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Anda a Cascala!!!!

Así son las cosas y así te las he contado

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Cómo aprender una lengua desaprendiendo la tuya

En el capítulo de hoy voy a enseñaros cómo podemos aprender una lengua extranjera, y al mismo tiempo empeorar la nuestra propia. Es un proceso muy sencillo, como vais a poder ver. Tan sencillo, y desgraciadamente frecuente, que hoy recibe el premio de La Foto de la Semana.

Es muy útil ver películas o series en versión original subtitulada. Hay gente que dice que la versión original es «simplemente mejor». Yo no comparto esa idea, porque primero, me gustan más las voces de los personajes una vez doblada la serie y, segundo, los chistes se traducen para que tengan sentido en el idioma (aunque a veces no se consigue bien, todo sea dicho).

El problema aparece cuando en los subtítulos encontramos cosas como estas:

 

 

Por suerte a mí me duelen los ojos al leer esto, pero hay gente que seguramente lo encontrará normal. Desgraciadamente, fallos de estos hay MILES, lo que me lleva a pensar que la excusa «las teclas están al lado» no sirve.

Si a partir de ahora os fijáis en los subtítulos veréis cosas como:

– «Haber si vienes a verme»

– «Te hecho de menos»

– «Voy a hechar un polvo» (bueno, no en esta expresión pero es un ejemplo)

– Otras aberraciones no menos dolorosas

Así que desde Anda a cascala! me gustaría mandar un saludo a los «subtituladores», por su apoyo a la cultura. Su labor llega a millones de personas en todo el mundo y contribuye a crear un mundo analfabetamente mejor 🙂

Lo dicho, mis queridos frikoides, tenéis que tener cuidado de haora ahora en adelante.

Y au! 🙂

PS: Cuando gobierne el mundo los días durarán 200 horas

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Los cerdos, co, a la hoguera, co

No llevaba idea de escribir hasta el miércoles, momento en el que si todo va bien conseguiré la condicional. Pero lo que hoy me ha tocado presenciar en directo no tiene precio, y necesitaba contarlo al mundo.

He confirmado lo que siempre he temido. Y es que, definitivamente, la estupidez mundialmente mundial no tiene límites.

Estaba yo resolviendo un sudoku con mi cigarro y mi café con hielo cuando 3 niñatos de aspecto indeseable acompados de una niñata con aspecto algo más deseable (pero no por ello menos estúpida) se han sentado en una mesa próxima a la mía.

En un principio no les había prestado atención, hasta que una serie de eructos a cual más gordo que el anterior, pero incapaces de hacer sombra a mis rugidos de león, han empezado a sucederse. He dedicado una mirada de pocos amigos a tan insoportable gentuza con la esperanza de que tal vez se dieran por aludidos. Me han devuelto la «sonrisa» y han seguido eructando, cual puerco cuando los matan para hacer jamones.

Pensaba que sería suficiente, pero para mi sorpresa no ha sido así. Lo siguiente ha sido ponerse a escupir. Con mi café en la mano podía escuchar los sonidos de sus «ñapos» saliendo de su boca, y el ruidito al chocar contra el suelo. Mis ansias por exterminarlos a todos han ido creciendo de forma exponencial.

Cuando la situación no podía ir a peor, el volumen de sus diálogos se ha disparado, hasta que he sido capaz de entender sus palabras, que han sido algo como lo que sigue:

– Co, esta tarde vamos a ver a la Yeni, que quería ir a echar unos «flais» en su kelly.

– Vale, co. Pero paso de pedos, ¿eh, co?

– Vale, co. Sin problema, co.

En realidad había más «co» en cada frase, pero me resulta imposible escribirlos todos sin que la conversación pierda todavía más el sentido.

Mi cabeza estaba a punto de explotar, si hubiera tenido un cactus se lo habría metido a cada uno de ellos por orificios corporales que no se imaginarían. Pero no tenía esa suerte.

¿Creéis que es suficiente? Pues todavía hay más… Además han puesto música «bacaluti tronch» a todo volumen en sus móviles de última generación. No me preguntéis lo que he tenido ganas de hacer, porque si lo escribo me meterán en la cárcel por la crudeza de mis descripciones.

Nunca entenderé cómo estos especímenes pueden existir, ni de dónde han sacado su educación. Puedo entender que la gente se tire pedos mientras ande, que se saquen mocos y hagan pelotitas con ellos, para luego pegarlas debajo de la mesa. Puedo entender que haya gente que llame «despedir a Paula» al acto de hacer «caca», que digan barbaridades sexuales en cada conversación o que beban agua del Ebro.

Podría admitir que en ocasiones yo hago todo eso. Pero… hay algo que me diferencia de ellos, y es que procuro que la gente no lo vea. En eso consiste la educación, en ser todo lo cerdo que quieras y pasar completamente inadvertido (ojo a mi definición alternativa de educación).

En fin, jóvenes padaguanes, otro día más. Os informaré cuando sea libre.

Y au! 😀

PS: Y este sábado, ingenierilmente 😀

 

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Cómo matar con un café con hielo

Hoy os voy a explicar cómo podemos deshacernos rápidamente de alguien a quien odiamos sin dejar rastro.

Para ello, sólo necesitamos 3 cosas:

1. Conseguir un puesto de camarero en un lugar frecuentado por la víctima.

2. Esperar a que llegue el verano.

3. Fijarnos que lleve camiseta o camisa blanca.

Estos tres ingredientes pueden ser letales para nuestro desgraciado ajusticiado, si se combinan en un mismo día y estamos lo suficientemente atentos.

Una vez tenemos todo lo necesario, esperamos a que el susodicho venga a la barra a pedirnos un café con hielo. Perfecto, ya lo tenemos ahí, de hoy no pasa. Preparamos el café sin añadir ninguna otra sustancia venenosa. Ponemos los hielos en un vaso de tubo, tres es suficiente.

Lo más importante es colocar cuidadosamente el último hielo. El culo debe quedar hacia arriba, la parte redondeada hacia abajo.

En ese momento, ponemos el aire acondicionado a todo gas, es verano y todo el mundo lo agradecerá. Lo que nadie sabe es que Murphy hará el resto. Os comento:

Nuestra víctima empezará a tomarse su bebida. Existe un teorema internacionalmente aceptado que dice  que cuando se lleva ropa de color blanco impoluto acabará manchándose con cualquier sustancia que deje manchas oscuras, como el tomate o el café. Esto es tan cierto como la que si dejas caer un objeto caerá.

De modo que, con el hielo que cuidadosamente hemos colocado al revés, el café irá a parar a la camiseta de nuestro amigo, que irá corriendo al lavabo a limpiarse con abundante agua, con la esperanza de que las manchas desaparezcan.

Pobre iluso, no sólo las manchas no se irán, sino que además cogerá un resfriado con el aire acondicionado. Eso sólo puede desembocar en una neumonía (o pulmonía, o como quiera que se llame eso), mortal de necesidad.

Listo, en unos días dejaremos de ver a esta persona, sus familiares llorarán y tú estarás tranquilo para el resto de tu vida. Nadie podrá relacionarte con este desgraciado incicente. Sin culpables, sin testigos, sin riesgos, sin tener que comprar venenos…

Nadie me cree, pero los hielos se colocan de una determinada manera por alguna razón. Como en la vida misma, el culo va a bajo, el pezoncillo arriba. Si no se respetan los órdenes las cosas acaban como acaban, con la camiseta llena de café y toda la tarde por delante en la que seguro que te encuentras a alguien conocido.

Tened cuidado, jóvenes míos…

Y au! 😀

 

 

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El tubo Carulo

Hoy os presento un revolucionario invento que Anda a Cascala! (marca no registrada, todavía) presentará el próximo otoño en los principales mercados.

Se trata del «Tubo Carulo», un sencillo invento que os permitirá disfrutar de uno de los grandes placeres cotidianos. Este invento debe su nombre a la unión de dos palabras muy comunes en el castellano: «cara y culo». Y por si todavía no lo habéis deducido, es un tubo que el usuario colocará con un extremo en su cara, y el otro en su culo.

¿La utilidad? Pues imaginad la situación: Os encontráis en la calle, en el autobús, en el ascensor, en la terraza de un bar o en clase. Sentís la necesidad imperiosa de tiraros un pedo (cuesco, pedete o, como se decía en latín, «pedus-tirarsus»). El problema es que no podéis hacerlo sin molestar a la población, sin que os miren mal o sin que tengan tentaciones cada vez más intensas de rociaros con un bote de gasolina y lanzar una cerilla.

Sabéis a lo que me refiero, ¿cierto?

Pues no os preocupéis, el «Tubo Carulo» solucionará todos vuestros problemas. Nunca más tendréis que contener vuestras ansias por ese vicio tan maravilloso y sano que podéis disfrutar solos o en compañía de vuestros amigos. Los precios están por decidir, pero oscilarán entre los 3 euros y los 50 y pico.

Si creéis que este artilugio es una chorrada sin sentido, probad a imaginar que en lugar de «pederos» os gusta escuchar música en cualquier parte. ¿Os habían hablado alguna vez de los auriculares?

 

 

¡Ops!… no he podido resistirme, perdón. Allá va un ejemplo algo más serio.

 

 

Este post va dirigido a los «bacalutis», «jennys», «chuchumecos» (misteralpargata, si el nombre no era éste puedes corregirme :-D) y demás especímenes que se dedican a amargar la existencia de cuantos les rodean. Podríais mirar en MediaMarkt, allí los auriculares cuestan lo que yo pediría por el «Tubo Carulo».

A pesar de la variedad racial de esta gentuza, todos ellos coinciden en una cosa. Ninguno escucha jotas, música de mi tierra o cualquier otra cosa que me medio-agrade. Así que, desde éste mi humilde blog, un saludo para ellos.

Si queréis recordar viejas entradas relacionadas con esta chorrada que se me ha ocurrido mientras hacía la maleta, podéis acudir a este otro post.

Y au! 😀

PS: La semana larga ha pasado, ahora toda disfrutar 🙂

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La suiza del McDonald’s

Llevo un par de semanas sin escribir, pero es que me fui con mis padres a Suiza. Pasé un día y medio en Cataluña viendo montes y comiendo bien, y después fuimos al país del chocolate y las navajas multiusos.

El paisaje en Suiza es increíble, verde a más no poder. Por si no lo sabíais el verde es mi color preferido, y de ahí mi pasión por las ranas (fresquitas, verdes, y que cuando les tocas el culo dan saltos, genial, ¿no?).

Un par de noches fui al McDonald’s para racanear la Wifi. Realmente era lo mínimo que podía hacer después de los 12 euros que cuesta un menú que en España cuesta 6.

La gracia del asunto es que una de las camareras, una rubia con cara de ser simpática, acabó convirtiéndose en el tema de mi primer post tras mi vuelta. Os comento:

El primer día ya me las vi canutas para pedir unas patatas. Probé a decirle que quería unas «frites», «French frites», «chips», y al final opté por decirle «potatoes». La mujer, amablemente, me sirvió unas patatas deluxe, en lugar de las finitas de toda la vida.

Hasta aquí puedo entenderlo, la tía no hablaba inglés, y  respondía en alemán a todo lo que le pedía. Así que yo le hablaba en inglés que ella no entendía, y ella me contestaba en alemán, que por supuesto no entendía yo. La conversación del día siguiente fue algo como lo siguiente (os pongo traducciones aunque creo que no hace falta), porque las frases largas no servían de nada:

– Only milk, without coffee: «sólo leche, sin café», es que era para mi madre.

– Akjñfasldkj añlskdf jewñklja sdñflkaje: a saber qué querría decir.

– Milk: «leche»

– Asñkljdsfañ kejfasd klasdj fañsdf : creo que se refería a mi increíble atractivo.

– Milk YES (pulgar en alto), coffee NO (pulgar abajo): «leche sí, café no», ya gesticulando.

– Plakjfañlkesjr ñldkfj ae Macciatto: «blablabla … Macciatto», ahí se refería a leche con un poquito de café.

– YES. Macciato: «Sí, uno de esos», si no podía ser leche, al menos era algo parecido.

Acto seguido dijo el precio, 12 euros por 2 cafés y un helado. Ni que decir tiene que en ese precio no se incluían favores sexuales, un móvil libre de regalo ni un  piso en la playa. 12 euros para eso. Pregunté si por ser universitario había descuento, no me entendió. Llamó a su compañero, y le repetí la frase. Tampoco él me entendió, así que le enseñé el carnet. La respuesta del señor fue la siguiente:

– No, you can’t pay with that card: no puedes pagar con esa tarjeta.

A lo cual yo señalé la tarjeta y dije:

– Student, discount?

¡Ya lo entendió! No, por supuesto no había descuento, así que saqué otra tarjeta y pagué. Menuda tragedia para pedir unos cafés.

¿Será que me he acostumbrado al inglés perfecto que hablan TODOS los suecos? ¿Me toparía con las únicas personas en Suiza que no hablaban inglés?

Fuera lo que fuera (o fuere, que diría un profesor que tuve hace años), me estuve riendo un buen rato. Estuve utilizando un idioma que no era el mío, para que la tía me contestara en otro que no entiendo, para pedir que me estafaran 12 euros. Al menos el helado estaba bueno, y pude tener mi ansiado rato de charla antes de dormir.

Con esto me despido por hoy, a ver si tengo tiempo y os cuento cosillas.

Y au! 😀

PS: Con enchufe al país de la sidra.

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Tutoriales de la vida misma

Últimamente tengo la cabeza en otras cosas, y no saco tiempo para escribir en el blog. Como sé que necesitáis de mi sabiduría para guiar vuestras desencaminadas vidas, os prometo que a partir del viernes que viene volveré a escribir con regularidad.

Por cortesía de mi bella doctora, y para que «abráis boca» (en inglés, open-mouth), os traigo estos tutoriales, en los que se nos explica cómo proceder en algunas situaciones cotidianas, y no tan cotidianas. Muy bien explicados, con ejemplos prácticos, y muy amenos.



Espero que os haya gustado. Si buscáis más por youtube, encontraréis muchísimos más. No tienen desperdicio.

Ya, ya, ya… Seguro que más de uno estáis pensando que esto es una tontería, que vosotros las cosas del día a día las tenéis controladas. Tal vez penséis que lo que realmente necesitáis son lecciones sobre algo que no controléis, algo «fuera de lo normal».

Pues estáis de suerte, esta persona sexualmente ambigua también da lecciones algo más curiosas. Observad:



Eso es todo por ahí. En unos días empezaré a escribir más, tengo algunas cosillas para ir contando.

Y au! 😀

PS: Quiero cenar suave hoy, por dios 😛