocurrido en esta nuestra universidad. Concretamente en la Facultad de Filología, donde como cada fin de semana, he decidido pasar mi tarde de estudio.

Yo notaba que cada vez que me levantaba, mi culo estaba pegado a la silla. Ignorante de mí he pensado: «Buah, la silla está sucia». Pero claro, conforme me he ido sentando en otras sillas, he descubierto que o todas ellas estaban sucias, o realmente era mi pantalón el problemático.

La horrorosa confirmación ha venido de dos chicas, una rubia (teñida, y no hablaré de las rubias de bote en esta ocasion) y otra morena con las muñecas y los dedos cargados de oro. He pasado al lado, y he visto como, con todo su disimulo, me miraban el culo.

En principio, y conociendo mi increíble atractivo físico, he pensado que estaban haciendo como el resto de las féminas de la sala: ADMIRAR LAS MARAVILLOSAS VISTAS que ofrece verme de pie. Pero cuando han empezado a reírse a carcajadas, he decidido que había 2 nuevas opciones:

a)   Mi atractivo está mermando: Eso es ALTAMENTE improbable.

b)  Lo que «ensuciaba» las sillas estaba en mi pantalón.

Unos segundos de inducción matemática y la aplicación de variados métodos aprendidos en Matemática discreta, seguidos de una prueba empírica (me he tocado el culo) me han llevado a la solución del problema:

TENGO UN CHICLE DE MENTA PEGADO EN EL CULETE

Jajaja, sí, así es. Pero bueno, no pasa nada. Un accidente lo tiene cualquiera.

Lo que sí que me gustaría es hacer un llamamiento a toda la gente del mundo mundial:

No seais tan cerdos, coño. Tirar un chicle a la papelera (o como yo hago, tragártelo) no cuesta nada. Si lo tiras a la papelera cojonudo, y si te lo tragas, lo cagarás en menos de 36 horas. En cuanto a las «bolitas de amor» de vuestras mascotas, 2 opiones. O las recogéis, o les enseñáis a ir al baño, como a las personas.

¡CERDOS!

Y ya está 🙂

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Dale al gato!

Videos como éste me alegran el día. 

Y es que cuando estás hasta los huevecillos de prácticas que no te salen, cualquier chorrada que te haga despejarte un poco se merece un monumento. En este caso, la joven rubia me ha pasado este video, y desde luego me he estado partiendo el culo un rato.

Me parece que a quien se le ocurrió este juego está verdaderamente peor que cualquiera de los pobrecitos cepesianos que vivimos recluidos en este nuestro montasterio de clausura.

Sin más, veámoslo:



Juasjuas, monos, ¿verdad?

Claro que si usamos gatos, ¿acaso no estaría bien meter a más de un «cenutrio corrector» aquí? La estampa sería de foto.

Y ya está 🙂

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Colega, ¿dónde está mi trango?

Qué día más tonto he llevado, DIOS. Hoy, mi «parrismo» ha llegado a un punto sublime, a lo sobrenatural, a lo increíblemente íncreible.

Creía que no era posible, pero una vez más, he vuelto a sorprenderme. ¿A qué me refiero? Bien, contaré la historia.

Érase una vez un Loixiyo que una mañana … Vaya, dejémonos de tonterías. Esta mañana llovía a jarras, me he asomado a la ventana y hay que ver la que estaba cayendo. He estado dudando entre cogerme una capa o un paraguas, pero al final he decidido que como iba a coger el autobús, podía dejar las 2 cosas en casita.

Total, que he salido hacia el CPS. Hacía algo de fresco, pero eran las 9 y pico de la mañana, así que era de esperar que la temperatura subiera (…)

Pues bien, ya en el CPS, me he echado un cafelillo y un cigarro antes de entrar en clase. El joven ha empezado la explicación, y después de 50 minutos entretenidos (CompII es de las pocas asignaturas que me gustan, a pesar de que las prácticas sean INFUMABLES), ha llegado el descanso largo. Así que he recogido los bártulos, pero entonces…

Coño… ¿Dónde he dejado mi trango? He mirado en la percha, y no estaba. Estará debajo de la mesa…. No, no estaba debajo de la mesa. He salido pitando hacia la calle, pero tampoco ha habido suerte. Sólo me quedaba la cafetería, el baño (he echado una meadita antes de entrar a clase), y rezar para que si no estaba allí, alguien lo hubiera dejado en conserjería.

Pero no, no estaba en la cafetería, y tampoco en el baño. Así que he ido, todo afligido a preguntarle a la señora de conserjería. Ella, muy amable, ha mirado en la caja de objetos perdidos, pero no ha habido suerte. He vuelto a clase, ya todo angustiado, no sabía dónde más mirar. Y por supuesto, me costaba creer que me hubieran robado mi forro favorito, que hace muchos años me regalaron.

Intentaba hacer memoria, pero no había manera, y de repente, me ha venido a la mente un pensamiento que había tenido al salir de casa …

«Coño… ya puede mejorar el día, o me voy a arrepentir de no haberme cogido el forro»

SIIII… me había dejado el forro en casa, y ni me acordaba. Así que bueno, todos mis miedos han acabado en ese momento, y entre las risas de todo el mundo a mi alrededor, me he ido a fumarme otro cigarro.

Lo dicho, beber deja lagunas mentales (recientemente comprobado), pero no beber tampoco te libra de ellas.

Y ya está 🙂

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Sftp Drive: nueva joya para Merlín

He encontrado un programa que me va a salvar la vida.

Ya he comentado mi gran pasión por Notepad++, un editor de texto chachi con el que trabajar en Jendris es algo menos coñazo. Nada de tener mil ventanas del Nedit abiertas, sólo un Putty y el Notepad++.

El problema es que Merlín tiene deshabilitado el ftp, al menos para los alumnos. Se usa SFTP (ftp seguro), así que para programar en este bicho infernal tenemos 2 opciones:

Opción 1: Tener abiertos 3000 Nedits, cosa que en casa puede ser un auténtico infierno, porque va lento.

Opción 2: Utilizar un editor de texto en nuestro ordenador, y subir los archivos con cualquier cliente SFTP (por ejemplo Filezilla). Esta opción no es mala, pero también algo coñazo, para qué engañarnos.

Pues bien, hoy he encontrado la tercera opción, y la que mejor me parece ahora mismo.

Existe un programa, que se llama SFTP Drive, que lo que hace es montarnos nuestra carpeta de Merlín como si fuera un disco duro local. De esta manera podemos abrir los archivos de nuestra cuenta como si estuvieran en nuestro C:, editarlos con cualquier programa que tengamos instalado, y al guardar los cambios se suben automáticamente también.

Una delicia, vaya.

Problemas: El problema es de pago, y podéis descargarlo aquí.

Por supuesto, el tío Google se las sabe todas, y podéis encontrar infinidad de apaños de dudosa legalidad para saltaros los 45 días de prueba que nos regalan.

En mi casa está funcionando perfectamente. Y como siempre, me he preparado una versión convenientemente «arreglada» y portable. Ésta última no la he probado, y probablemente no funcione (el señor Shadow me lo acaba de confirmar: NO), pero si a alguien le interesa alguna de las 2 que me las pida, y se las paso.

Veamos unas capturas:

1. Metemos nuestros datos:



 

2. Trabajamos como si tuvieramos los archivos en casa 🙂


 

En fin, pues espero que os sea útil la información, a mí me ha hecho feliz hoy.

Y ya está 🙂

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Terabytes de mente

Estos días venía dándole vueltas a algo. Ya se lo comenté a  varias personas, pero he seguido pensando en ello en algún ratillo de vuelta a casa.

La pregunta es simple, aunque puede hacerse de varias maneras:

¿Cuánto ocupa una mente humana? ¿Cuántos DVDs harían falta para hacer una copia de todo lo que tenemos ahí? Hay mil formas más de plantearse esto, y es una pregunta aparentemente tonta, pero, me dará para unos cuantos posts, seguro.

Porque, analicemos. ¿Cuántas cosas tenemos ahí guardadas? Demos un repaso.

Nombres de personas conocemos muchos, y a cada uno le asignamos una cara y un cuerpo, o varias si conocemos varios Anacletos, por ejemplo. Además, a una persona la reconocemos igual de frente, de perfil o de espaldas (jojoj no pensemos mal, ya habrá tiempo para ejemplos obscenos). Reconocemos su voz aunque no la veamos, e incluso para algunos afortunados, podemos intuir su presencia sólo por el olor que haya en el ambiente. 🙂 Todo esto hay que almacenarlo.

Lo mismo pasa con las cosas, solo que es más curioso aún. Además de su nombre, tenemos una imagen mental del objeto. Pero todavía más allá, hay propiedades variables que no nos confunden a la hora de saber que una silla blandita y limpia, es igual de silla (aunque más apetecible) que una silla sucia y con pinchos en el «apoya-traseros».

Todo el mundo conoce su dirección, (aunque con alcohol en vena quien la suele conocer es el taxista y/o amigo que nos lleva hasta el portal) su teléfono, muchos nombres de calles, teléfonos de amigos, nombres de ciudades y un largo etcétera de cosas, más o menos útiles, pero que por lo que sea, no olvidamos.

Por supuesto, hay infinidad de acciones y conceptos que también conocemos, ya sea como «palabrejo extraño que hemos aprendido», o porque realmente sabemos hacer/utilizar: correr, saltar, comer… En el mejor de los casos, «celebérrimo» ocupa una pequeña porción de nuestra memoria. Pero es obvio que todo el mundo come, y que comer es igual si lo que llevamos a la boca es una manzana, un moco, o cualquier otro objeto de cualquier forma, tamaño, textura y procedencia (no, no malpenséis, que todavía no es mi intención).

Y claro, la cosa se complica cuando metemos en el ajo a las emociones. Además de conocerlas, por alguna extraña razón se agarran a la imagen mental de una persona-cosa-lugar, cual recien nacido (o no tan recien nacido) a la teta de su madre (o de alguna jovenzana). Esto es, si una noche nos vamos de farra, y después de los 4 o 5 cubatas nos bebemos 10 chupitos de tequila, la resaca será espectacular. De modo que nuestro recuerdo del alcohol, se verá negativamente afectado. Aunque todo hay que decirlo, este sentimiento de rechazo no será inconveniente en absoluto la próxima vez que salgamos por ahí. Pero este no es el tema que nos ocupa.

Al final, ¿cuánta información tenemos acumulada? Notemos que un mp3 de calidad mediana, son unos 4 Mb para 4 minutos o así de canción. Y por cierto, podemos reconocer un buen puñado de canciones.

No puedo ni imaginar la cantidad de espacio necesario para almacenar sólo lo que 1 persona guarda en su cabeza, lo que sí que tengo claro es que me alegro de que todo eso no pese, porque si no no habría dios que fuera capaz de dar un paso.

En fin, tengo más preguntas relacionadas con este tema, pero lo dejo para siguientes posts, o este se hará larguísimo.

Y ya está 🙂