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Anda a Cascala!!!!

Así son las cosas y así te las he contado

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Cuando la culpa es de los demás

Hoy toca hablar de algo que me llama la atención últimamente, pero que imagino que ha ocurrido toda la vida, y seguirá ocurriendo en un futuro: Hay muchas personas a las que les encanta culpar a los demás de sus problemas para no asumir responsabilidades.

El otro día volvía a casa cuando no pude evitar oír a una mujer de unos cuarenta y pocos años hablando por el móvil. No me hubiera fijado en ella de no haber sido porque tenía ese timbre de voz que si lo escuchas más de 10 segundos dan ganas de matarla o echarte a correr. Probablemente no me habría parado a escuchar si no hubiera sido porque el tono de su voz me pareció algo desagradable pero, en cualquier caso, la conversación fue algo como esto:

– Ya… ya me gustaría, pero no tengo coche

– ¿Cómo que por qué? Pues ya sabes, porque me quitaron el carnet. Me quedaban 4 puntos, me quitaron los que me faltaban, y con eso me jodieron el carnet. Ahora tengo que hacer el mi*rda curso este para que me los devuelvan.

A ver, a ver, hija mía. Nadie te quitó nada. Te dieron 15 puntos cuando te sacaste el carnet de conducir, y si cumples medianamente las normas no hay motivo para no mantenerlos. Mismamente a mí han puesto alguna que otra multa por exceso de velocidad y sigo con mis 15 puntos.

Así que no vayas diciendo que te quitaron tus últimos 4 puntos. Hiciste el cafre hasta perder nada más y nada menos que 11 puntos, y aun así no tuviste neuronas disponibles para pensar que si cumplías las normas un poquito podrías mantener los que te faltaban y ahora mismo podrías conducir.

No, ni te quitaron tus 4 puntos, ni te quitaron los 11 anteriores, ni te quitaron el carnet. Fuiste tonta, ahora haz el curso y procura aprender, pero sobre todo no culpes a los demás por tus actos.

Desgraciadamente esta actitud es bastante frecuente. Creo que hay que intentar obrar bien, en la medida de lo posible. Tal vez alguna vez nos equivoquemos, o decidamos que actuar «no bien» es «menos malo» que actuar «bien». No seré yo quien juzgue esa decisión, pero hay que ser consecuente y responsabilizarse de de nuestras acciones. Nada más.

Sin más, me apetecía comentarlo por si la mononeurona lo lee. Sabrá que hablo de ella y tal vez esta reflexión pueda servirle. O no, quien sabe.

Eso es todo por hoy. Pero voy a daros un regalito, un adelanto de lo que será la próxima entrega… «Recetas loixianas para una dieta sana y equilibrada». Ahí lo dejo.

Y au! 🙂

PS: Y esto por si te sirve en un futuro: Tóc vàng, ăn súp chuột

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Visita a un cementerio de San Francisco

La pasada Semana Santa estuve con la Bella Doctora en San Francisco. Habíamos estado hace dos años durante nuestro viaje por la costa Oeste de Estados Unidos con nuestros amigos, los portugueses, y nosotros dos volvimos con la sensación de que nos había faltado tiempo para visitar la ciudad más tranquilamente. Es por eso por lo que decidimos volver.

Tuvimos 6 días enteros para ver todo lo que nos habíamos propuesto y añadimos algunas cosas más que nos parecieron interesantes. Una de ellas fue el Cementerio Nacional, en el parque Presidio.

Fue un sitio que me hizo reflexionar, por muchos motivos. En primer lugar, llama la atención lo admirados y respetados que son los militares en Estados Unidos. Se les entierra con honores, se les recuerda y mucha gente visita las tumbas para rendirles homenaje. Había tumbas de militares del SXIX, de diferentes rangos, y también de sus esposas, pues las enterraban junto a los maridos una vez éstas fallecían.

No me imagino, y es una pena, que en España tuviéramos algo así. En primer lugar porque a los militares no se les tiene en tan alta estima como allí, y en segundo lugar porque no sé yo si mucha gente estaría por la labor, teniendo en cuenta que ni siquiera somos (son) capaces de ponerse de acuerdo en qué hacer con el Valle de los Caídos.

Otra cosa que me hizo reflexionar es la cantidad de símbolos que pueden encontrarse en las lápidas. Vimos cruces cristianas, estrellas judías, la escuadra y el compás de la masonería, lápidas que parecían rocas sin pulir, anillos, apretones de manos esculpidos, libros, palabras sin aparente sentido, águilas y otros muchos. Hay quien no prestará atención a esos detalles, pero a mí personalmente me parece muy significativo lo que una persona se empeña en dejar tallado en su tumba, que es lo que quedará de él con el paso de los años. Si alguien pone «Bártulo», seguro que quería decir algo, ¿no?

Me pareció un lugar muy interesante. Se respiraba un ambiente de absoluto respeto por la gente que allí descansa, y también de tolerancia ante la diversidad.

Me gustaría que llegara el día en que aquí, en España, viéramos judíos ortodoxos con sus tirabuzones sin que nadie los mirara con extrañeza. O que la gente no pensara en oscuras conspiraciones al decirles que eres masón. O cosas mucho más mundanas como poder vestir como te dé la gana sin que nadie se cruce de acera o esté a punto de sacarte una foto para mostrarla a sus amigos.

No hay muchas cosas que envidie de Estados Unidos pero, sin duda, su respeto hacia los símbolos nacionales y la normalización de la diversidad cultural, racial, sexual etc. sí son algunas de ellas.

Ale, otro día más :-).

Y au!

PS: No, hoy tampoco te digo que he escrito, si quieres entras y lo miras 😀

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Cuatro meses y banderón de Aragón

Este domingo hará 4 meses que dejé de fumar…

Realmente no es que me apeteciera dejarlo, me gustaba y no me suponía un gasto excesivo de dinero. Sentarme a programar con mi música «de programar», mi café y mis cigarros era uno de mis mayores placeres de la vida. También estaba bien el cigarrazo de después de las comidas, y era lo suficientemente «poco adicto» como para fumar sólo los cigarros que me sabían buenos, nunca antes de desayunar.

Pero todos sabemos que fumar no es buena idea, y diría que casi todo el mundo tiene alguien cercano muy j*didillo por haber fumado durante muchos años, o incluso fallecido. Así que, como con cada cigarro compraba una papeleta para el sorteo del cáncer y otras enfermedades, hubo que dejarlo.

Dejarlo no es fácil, he probado cigarros electrónicos, pastillas, «fuerza bruta» y otros métodos y hasta ahora siempre he acabado recayendo. Una vez aguanté 6 meses, otra un año, otra año y medio, pero al final siempre volvía. En este nuevo intento decidí no utilizar ningún refuerzo que no sea mi fuerza de voluntad, y a ver qué pasa. Y os cuento cosas que me están ayudando:

  1. Pensar que nunca más harás algo hace que dejar de hacerlo sea más duro. Por eso yo me he hecho a la idea de que a los 75-80 años volveré a fumar. Entonces podré fumar tabaco o porros, para entonces no creo que tenga tiempo suficiente para destrozar excesivamente mi cuerpo.
  2. Fumando tabaco de liar, gastaba unos 11 euros a la semana, que es entorno a 1,60 euros diarios. Decidí guardar ese dinero echando 2 euros cada día que no fumara para comprar cosas en las que de otra forma no me gastaría ese dinero. Esos 40 centimos extra diarios son la recompensa por hacer un esfuerzo.

Con estos pequeños «minitruquillos» consigo llevarlo bien. En general no suelo acordarme salvo momentos muy, muy puntuales. Me pillé un par de kg o así pero ya los he perdido, así que todo va sobre ruedas.

Después de estos 4 meses guardando dinero, me he dado un capricho con el que muchas veces había soñado, mirad:

Sí… es una bandera de Aragón, mi tierra querida, con su escudo bordado. No es una bandera para poner en el balcón sino en un despacho con su mástil dorado, al estilo de la de los ayuntamientos :-D. Sí… ha costado una pasta, pero oye, hay quien hubiera comprado 200 gatos de esos que mueven el brazo, yo decicí esto.

Problema… Ni de coña hubiera pensado que un mástil de esos con su punta de lanza arriba pudiera costar más de 150 euros. Así que… ya que he empezado con mi capricho, no me queda otra más que ahorrar 75 días más y darme el gustazo. Cuando acabe… empezaré a «construir» mi móvil nuevo.

En fin… toca seguir y a ver si esta vez es la definitiva.

Y au!

PS: San Paco estuvo bien, ahora hay que preparar Vietnam!