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Anda a Cascala!!!!

Así son las cosas y así te las he contado

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Porque ahorrar es vivir

Hoy toca aleccionaros un poco, mis queridos hobbits.

En esta vida hay que saber aprovechar los recursos que tenemos y no derrocharlos de cualquier manera. Pequeñas cosas como apagar el grifo mientras nos enjabonamos, apagar las luces al salir de las habitaciones, utilizar bombillas de bajo consumo y otras ideas simples pueden ayudarnos a ahorrar bastante dinero.

Google sabe de todo esto, e inventa cosas tan sorprendentes como la que os voy a contar con el fin de ahorrar un buen puñado de dólares. Me explico:

Cuando estamos visitando una página web, pasan muchas cosas desde que hacemos clic hasta que el resultado aparece en nuestras pantallas. Nuestro navegador establece una serie de conexiones para pedir los datos que necesita al servidor que contiene lo que queremos ver.

El texto, las imágenes, las animaciones y demás se piden por separado, y para cada elemento se intercambian una serie de mensajes con el servidor. Simplificando (SEGURO que no estoy siendo riguroso al 100%), si nuestra web tiene 10 imágenes, se pedirá primero el texto, y después las imágenes de una en una.

¿Solución de Google? En lugar hacer una imagen para su logotipo, otra para una flecha a la derecha, otra para una estrella, otra para… hace una imagen donde mete TODAS ellas juntas. Después, lo único que tiene que hacer es, en cada caso, mostrar la porción de la imagen adecuada.

No sé si me estoy explicando. Vamos al ejemplo:

1. Entráis en Google.

2. Hacéis una búsqueda. Por ejemplo yo he hecho ésta.

3. Arriba a la izquierda, veréis el logotipo de Google.

4. Clic derecho en el logo -> Guardar imagen como…

5. Ahora abrís la imagen y…

¿Qué veis? Seguramente algo como esto:



6. Intentad buscar cada dibujito por las páginas de Google, y cuando lo encontréis, repetís los pasos anteriores. Veréis que SIEMPRE os bajáis la misma imagen 🙂

EXPLICACIÓN:

En lugar de bajar cada imagen por separado, vuestro navegador pide la primera, y como para las demás peticiones la imagen ya está en nuestro ordenador, no necesita pedirla otra vez.

Con esta simple medida, los servidores de Google reciben MUCHÍSIMAS menos peticiones al día, con el correspondiente ahorro en envíos, que se traduce en transferencia de datos, que se traduce en DINERO. Si se ahorran 5 imágenes por persona y día, y tienen millones de visitas diarias, echad cuentas 🙂

Lo dicho, mis queridos hobbits. ¡Ahorrar es vivir!

Y ya está.

Gracias al Ilustre por la información.

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La fuga: Sueños de papel

Pues nada, esta noche toca algo de musiquilla, que hace tiempo que no pongo nada.

Esta canción la escuché por primera vez hará 3 años o así y me trae muchos recuerdos, algunos entrañables y otros tantos algo amargos. Lo bueno es que cuando el tiempo pasa, los buenos recuerdos son aún mejores, y los malos dejan de serlo. Pensamientos así son los que en días raros como éste, alegran la vida a uno 🙂

En fin, no me enrollo mucho, que hay sueño y mañana toca ver a la amiga de Barbie Equitación en acción. Menudas dos horitas me esperan, ¡Por Dios! Así que sin más preámbulos (ops, qué palabra tan maja, oye), os dejo la canción:



¡Tralarí, tralará, tirolí, torilá, tracatán, tan tán! Queridos frikoides que perdéis vuestro tiempo aquí, buenas noches.

Y ya está 🙂

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Lapsus juerguista en la consulta

Sigo con el “malestar” típico de después de fiestas, o como se llama técnicamente “Catarrum Monumentalis”.

El lunes me pegué toda la mañana en la cama, pero conseguí comer en el CPS. A clase no fui, pues no tenía excesivas ganas, y ya de parte tarde tuve la visita anual al dentista. Salí de allí con la dentadura escocida por el trote que la cruel dama me metió con los punzones aquellos que utilizan estos personajes.

Y ya que estaba, pensé que igual era buena idea cogerme una biZi e irme al centro, para que el médico me echara un vistacillo.

La visita fue lo de siempre: Qué síntomas tienes, súbete la camiseta, te ponen el cacharro para escucharte, tal, tal, tal. Luego ya te recetan antibiótico si lo creen necesario, un mucolítico, paracetamol, ibuprofeno (o los dos), y fin de la consulta.

El hecho de que la recepcionista (nunca he sabido si son enfermeras o qué) fuera una rubia bastante atractiva no es importante. Creo que puedo ahorrarme pues la descripción detallada de aquella obra de arte de la creación.

Lo curioso de esta visita al médico fue que, y sin saber muy bien por qué, cuando el hombre me pidió mi tarjeta sanitaria, no fue ésta lo que le entregué. Yo metí la mano a la cartera, saqué algo, y extendí la mano para ofrecérselo al amable señor con acento argentino-rumano (era una mezcla curiosa).

Conforme mi mano se iba aproximando a la de nuestro amigo, vi que su cara reflejaba sorpresa. De modo que me dio por mirar a lo que estaba a punto de darle. ¿Sabéis que era?

¡¡MI CARNET DE PEÑISTA!!

Sí, sí, podéis reíros de mí. Al señor le faltó muy poco para lanzar una carcajada. Yo creo que sencillamente no llegó a distinguir bien lo que era. Pero vaya… lo guardé rápidamente y saqué la tarjeta sanitaria.

Como veis, los excesos nocturnos causan estragos, mi neurona todavía está de resaca y dos días después de mi último litro de calimocho todavía no había cambiado el chip.

No bebáis, mis queridos padaguanes.

Y ya está 🙂

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El piso de las casualidades

Hoy he tenido un sueño un tanto rarito. Os lo voy a contar, que hace bastante que no escribía ninguno. Así que ponemos la letra en cursiva, y el sueño empieza así:

… (Chan, chan, chaaaaaaaan) …

Yo iba por el centro de Zaragoza, y me he encontrado dos abuelas adorables que querían tomar algo. Me han preguntado por un sitio donde comerse unos donuts, y les he indicado el más cercano que se me ha ocurrido. Por el camino (yo iba en la misma dirección así que hemos ido juntos) una de ellas me ha dicho que iba a comprar un piso al lado del Pilar, y que lo iba a pagar con dinero negro porque tenía un buen puñado en casa y quería quitárselo de encima.  Ahí ha quedado la cosa, me he despedido de las entrañables señoras, y he seguido mi camino.

Unas cuantas esquinas más allá, me he encontrado a una amiga sentada en un portal, comiendo bollitos de leche (no sé muy bien qué pintan aquí, pero bueno). Me he sentado a fumarme un cigarro con ella, y me ha contado que estaba esperando al vendedor del piso que iba a comprar, que debía estar al llegar. Así que para que no estuviera sola la muchacha me he quedado con ella.

No sé muy bien por qué, la cosa se ha empezado a poner “tontorrona” (esto tampoco sé muy bien a qué viene, supongo que los Pilares han sido largos), y cuando se nos iba a ir un poco de las manos, ha aparecido mi padre todo feliz, andando con una sonrisa de oreja a oreja. Nos hemos dado cuenta antes de que él nos viera, y hemos parado nuestros quehaceres.

– ¿Qué haces aquí, papá?

– Nada, he quedado aquí para vender el piso de la abuela a una señora y su nieta.

Yo estaba flipando… No sabía nada, ni que teníamos ese piso, ni que lo íbamos a vender. Y de repente, en cosa de una hora, he hablado con 3 personas diferentes, todas ellas involucradas en esa venta. ¡Todo ello de casualidad!

Si es que el mundo es un pañuelo, y la vida un juego de casualidades. En esta ocasión ha sido un sueño, pero bien podría haber ocurrido algo parecido en la vida real pues los pisos en Zaragoza pueden dar mucho de sí.

En fin, con mi tos y malestar de regalo por las fiestas, me despido por hoy.

Y ya está 🙂

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“Anda a cascala!” cumple 2 añitos

Un día como hoy, hace justamente 2 años, se me ocurrió empezar a escribir aquí.

Eran las fiestas del Pilar, y llegué a casa a las 9 de la mañana para irme a dormir. El problema es que se me fue el sueño, así que me metí a internet un ratillo a hacer tiempo.

En un momento poco lúcido, pensé que estaría bien tener un sitio donde desahogarme, ya que por aquel entonces andaba un poco pachuchillo. Como si te pones a gritar a los 4 vientos quedas de pardillo, pensé que escribir mis cosas aquí a modo de “anécdotas sin sentido” podía ser una buena idea. Y así fue como empezó todo.

Hay que ver cómo ha ido cambiando el blog en este tiempo. Lo que al principio era más que nada mi paño de lágrimas se ha convertido en un lugar para contar mis tonterías al mundo, para colgar mis utilidades por si a alguien le pueden servir, y cosas por el estilo. A mi me gusta más como es ahora, vaya.

Dos años después de aquella mañana resacosa, 3000 visitas al mes me demuestran que hay muchísima gente que se aburre, porque si no, ¿cómo se te ocurre visitar esto habitualmente? jejejej. Pero bueno, las visitas y los comentarios también animan a seguir escribiendo, todo hay que decirlo.

Así que nada, esta noche de Pilares, mi primer litro irá por mi rinconcillo internáutico.

Ale, me voy de fiesta, ya os contaré historias tontas de estos días, que ya tengo alguna que otra.

Y ya está 🙂

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El uso “no-estándar” de las cosas

Últimamente estoy bastante disgustado al ver cómo la gente utiliza cualquier excusa para “violar” a los grandes inventos.

La experiencia demuestra que si inviertes tooooodo tu tiempo e ilusión en crear algo que merezca la pena, a los cuatro días descubrirás que la gente que lo emplea lo hace con objetivos completamente distintos  a los que tú habías previsto. Eso si consigues triunfar, que no siempre pasa. Es más, en la mayoría de las ocasiones no es así.

Entre los millones de ejemplos que tenemos estaría el célebre Tuenti.

En principio, estaba pensado para que la gente compartiera sus vivencias con el resto del mundo. Para que cuelgue fotos y la gente pueda verlas, para mandarse mensajitos, informar a la población de eventos INTERESANTES como una manifestación antitaurina, y cosas así.

Al poco tiempo, pudimos ver que la gente utilizaba los eventos para ver si prefieres al Barça o al Madrid, para informarte de que un hombre se ha comido una  hamburguesa, o para cualquier encuesta de “sí o no”. Hay quien incluso cuelga las notas de su asignatura en Tuenti, quien no habla con sus amigos fuera de su chat de Tuenti, y similares. Y yo lo tengo claro, si yo fuera el inventor, lo cerraba ahora mismo.

Se me ocurren bastantes más, y muy idiotas, pero el caso Tuentiano es el que más enfado me produce. Desde el punto de vista del creador, me parece que la actitud de la gente es insultante. Yo no invierto mi vida creando un ordenador estupendo para que luego la gente utilice la pantalla como espejo para pintarse los ojos. NO. Tampoco diseñaría un cohete para que luego le pongan unos altavoces estupendos, luces, tubos de neón y tal, y lo llamen “Space Loixian Disco”. NO, señores, NO.

Os voy a poner un ejemplo, que he sacado de Graphjam, en el que veréis posibles usos de Google.  Si incluimos las búsquedas verdes como información útil (seguro que hay quien se ha escandalizado al verlo en apartados diferentes), descubrimos que esas búsquedas no llegan a la mitad.



Con esto me despido por hoy. Empiezan las fiestas del Pilar en Zaragoza, así que si me encuentro con ganas y poca resaca, os iré contando vivencias y aventuras loixianas a lo largo de estos días.

Y ya está 🙂