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Anda a Cascala!!!!

Así son las cosas y así te las he contado

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¿Y si la vida sí que fuera un juego?

Muchas veces he oído la célebre frase de «La vida es un juego, juégala bien». No sé si es muy acertado llamar juego a algo que «nos acompaña» desde que nacemos hasta que morimos, y que no siempre tiene por qué ser divertido. Pero bueno, supongo que hay que buscarle su interpretación, como a muchas otras cosas.

Aunque, como a mí me gusta darle vueltas a cualquier chorrada, empecé a pensar qué pasaría si esa frase hubiera que tomarla al pie de la letra. ¿Imagináis? Como en todo, habría triquiñuelas, trampas, atajos y cosas así que sí aparecen en los videojuegos. Y como obviamente, mi vida es mía (hay quien dice que no, que es de Dios, pero de eso hablaré otro día), estos son los trucos que yo pondría en mi «juego»:

1. «3 pellizcos en la nariz»: Invisibilidad: ¿A quién no le gustaría entrar en casas (¡¡o duchas!!) ajenas?

2. «Rascarse un ojo mientras das un salto»: Vida extra: Útil cuando ves que se acerca una pandilla de «pelaos», o antes de tocarle el culo a una chica en el bus.

3. «Un salto mientras estornudas»: Poder desdoblarse en varios «yoes»: Para ganar tiempo en épocas de mucho trabajo.

4. «Decir tu nombre 10 veces rápidamente»: Desarrollar hipervelocidad: Para huir de alguien o ganar carreras.

5. «Pellizco en el pezón (EL MÍO, MALPENSADOS)»: Predecir futuro inmediato: Útil para ganar apuestas.

Hay un largo etcétera, pero estos son los que yo consideraría más útiles. Algunas más podrían ser vidas infinitas (por qué sólo una extra?), fuerza sobrehumana, ganar conocimientos en un milisegundo…

Por supuesto, cada uno tendría sus trampillas, y sería un cachondeo ver a todo el mundo por la calle tocándose el culo, dando saltos, recitando en voz alta… ¡La calle sería un circo!

En fin, después de esta tontería que se me ocurría el otro día mientras gozaba de mis vacaciones en el sofá, me voy a la cama. Otro día seguiré.

Y ya está 🙂

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Saber las cosas antes de que ocurran

Hoy hablaré de un experimento que oí comentar en la tele hace algunas semanas:

En una mesa hay una bombilla que se encenderá en determinados momentos. Una persona se sienta a la mesa, y observa dicha bombilla. Lo que se pretende es observar la actividad cerebral de esa persona, y ver cómo va evolucionando durante la prueba.

Los resultados fueron curiosos: Justo antes de que la luz se encendiera, se observaban cambios en las gráficas. Era como si la persona «supiera» de algún modo cuando se iba a encender la luz. Como si pudiera presentirlo.

Imagino que no se habrá probado con mucha gente y con muchas repeticiones, así que los resultados no son significativos, claro está. Pero me pareció muy interesante ver todo aquello.

A raíz de todo esto, estuve pensando en una cosa, os cuento:

Algunas noches, sueño que suena un despertador justo cuando suena el de verdad. De manera que, en lugar de despertarme, intento apagar el despertador del sueño, pero no lo consigo. Le quito las pilas, lo golpeo contra el suelo, lo tiro por la ventana… Pero es inútil, sigue sonando. Y la explicación es simple: lo que estoy oyendo no es el despertador del sueño, sino el real. Sólo cuando razono eso consigo despertarme, porque es el momento en el que mi cerebro deja de soñar y se pone «en funcionamiento».

Así que, visto aquel experimento, me planteo algunas dudas:

¿Qué va primero, el sueño o el sonido? Es decir: Cuando el despertador está sonando, ¿mi cabeza inventa un sueño que «cuadre» con el sonido? ¿O es que mi cabeza «sabe» que va a sonar antes de que ocurra, y por eso inventa el sueño?

Sería estupendo poder saber las cosas antes de que ocurran. ¿O tal vez no? Podríamos aprovechar mejor las cosas buenas, y evitar, en la medida de lo posible, las malas, pero la vida perdería su emoción.

Con estas y muchas otras dudas, me despido por hoy, que hay sueño.

Y ya está 🙂

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Virus Casino: ¡Sublime!

Sencillamente genial:

Leo en Emezeta sobre algunos virus curiosos que había cuando los ordenadores todavía iban con MS-DOS. Entre ellos, ha habido uno que me ha parecido sencillamente genial. El virus casino.

Cito lo que se dice en Emezeta (yo mismo no lo habría dicho mejor):

«El virus Casino era de los más temibles y macabros de la época. Se trataba de un virus que se cargaba la FAT del disco duro, pero haciendo antes una copia en RAM.

El juego te daba la posibilidad de echar una partida de JackPot, si perdías o reiniciabas, nunca más sabrías nada de tus datos, si ganabas, te restauraba la FAT y no hacía ningún daño, eso sí, te aconsejaba no volver a encender el ordenador ese día.»



La verdad es que no sabía de la existencia de todos los virus que se mencionan en ese blog, y me ha hecho muchísima gracia. En concreto éste. «O me ganas a unas partiditas o despídete de tus prácticas de ficheros! JOJOJOJO». No tengo palabras, me parece de lo más original e ingenioso.

¡Así que enhorabuena al autor!

Como curiosidad, diré que hace algún tiempo encontré alguna web donde podías descargarte los códigos de los virus más famosos. Por echarles un ojo y aprender cómo esta gente se lo curra. El tío «Guguel» sabe, si os pica la curiosidad, buscad a ver.

Os dejo también el enlace de donde he sacado la información de los virus estos. Un blog que seguramente seguiré leyendo de vez en cuando, porque no lo conocía, pero promete ser entretenido:

http://www.emezeta.com/articulos/23-virus-de-la-epoca-del-dos

Y ya está 🙂

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Esto me suena de algo…

Antes de nada, he de decir que ODIO LA ECONOMÍA.

Cuando sea caudillo, una de las primeras cosas que haré será ilegalizar su enseñanza, junto con la Matemática Discreta, y alguna asignatura más que no mencionaré (tengo que aprobarla, así que seré comedido por esta vez). Quien la imparta y/o practique acabará en el islote Perejil, custodiado por 734502871 lanchas de la Guardia Civil, o en un viaje espacial a Marte, con reservas de oxígeno sólo para el viaje de ida.

Dicho esto, lo único que puedo hacer es tomarme la situación con humor. Y qué mejor manera que ver este vídeo que tanto me gusta y que me recuerda tremendamente a un personaje muy querido en este nuestro amado centro (No, no es ironía, este tío curra que da gusto). Desde aquí un cariñoso saludo.



Sobran las explicaciones, yo creo.

Ahora más que nunca, Y YA ESTÁ 😀

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Spotify: Música a cascoporro

Tengo otra «novedad».

Y lo pongo entre comillas porque con un poco de suerte, habré sido el último tonto en enterarse de la existencia de este programa. Sí que es verdad que hace algunos meses lo oí comentar, pero apenas presté atención, porque estaba de exámenes. Hace unos días mi hermano volvió a hablarme de él, y decidí probarlo. NO ME DECEPCIONÓ.

Se trata de Spotify, un programa con el que podremos escuchar TODA la música que queramos, gratis, y sin necesidad de descargárnosla en nuestro ordenador. Simplemente entramos en su página web, nos registramos, descargamos el programa, y a funcionar.

La interfaz recuerda bastante al iTunes, es fácil de usar, cuca (bonita, vaya), y como siempre digo, para toda la familia. Tiene su buscador, con el que se puede encontrar música del autor, título o album que queramos.



Para los amantes de lo gratis, este programa es una ganga. Hay algo de publicidad a veces entre las canciones, pero no es nada descabellado. Y si hay alguien que quiere pagar, puede quitarla contratando una cuenta premium, o un «pase de día». En mi caso, la publicidad me da bastante igual, así que vamos a lo gratis 😛

La única pega, aunque para eso tengo arreglo, es que para poder utilizarlo hay que tener una invitación. Es lo que tienen las cosas nuevas, que mientras se están probando sólo lo disfrutan unos pocos. En cualquier caso, podéis utilizar este enlace directo, con el que os podréis registrar y olvidaros de la invitación:

https://www.spotify.com/en/get-started/

Y por último, como sabéis que odio instalar cosas en el ordenador, y me encanta poder llevar mis programas a cualquier parte, os dejo un enlace para descargar la versión portable. Está en inglés,  pero imagino que irán sacando las versiones en castellano.

Versión normal (en español): http://www.spotify.com/download/Spotify%20Installer.exe

Versión portable (en inglés): http://rs718.rapidshare.com/files/207058948/Spotify_0.3.11.43065_Ingles.rar

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Sobre los cambios de estado diré…

Ayer mientras cenaba mi tradicional bocadillo de lomo, bacon, queso y huevo me vino a la cabeza una de mis grandes curiosidades de niño: LOS CAMBIOS DE ESTADO.

Todo el mundo sabe que a temperatura ambiente, las cosas pueden estar en estado sólido, líquido y gas. Y también sabemos que con cambios de temperatura podemos hacer que un líquido pase a gas o a sólido, y demás chorradas varias que creo que cualquiera ha podido observar. Hasta aquí todo normal, pero por si acaso ilustraré un poquillo la idea:

– Los hielos en los cubatas se acaban derritiendo (por calor), y de ahí que haya que beber rápido, porque si no no está tan bueno.

– Si meamos en la nieve, se hace un agujero en ella, porque una parte se derrite con el calor de nuestro «pipí».

Los ejemplos son ilustrativos, fáciles, baratos y para toda la familia.

Ahora viene lo que me llama la atención:

A temperatura ambiente, el oxígeno es un gas. Pero si lo comprimimos (eso es tema aparte) o lo enfriamos, podemos conseguir que pase a ser líquido. Y con mucho más frío, ¿podríamos tener un cubito de oxígeno? La teoría es aparentemente fácil, y la respuesta debería ser afirmativa. Lo que pensé ayer con aquel buen bocadillo en la mano es que, tal vez, para conseguir un cubito de oxígeno haga falta bajar de los -273º, cosa que se sabe que es imposible, porque es el «cero absoluto». Y si no con el oxígeno, podría pasar con cualquier otro gas (o no).

Si nos vamos al otro extremo, una mesa, un portatil, o por ejemplo una zanahoria son sólidos.  Igual que el metal o el cristal, imagino que se podrían convertir en líquidos si los calentamos lo suficiente. Y aquí vino mi paranoia. Imaginemos un personajillo que viva normalmente a temperaturas de millones de grados… ¿Podría estar respirando patatas evaporadas?

Claro, este tema da para pensar un ratillo… En el momento en que pensabaSob en patatas gaseadas, el camarero pasó a mi lado. De modo que pensé: ¿Sería posible calentar a una persona (no malpensemos, señores, que sois unos hormonaos!) y bebérnosla?

Pensar esto no fue buena idea, porque mientras tragaba aquel sabroso bocado, noté mis tripas que hacían burbujitas. Por miedo a «descomer», decidí mirar a una bella dama morena, con escote generoso que había 4 mesas más allá, y todos mis males terminaron.

No pongo más ejemplos, que este último ha sido un tanto desagradable. Pero si os aburrís en el bus, podéis darle al coco y dejarme vuestras conclusiones.

Con esto me despido por hoy.

Y ya está 🙂