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Anda a Cascala!!!!

Así son las cosas y así te las he contado

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¡¡Pequeños errores de cálculo!!

La fiesta de ayer fue estupenda. Descubrí otra vez dónde se meten todas las suecas rubias y sexis que pensaba que vería y al llegar no vi. Estaban todas en ese bar!

Como viene siendo habitual cada día que salgo, me he levantado a las 10 de la mañana, cuatro o cinco horas antes de lo que viene siendo habitual entre semana. Eye to the data, listen. Lo más divertido es que no importa si me acuesto a las 2 de la mañana o a las 7, que siempre que salgo me despierto, en mejores o peores condiciones, a las 10 de la mañana.

Total, que en este día poco productivo si descontamos el largo café en mi cuarto, sólo me quedan ganas para poneros unas animaciones estupendas que me han hecho no poder parar de reír. Veámoslas:

La primera no tiene desperdicio, no os la perdáis. Consiste en un mal cálculo en el salto de trampolín. ¿En qué estaría pensando este zagal?



En la segunda, pero no por ello menos impactante, tenemos otro error de cálculo. No sé cómo describir esto, las imágenes hablan por sí solas. Atención, por favor:



Mis jóvenes padaguanes, a 11 días de mi (posiblemente) último examen escrito de la carrera, y a 13 de mi viaje a tierras germanoides, me despido por hoy.

Y au! 😀

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Ingen Platsen, ingen recklam

Ya he vuelto a Rivendel, tierra de rubias.

Para contrarestar la tristeza por abandonar Hobbiton, me he ido a Tallín con varios colegas, hasta esta mañana que hemos vuelto a Estocolmo.

Ya en el barco, tocó hacer lo propio. Fuimos a dar un paseo para inspeccionar, nos tumbamos un poco, compramos cervezas en el supermercado de abordo, y nos fuimos a la sauna y jacuzzi. Nos tocó esperar un poco, por culpa de una personilla que cariñosamente llamamos “Ingen”, o “Ingen Platsen”.

Ingen era una mujer mayor, que custodiaba la entrada a las duchas, y que no hablaba inglés en absoluto. Sólo sueco. Y debía pensar que gritando más la íbamos a entender mejor, porque en cada contestación gritaba más. O eso, o realmente no le gustamos, la cuestión es que ver cómo te gritan en arameo hace reir, y cuanto más sonreíamos, más gritaba.

Una de las veces que fuimos a intentar comprar un ticket, estaba algo agitada la susodicha, y nos empezó a gritar cosas, entre las que se entendió: “Ingen platsen!! Nej, nej, nej, ingen platsen!!”

La mujer hablaba buen sueco, de hecho fue un hombre el que lo entendió y nos tradujo. Nos explicó que la mujer decía: “No hay plazas! No, no, no, no hay plazas!!”. Así que una vez supimos el problema, nos sentamos un rato a esperar. Resulta que no había sitios  para los cuatro en ese momento, pero inexplicablemente, otras 4 personas sí entraron, sin reserva, antes que nosotros. De ahí dedujimos que a aquella amable señora no le gustábamos. Pero de alguna manera, al final conseguimos entrar.

Ya dentro estuvimos en el Jacuzzi, sauna de esas de humo, sauna normal, vimos abuelas en pelotas (nos equivocamos de puerta :-D), y cuando finalmente estábamos en las duchas para irnos, dijimos algo como:

– ALGUIEN: “Bf.. no la liemos, o vendrá Ingen”.

– YO (inocente): “Tranquilos, aquí no puede entrar, a ver si vamos a estar desnudos”

– OTRO ALGUIEN SIN DETERMINAR: “Nej, nej, nej, aisjfjklf slkñq pqoij assd ALARM!! kjñfñalskdfa s”

– ALGUIEN (sí, era INGEN): “ñl jfañdslkf jañdkfaj sd klasd”

Sí, la mujer entró a las duchas de hombres para decirnos que no dejáramos la puerta de la sauna abierta demasiado tiempo, o saltaba la alarma.

Manda huev*s que entrara hasta las duchas. Podría habernos pillado a todos en pelotas, enjabonándonos nuestras partes delicatessen (o delicadas), cada uno las suyas, se entiende. O no :-D. Pero hombre, al menos llamar a la puerta, hubiera sido de rigor, ¿o qué?

Por eso, mi primer post en tierra de rubias va dedicado a nuestra entrañable amiga, y a la que cuando hablaba en sueco yo contestaba:

“Ja, ingen recklam!”

Esto que yo le decía es lo que se pone en los buzones para que no te metan publicidad. Como me sonaba que empezaba igual que sus frases, yo le contestaba con eso, juasjuasjuas.

Pues nada, mis jóvenes padaguanes, os iré contando más andanzas por Rivendel, pero ahora toca descansar.

Y au! 🙂

PD: Botón -> Correr

PD2: Camello y empujoncito -> Correr

PD3: Autóctonos y medicólogos -> Correr

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El viaje sin retorno

Casi llevo el mes en Hobbiton…

Había olvidado lo que es tener un huevo en cada mano y frotarlos hasta que salga humo. La comida de mamá, la horchata de papá, las cosas pastelonas que por supuesto NO voy a contar en el blog, los cubatas a buen precio…

Como novedades, además de unos días en Sabiñánigo con la joven doctora y dejar de fumar, este año fui con mi madre a ver a sus majestades los reyes en la cabalgata del día 5. Me encantó. Supongo que por eso me gustaba ser niño, aunque por aquel entonces no podía beber cerveza, cosa que hubiera sido la monda.

Cosas para contar tengo mil, pero tampoco es cuestión de aburriros con un diario, mi vida no es tan interesante.

De lo que hablaré hoy, va ser de la madre de los que programan el “sofguar” de los cajeros automáticos. No entiendo qué postura tuvo como resultado dar a luz a semejantes faltas de talento. Me explicaré 😀

¿Alguien encuentra un botón de “Ir pa atrás, que me he colao”? ¿Qué pasa si te equivocas de opción? Yo en el 99% de los cajeros a los que acudo no lo encuentro, y me parece algo tan básico que creo que habría que mandar a Marte sin escafandra (con Estanis, mi viejo amigo electdónico) a los que las programan. ¿Acaso ellos no se equivocan? ¿No sacan versiones nuevas? ¿A ninguno se le ha ocurrido o qué?

He tenido que ir a recargarme la tarjeta de prepago del Sevilla C.F, esa con la que no hay comisión al pagar billetes de Ryanair. Como por internet no se puede hacer, he tenido que ir a las 2 y media de la madrugada a recargarla a un cajero.

Y por supuesto, como no es algo que haga a diario, me ha tocado recorrer los menús hasta encontrar la opción adecuada. No os voy a describir el proceso, pero os daré un resumen:



He metido la tarjeta e introducido el PIN algo así como 13 veces en total. Creo que jamás olvidaré ese número 😀

Ahora ya tengo los billetes de vuelta. Vuelvo a Rivendel, SuequenLand, Rubien-cachonden-island (tierra de rubias) el día 19, después de felicitar a mi joven y bella prima.

Os iré contando cosillas, jóvenes padaguanes.

Y au! 😀

PD: Suerte mañana!

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Piiiii … ¡La bici no!

¿Qué forma tan maravillosa de empezar el día! No… no es que haya echado un “mañanero” (a ver cuándo cae), ha sido algo más bien tonto, pero me he quedado como dios.

Es por mucha gente conocido que mi sueño es más que profundo. Puedes poner una bomba, reventar el timbre de mi casa, o pasar un camión a mi lado mientras duermo, que loixiyo no se despierta. Eso es así, y no sé si algún día cambiará.

Pues lo que ni 3 despertadores y una madre pesada consiguen, lo ha conseguido una señora a bocinazos desde la calle. Resulta que alguien ha aparcado en doble fila, y por eso no podía sacar el coche para llevar a su adorable hijita al colegio. De modo que la mujer ha decidido que reventar los oídos del vecindario era la mejor solución para que ese coche se desintegrara.

Hacia las 9 de la mañana y sólo 5 horas después de haber conseguido pegar ojo, estaba yo teniendo uno de esos sueños que nadie desea que acaben. ¡Qué poderío estaba demostrando! Y por algún motivo, me he despertado. Enseguida he visto la jugada. Así que, lleno de ira, he ido al balcón a toda velocidad, con gran instinto asesino.

He buscado como un loco hasta que he visto mi objetivo, estaba en la otra acera. Entonces he soltado un “chiflido”, (ttiiiiuuuuuuuuiiiii), y la mujer ha levantado la cabeza. He agitado los brazos, y cuando me he asegurado de que me miraba, le he gritado con cariño:

– ¡¡¡EEEHHH!!! ¡¡Pero ya está bien, C*PÓN!! (Caliz donde se guarda el agua bendita :-P)

La ruidosa aún se quejaba, así que he insistido:

– ¡¡ COJ*NES, pues llame a la grúa pero no moleste al personal!!

Total, que ha sacado a su hija del coche, y se han ido andando. La mujer estaba indignadísima.

En esto que he llamado por teléfono a mi hermano a su despacho (justo debajo) para contarle la jugada, y él se ha asomado al balcón también. Toda una escena, los dos hermanos uno en cada piso, hablando por teléfono y riendo a carcajadas. Y en ese momento, nuestra amiga ha vuelto. Había ido a buscar al conductor de un camión que estaba detrás del coche molesto. El camionero ha echado marcha atrás para que ella buscara un hueco. Y aquí ha venido el descojone, yo ya no podía más.

La mujer, en pleno ataque de pánico, ha empezado a zumbar al coche que tenía delante (ha sonado y todo, jojoj), y luego al intentar hacia atrás, a golpear a una bici que había aparcada. Y a mi hermano (otro que tal baila), no se le ha ocurrido otra que empezar a gritar también:

– ¡Nooooo! ¡La bici noooo! ¡Eeeehh! ¡Nooooo, la bici no!

Finalmente el dueño del coche se ha dignado a aparecer, y nuestra intrépida conductora ha conseguido irse. Así que, me he bajado a por un pincho de tortilla para celebrar el éxito de la operación.

Aquí acaban mis aventuras de hoy. No imagináis lo a gustísisisisisimo que me he quedado. Luego me daba pena la señora, pobrecica. Pero hombre, despertarme a mí tiene mérito, y MUCHO.

Ale, después de esta anécdota tonta que me ha alegrado la mañana, me voy a por un café y a prácticas con Barbie. ¡Qué mona ella!

Y au! 🙂

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Me voy a despedir a Paula

Hoy voy a escribir de algo que llevaba bastante tiempo pensando en comentar.

Supongo que todo el mundo sabe lo que es ir  a hacer “popó”. La necesidad de ir al baño puede abordarnos en cualquier momento, y muchas veces de manera traicionera y en los lugares más inesperados. Véase, en Interpeñas, en las Fiestas del Pilar.

En mi caso, las 15:00h suele ser un momento idóneo, y es justamente cuando mi cuerpo se decide todos los días. Es por eso que llego tarde a algunas clases, motivo que no puedo exponer al señor Ezpeleta, quien día a día ve como llego unos minutos tarde. Debe pensar que soy un irresponsable, pero cualquiera le comenta ese detalle en medio de clase 😀

Pues bien, el post de hoy versará sobre posibles maneras de denominar a este conocido fenómeno, llamado “necesidad de ir al baño”. Veamos algunas formas de lo más variadas que he escuchado/utilizado:

1. Voy a hacer caca -> horrible.

2. Voy a hacer popó -> peor todavía.

3. Voy a hacer de vientre -> ¿Cómo?

4. Voy a cagar -> Claro, conciso, pero poco fino. No recomendable en según que ambientes.

5. Es mi momento All Bran -> Finolis, no dice demasiado.

6. Voy a visitar al Señor Roca -> Bueno, ésta es algo mejor.

7. Voy a plantar un pino -> Algo rústico, pero aceptable.

8. Voy a mandar un fax -> Yo la usaba con un amigo del pueblo, que tardó varios años en descubrir que mi abuela no tenía máquina de fax en casa :-D.

9. Voy a despedir a un amigo -> Gran frase, de mis preferidas.

10.  ¡Dios! Creo que va a ser niña -> Empieza a entrar en la dinámica que me gusta.

11. Mmmm. ésta se va a llamar Paula -> Mejor todavía, muy fina.

12. Me voy a despecir a Paula -> Es la que uso ahora mismo, fusión de varias anteriores.

He de decir que además existen formas gestuales para expresar este hecho. Pero no encuentro fotos por internet (tranquilos, no son explicitas), así que me las reservo para una posible segunda parte del post.

Y como siempre, os invito a que si alguien conoce alguna forma no mencionada, comente y la comparta con el resto.

Y au! 🙂

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Colega, ¿dónde está mi grupo?

Ayer fue un día memorable, estuve en Barcelona, acabé en mi pueblo, y vi actuar a Juako Malavirgen que, una vez más, me dejó con agujetas en la tripa de tanto reírme.

Pero no voy a hablaros del viaje en esta ocasión. En lugar de eso voy a contaros algo que me ocurrió ayer durante la visita a Barcelona:

Para enseñarnos el recinto, hicieron dos grupos, y nos llevaron por dos recorridos distintos. Mi guía era un hombre con acento catalán cerrado, melenas, y bastante majete el hombre. Y bueno, el recorrido fue más o menos así:

1. Escaleras: Nos explicó dónde estaba la “Sala Blanca”, cómo era, tal y cual.

2. Sala: Nos dijo que los informáticos deberíamos trabajar más con hardware, nos comentó impresiones y nos animó  a meternos en esos temas que él estudia (son interesantes, pero yo soy un negado).

3. Tras doblar la esquina, nos enseñó un poster, nos lo comentó y soltó una coña sobre curas.

4. Bajamos escaleras, parada junto a una máquina enorme.

5. Llegamos al “jol”, nos contaron cuatro cosillas.

Ahora empezaba la segunda parte de la visita, en la que los dos grupos íbamos a hacer el recorrido que nos faltaba, así que, a ello nos dispusimos, y el recorrido quedó algo así:

1. Escaleras: Nos explicó dónde estaba la “Sala Blanca”. Me mosqueó un poco, pero pensé que el hombre estaba haciendo tiempo hasta que nos dejaran ir a verla.

2. Sala: Nos habló de los informáticos, de que deberíamos trabajar más con hardware, nos comentó impresiones…  Un discurso bastante parecido al anterior.

En este momento pensé: “Pobre hombre, ha olvidado que ya nos ha contado esto, y nos lo está repitiendo sin querer. Y lo peor, la gente, qué mamona, podría avisarle”. Pero decidí que igual les dio vergüenza cortar su discurso, como me daba a mí, así que me callé. Tal vez seguía haciendo tiempo.

3. Tras doblar la esquina, nos enseñó un poster. Algo en mi interior, aunque no sabía qué,  me decía que iba a hablar de los 15-20 nanometros de aquella imagen. Así lo hizo. Yo pensaba:

– ¿Pero de verdad nadie se está dando cuenta de que este señor no rige? ¿En serio?

Empecé a agobiarme cada vez más. Era el único que se preocupaba por la salud mental de aquel señor. El único que estaba flipando en colores al ver que nos estaba contando LO MISMO. A nadie parecía importarle, escuchaban con atención. Tal vez el problema era general, y la gente tampoco se acordaba de lo que les había contado. Debía ser eso, sin duda. El lugar producía amnesia, pero yo me había salvado.

Luego fue la coña de los curas, OTRA VEZ. La gente, igual que antes, volvió a reírse. De modo que pensé:

– Vamos a ver… ¿en serio os hace gracia otra vez? ¿En serio soy el único al que aún le llega sangre a la cabeza? ¿Nadie me entiende? Estaba a punto de explotar, el agobio podía conmigo.

4. Bajamos las escaleras, parada junto a una máquina enorme: Os podéis imaginar, ¿no?

Aquí vino el climax. En el grupo había alguien que no debería estar allí. Era Sara, una chica que había ido a caer en el otro grupo. Mi vida dio un vuelco, así que decidí mirar alrededor. Había más gente del otro grupo… Ahora quedaba lo más complicado, deducir lo que estaba pasando.

Tras todo tipo de métodos estadísticos, inducciones matemáticas y otras herramientas de cálculo megatrónico, entendí lo que estaba pasando:

ME HABÍA CAMBIADO DE GRUPO SIN QUERER.

Este minúsculo y totalmente comprensible error de cálculo supuso las risas de todos mis compañeros a lo largo del resto del día. Tampoco es para tanto, digo yo. Pero bueno, yo os lo cuento, porque tal vez os ahorre algún que otro disgusto. Si alguna vez os pasa algo parecido, sabréis que os habéis equivocado.

Y au! 🙂