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Anda a Cascala!!!!

Así son las cosas y así te las he contado

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¡Anda a cascala cumple cuatro añitos!

Hoy es día 13… y por tanto cumpleaños de mi humilde rincón cibernáutico.

 

No tengo mucho que contar hoy, salvo que tengo curro dos semanas después de mi coronación, que odio a los «kos», y adoro el calimocho. Así que en próximas entregas os cuento cosillas de estas fiestas del Pilar, y otras que tengo pensadas. Hoy toca disfrutar, ir a Interpeñas y aprovechar mis últimos días de vacaciones.

Y au! 😀

 

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Vacaciones bloguísticas

Quería dar señales de vida, que llevo bastantes días sin escribir nada.

Voy a tomarme vacaciones mientras termino la presentación de mi proyecto fin de carrera. Escribiré cuando sea ingeniero, si dios quiere, en 5 días.

Hasta entonces, cuidaos, queridos frikoides que me visitáis.

Y au! 🙂

PS: 8 días y al SPA 😀

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Mi vuelta del mundo astur

Pues ya estoy de vuelta, y con las santísimas memorias del proyecto. Esto es el mundo de nunca acabar.

No voy a aburriros con eso, los tontos que me disfrutáis del café conmigo sabéis lo que es que os den la murga con este tema. Pero sí os voy a contar impresiones que me llevé de mi visita a Oviedo, para ver a la bella doctora.

Para empezar, me llamó la atención la cantidad de estatuas que hay por allí. Un culo enorme, abuelas, Budi Alen (o como quiera que se escriba) y otras muchas. Estatuas para todo, llegué a pensar que es para que cuando haga mal tiempo las calles no parezcan tan desiertas.

Otra cosa curiosa es la… ¿cómo decirlo? ¿Inocencia? Tampoco creo que todos sean asexuados allí, pero hay algo que no me encaja, os comento.

Ya desde el primer día, la bella doctora me hablaba de comer algo que ella denominaba «cacho pito». Yo no soy malpensado, ni desde luego alardeo de mis encantos masculinos. Pero hombre, en mi tierra un cacho pito es… ¿alguien no sabe lo que es?  Por decirlo con dulzura, es un «cacharro de palmo para arriba».

Opté por hacerle caso e ir a degustar tan suculento manjar. Pedimos unos «cachopitos», no sin antes preguntar al joven camarero autóctono si con esa ración sería suficiente. Él dijo que eran grandes haciendo un gesto con las manos, que recordaba al que se hace cuando, por ejemplo, dices que te comiste un bocadillo «así de grande».  Aseguró que con dos de esos para cada uno era suficiente.

Para mi sorpresa, un «cachopito» era como una especie de sandwich, en el que cambias el pan por filetes de ternera. Así que eran dos filetes de ternera con jamón y queso por dentro, y todo ese conjunto de un palmo de grande rebozado. Efectivamente, dos de esos por cabeza y medio kg de patatas fritas (bueno, con forma de patatas fritas pero asadas al horno), eran más que suficiente.

Entonces descubrí que el famoso cachopito, que por cierto, se escribe todo junto, no era eso a lo que yo estaba acostumbrado. Pero… estos astures son tremendos… ¿En serio que ninguna de las 200.000 personas había malpensado?

Del «tortón» que comimos en otro sitio que se llamaba Tierra Astur mejor no hablo. Además de estar «cuajanudo», era inmenso. Y cuando digo inmenso digo INMENSO. Hubiéramos cenado 4 personas en lugar de 2 tranquilamente, así que podéis imaginar cómo acabamos 😀

Y es que allí tienen otro concepto del tamaño. Cuando dicen grande significa enorme. Es como los restaurantes chinos, pero más bestia todavía. No quiero pensar lo que pasará si un señor astur dice que tiene «grandes talentos»… Pobres autóctonas, dios …

Si vais por allí no dejéis de probar la sidra en todas sus variantes (sidra, sangría de sidra, mojito de sidra…). Y por supuesto, que os la escancien los camareros, es digno de ver. Se ponen brazo en alto, cual jotero pero con botellas de sidra en lugar de castañuelas. Merece la pena probar todo eso.

En fin, me gustaron esas tierras, no me extiendo más.

Os contaré más cosillas en próximas ediciones loixianas. Hasta entonces, sed buenos.

Y au! 😀

PS: Como diría Hommer… «¡¡Chocolaaateeeee!!»

 

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Mis felices 24

Bueno, pues un año más, y como manda la tradición, hoy toca escribir de nuevo.

Aún recuerdo aquel 2 de julio de 1987, cuando nadaba dentro de la tripita de mamá. Qué bien se estaba, oye. Esa tarde me llegó un «guasap», un y un evento al Facebook, avisándome de que era un buen momento para salir al mundo exterior. La gente necesitaba un ídolo de masas, y para eso había sido creado yo. Así que decidí darle contracciones a mi madre, y hacerla salir pitando hacia el hospital.

24 años después, aquí estoy 🙂 Amenizando las solitarias vidas de la población, aportándoles un granito de esperanza y todas las chorradas que se me ocurren.

Una vez  más, el cumpleaños ha sido entrañable. Ya por la noche empezaron las felicitaciones, charré un ratillo con la bella doctora, y llegaron mis padres con algunos regalos. Esta vez tocó una colonia guay, una corbata naranja que mola un «huevo», y un billete de ida y vuelta a las tierras sidreras, sin fecha.

Además tengo toalla nueva, preciosa, con letras chinas, y en la que cabemos al menos yo y media docena de muchachas en bikini.

Hemos comido en un vegetariano, me he ido a comprarme unos vaqueros, y me ha quedado un rato para dedicarme al noble arte del bowling, o como se dice en mi tierra, la «tocadica de huevos en el sofá».

Ahora toca irse y echar mis primeros cubatas en tierras mañas. Entre unas cosas y otras, no había estrenado la fiestorra hasta hoy. Y me parece que es una ocasión bastante buena para empezar, ¿no?

No me enrollo más, el Brugal me espera. Simplemente, gracias a todos por hacer de este cumpleaños otra fecha más para recordar.

Y au! 😀

PD: Me paso a Pepephone, decidido está.

PS: Me gusta que me recuerdes así, mira, mira:

 

 

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Con un pie en cada país

Bueno… por fin toca hablar de esto. Resumiendo, y mucho, me voy a Estocolmo este domingo. Punto.

La verdad es que llevo como 10 minutos o más escribiendo y borrando, porque todo lo que pongo me suena de lo más pastelón. Tampoco quiero que suene a despedida, porque en unos días escribiré de nuevo.

De ti, joven doctora, que lo vas a leer en cuanto pulse el botón de publicar, me despediré en su momento como dios manda, te soltaré pasteladas que nadie oiga, y todas esas cosas. Del resto de amigos a los que veo habitualmente casi he terminado de despedirme. De los que me felicitan en tuenti sin saber cómo me llamo, no creo que haga falta.

¿Qué me queda pues? Ni idea.

Supongo que contaros lo que cuenta todo el mundo que se va de Erasmus cuando le quedan pocos días para irse. Son unos días incómodos, no tienes tiempo para ti. Sólo tienes tiempo para preparar maletas e intentar decir adios a toda tu gente. Así que, por un lado estás deseando irte y empezar aquello que tienes que empezar. Pero por otro lado sabes todo lo que dejas aquí, y la verdad que dan ganas de mandar todo a tomar por c*l* y quedarse.

La cosa es que la vida que tengo aquí la conozco. Tiene sus cosas buenas, y sus cosas malas. Espero que las cosas buenas sigan estando aquí cuando vuelva, y las malas hayan desaparecido (el Cepese incendiado y Estanis en Marte y sin escafandra). Ahora sólo hay que ver qué me espera allí, lo mismo hasta es guay y todo, ¿o qué?

No sé… creo que ya está bien. No ha sonado pastelón, y me he entretenido mientras lo escribía. Objetivo cumplido, entonces.

Y au! 🙂

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El juglar del bus de vuelta

Pues ya estoy aquí otra vez. Este mes apenas he escrito, pero irse de Erasmus te obliga a pegarte unos viajes de coj*n para despedirte. Primero fue Estambul, luego fue la playa con la joven doctora, y ahora toca irse al pueblo a pegarme los últimos chuzos antes de emprender mi huida 😛

La vuelta de ayer, que es lo que me apetece contar porque yo lo valgo, fue de lo más curiosa.

Todo empezó a las 10 de la mañana, cuando la joven doctora y yo pensábamos levantarnos para disfrutar de nuestro último baño en la playa. Como era de esperar, el móvil fue puntual y nos despertó. Pero una mano, no recordamos  si mía o suya, apagó las sucesivas alarmas que sonaron. Así que nos despertamos a las 12 y con día nublado, y de playa ni hablar.

Tuvimos cerca de 5 horas para hacer maletas, comer, recoger el apartamentillo y salir. Pues, como era de esperar dado el par de desastres que nos hemos juntado, llegamos al bus de milagro, porque se retrasó unos minutos :-D… Aún con la comida en la garganta, nos sentamos en el bus, en lo que deberían haber sido 3 horas de viaje de vuelta.

Pues no… no lo fueron. El autobús se recalentaba, y el conductor tenía que parar cada 20 minutos o así. Un total de cinco paradas hasta que conseguimos llegar a la Estación Delicias, una hora después de lo previsto.

Lo bueno fue, que a 20 minutos de Zaragoza, un joven de 82 años se animó y empezó a contar chistes. Medio bus estuvimos partiéndonos el culo por su amplio repertorio. Destacable, lo siguiente:

(Una mujer se confiesa):

– Padre, padre, confieso que he sido violada.

– No te preocupes, hija mía, eso fue contra tu voluntad.

– No, no, padre. Eso fue contra la pared.

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Un niño le dice a su madre cuando ésta salía de la ducha:

– Mamá, mamá, ¿qué es eso? (señalando «la zona del poder femenino»)

– Eso, hijo mío, es un garaje.

Otro día, encuentra a su padre saliendo de la ducha y le pregunta:

– Papá, papá, ¿qué es eso? (señalando «el norte de la brújula»)

– Eso, hijo mío, es un seiscientos.

En esto que se los encontró otro día, «zumbando» en la cama, y gritó:

– ¡Pero papá! ¡Acelera, que te dejas las ruedas fuera!

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Habiendo acaparado la atención de medio autobús, el joven de 82 años dijo cosas como:

– Fijate qué éxito con las mujeres… ¡medio autobús contemplándome!

– (respondiendo a una mujer a su lado): ¿De dónde vengo? ¡Pues con tanta parada ya ni me acuerdo!

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Soltó mil chorradas más, con mucha más gracia que la que pueda tener leerlas aquí, así que no me lío más.

La cosa es… ¿Y si fuera la empresa la que, al ver lo mal que estaba ese bus, puso allí a aquel hombrecillo gracioso y feliz? ¿Podría ser eso posible?

Porque joder, porque estábamos cansados, pero ya podría haber durado más el viaje, que me hubiera dado lo mismo 🙂

Con la felicidad de una semana de lo más entretenida, me voy a preparar la maleta, que esta noche hay que dejar el pabellón bien alto. Será mi último fiestón monrealero antes de mi exilio.

Y ya está 🙂