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Anda a Cascala!!!!

Así son las cosas y así te las he contado

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La suiza del McDonald’s

Llevo un par de semanas sin escribir, pero es que me fui con mis padres a Suiza. Pasé un día y medio en Cataluña viendo montes y comiendo bien, y después fuimos al país del chocolate y las navajas multiusos.

El paisaje en Suiza es increíble, verde a más no poder. Por si no lo sabíais el verde es mi color preferido, y de ahí mi pasión por las ranas (fresquitas, verdes, y que cuando les tocas el culo dan saltos, genial, ¿no?).

Un par de noches fui al McDonald’s para racanear la Wifi. Realmente era lo mínimo que podía hacer después de los 12 euros que cuesta un menú que en España cuesta 6.

La gracia del asunto es que una de las camareras, una rubia con cara de ser simpática, acabó convirtiéndose en el tema de mi primer post tras mi vuelta. Os comento:

El primer día ya me las vi canutas para pedir unas patatas. Probé a decirle que quería unas “frites”, “French frites”, “chips”, y al final opté por decirle “potatoes”. La mujer, amablemente, me sirvió unas patatas deluxe, en lugar de las finitas de toda la vida.

Hasta aquí puedo entenderlo, la tía no hablaba inglés, y  respondía en alemán a todo lo que le pedía. Así que yo le hablaba en inglés que ella no entendía, y ella me contestaba en alemán, que por supuesto no entendía yo. La conversación del día siguiente fue algo como lo siguiente (os pongo traducciones aunque creo que no hace falta), porque las frases largas no servían de nada:

– Only milk, without coffee: “sólo leche, sin café”, es que era para mi madre.

– Akjñfasldkj añlskdf jewñklja sdñflkaje: a saber qué querría decir.

– Milk: “leche”

– Asñkljdsfañ kejfasd klasdj fañsdf : creo que se refería a mi increíble atractivo.

– Milk YES (pulgar en alto), coffee NO (pulgar abajo): “leche sí, café no”, ya gesticulando.

– Plakjfañlkesjr ñldkfj ae Macciatto: “blablabla … Macciatto”, ahí se refería a leche con un poquito de café.

– YES. Macciato: “Sí, uno de esos”, si no podía ser leche, al menos era algo parecido.

Acto seguido dijo el precio, 12 euros por 2 cafés y un helado. Ni que decir tiene que en ese precio no se incluían favores sexuales, un móvil libre de regalo ni un  piso en la playa. 12 euros para eso. Pregunté si por ser universitario había descuento, no me entendió. Llamó a su compañero, y le repetí la frase. Tampoco él me entendió, así que le enseñé el carnet. La respuesta del señor fue la siguiente:

– No, you can’t pay with that card: no puedes pagar con esa tarjeta.

A lo cual yo señalé la tarjeta y dije:

– Student, discount?

¡Ya lo entendió! No, por supuesto no había descuento, así que saqué otra tarjeta y pagué. Menuda tragedia para pedir unos cafés.

¿Será que me he acostumbrado al inglés perfecto que hablan TODOS los suecos? ¿Me toparía con las únicas personas en Suiza que no hablaban inglés?

Fuera lo que fuera (o fuere, que diría un profesor que tuve hace años), me estuve riendo un buen rato. Estuve utilizando un idioma que no era el mío, para que la tía me contestara en otro que no entiendo, para pedir que me estafaran 12 euros. Al menos el helado estaba bueno, y pude tener mi ansiado rato de charla antes de dormir.

Con esto me despido por hoy, a ver si tengo tiempo y os cuento cosillas.

Y au! 😀

PS: Con enchufe al país de la sidra.

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¿Por qué los chinos molan?

La gente siempre se queja de los establecimientos chinos, que si abundan, que si nos quitan trabajo, que si con ellos no se puede competir…

En cierto modo, es cierto. No se puede competir con los precios de los bazares chinos, pero, si quieres fiarte del bolígrafo que compres, gástate 25 céntimos en lugar de 10 y cómprate un Vic de verdad, aguantará más de medio folio. Lo de que nos quitan el trabajo es discutible, yo personalmente no lo creo.

Lo que la gente no se para a pensar es que, sobre todo saben ver muy bien el negocio. Os pondré un ejemplo:

Hay bares españoles de toda la vida, en los que a sus clientes habituales no se les invita ni a un café por Navidad. Da igual que vayas todos los días, pero puede ser (y pasa muchas veces) que no te inviten ni a un café.

En cambio, te vas a un chino, como por ejemplo el que nosotros llamamos “Chen”, y por una jarra de cerveza te ponen tres cestitas, una con cortezas, otra con patatas y otra con pipas y cacahuetes. Por UNA jarra de cerveza. Conforme las rondas se suceden, los regalos aumentan, y pueden sacarte alitas de pollo, o patatas bravas, sin cobrarte un duro. E incluso a veces, aunque no consumas, si ven que se te acaban las patatas fritas te sacan más.

¿Cuánto les cuesta eso a los chinos? NADA. Pero saben que mis amigos y yo, así como otros muchos grupos de amigos, iremos allí a echar unas cervezas con mucha regularidad. ¿Por qué no hacen eso los bares de toda la vida? A veces pagar 5 cents más por una cocacola el consumidor ni lo percibe, si le ponen unos cacahuetes. Además de que dan sed, y por tanto consumes más sin darte cuenta 😀

Por poner otro ejemplo, los chinos trabajan casi las 24 horas. Ayer volvía del Lago Ness de echar una cervecita. A las 2 y media de la mañana me hicieron un rollito de primavera al lado de mi casa.

Y más aún. Hoy no me apetecía cocinar, así que he llamado al restaurante de Chen (sí, Chen tiene bar, hotel, restaurante, y si te fías hasta autoescuela), y me han traído un menú para dos personas. El menú contenía arroz tres delicias, pollo con almendras, ternera, dos rollitos de primavera y ensalada de “semen de tiburón”, como yo la llamo. Como decía antes, tenía que haber algo de regalo, y esta vez me han metido un par de latas de cocacola, alitas de pollo para parar un tren y unas cortezas chinas. Con eso comemos 4 personas mínimo, y en mi caso me servirá para comer, al menos, hoy y mañana.

Y encima el mismísimo Chen ha venido a traérmelo, todo un honor que haya venido a mi casa, “hoygan”.

En fin, con esto y un bizcocho, me bajaré a tomar un café.

Y au! 😀

PS: Esta noche sí  🙂

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Mis felices 24

Bueno, pues un año más, y como manda la tradición, hoy toca escribir de nuevo.

Aún recuerdo aquel 2 de julio de 1987, cuando nadaba dentro de la tripita de mamá. Qué bien se estaba, oye. Esa tarde me llegó un “guasap”, un y un evento al Facebook, avisándome de que era un buen momento para salir al mundo exterior. La gente necesitaba un ídolo de masas, y para eso había sido creado yo. Así que decidí darle contracciones a mi madre, y hacerla salir pitando hacia el hospital.

24 años después, aquí estoy 🙂 Amenizando las solitarias vidas de la población, aportándoles un granito de esperanza y todas las chorradas que se me ocurren.

Una vez  más, el cumpleaños ha sido entrañable. Ya por la noche empezaron las felicitaciones, charré un ratillo con la bella doctora, y llegaron mis padres con algunos regalos. Esta vez tocó una colonia guay, una corbata naranja que mola un “huevo”, y un billete de ida y vuelta a las tierras sidreras, sin fecha.

Además tengo toalla nueva, preciosa, con letras chinas, y en la que cabemos al menos yo y media docena de muchachas en bikini.

Hemos comido en un vegetariano, me he ido a comprarme unos vaqueros, y me ha quedado un rato para dedicarme al noble arte del bowling, o como se dice en mi tierra, la “tocadica de huevos en el sofá”.

Ahora toca irse y echar mis primeros cubatas en tierras mañas. Entre unas cosas y otras, no había estrenado la fiestorra hasta hoy. Y me parece que es una ocasión bastante buena para empezar, ¿no?

No me enrollo más, el Brugal me espera. Simplemente, gracias a todos por hacer de este cumpleaños otra fecha más para recordar.

Y au! 😀

PD: Me paso a Pepephone, decidido está.

PS: Me gusta que me recuerdes así, mira, mira: