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Anda a Cascala!!!!

Así son las cosas y así te las he contado

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MAPS 43VER WOW!!

Segúramente os preguntaréis qué clase de jeroglífico es el título de este post. Hay quien pensará que es arameo, egipcio, o alguna lengua precaucásica de cuando el neandertal tiraba piedras a Napoleón. Cualquier suposición que hagáis será buena, pero errónea al fin y al cabo.

Se trata de la última tendencia juvenil, la más absoluta delicia cultural, y una de las formas más aceptadas en las nuevas sociedades para decir «te tengo aprecio, amigo mío». Vamos a destripar los entresijos de esta curiosa expresión:

MAPS -> (y no Google Maps), viene a significar «mejores amigos para siempre».

Ya tenéis la primera noción de cuan complicado puede ser todo esto. Veamos la segunda parte. Se trata de un anglicismo «tuneado». Los pasos del proceso de encriptación cataclísmica son: Traducción, deformación, «numerización». Sencillo, ¿no? Así pues, «Para siempre» viene a decirse «For ever», y si ahora aplicamos una función de cifrado algo más compleja que el RSA, obtenemos:

Cuatro se dice four. Four mal escrito podría verse (y se pronuncia igual o parecido) como for (para). Un tres es como una E mirando a Cuenca, así que Ever, podemos escribirlo como 3ver. Y ahora lo juntamos todo y resulta esto:

43ver -> 4Ever -> FourEver -> Forever -> (separamos) -> For Ever.

Como véis, hay a quien le cuesta saber que la capital de España es Zaragoza (si no lo sabíais os lo digo yo), pero todos los zagalicos coinciden en que decir a alguien «MAPS 43VER WOW!!» es lo mejor que puedes hacer para demostrarle tu aprecio. No valdía un «eres majo», «te invito a una birra» o «echamos un kiki» (ni a mí me lo han dicho, no os asombréis). NO… Nosotros los modernos decimos «apese cuatrotresver guou guou».

Existen variantes variadamente variadas, como pueden ser:

APS: A ver si lo deducís 😛

TK: Te quiero

TKCL: ¡Éste se las trae! Te quiero CON LOCURA! Jaaajajajajajaj

Reshulon tk 4ever junts tkm churri ers 1 fiera: Esto viene a significar algo como «Yo, la culta persona con la que sales, te querré por siempre, siempre estaremos juntos, mi amor, te quiero, y en la cama eres una fiera».

Insisto en que es más difícil aprender esta extraña jerga, mezcla del cirílico y el griego antiguo, que saber donde está el sitio donde vives en un mapa del mundo. Pero vaya, cada cual aprende lo que buenamente puede.

Para despedirme por hoy (retomaré este tema con las abreviaturas, que también dan muchísimo de que hablar), os pondré la única utilidad que he encontrado a estas tonterías:

En algunas asignaturas se empeñan por enseñarnos los 7 niveles de la  arquitectura OSI. Nunca conseguí aprenderme siquiera sus nombres, hasta que un WOWOWOWOOOWW me dio la idea:

«APS, Tu Rabo Está Fofillo»

¡No! No es una estupidez, es un 0,25 en el examen práctico de Conceptos Básicos de Redes. Veréis:

¡Aplicación, Presentación, Sesión, Transporte, Red, Enlace y Físico!

Sorprendente, ¿verdad? Prostituta, gorda prostituta (PGP: Pretty Good Privacy) es otro ejemplo. La idea original utilizaba otro sinónimo menos «fino» para las P, pero a modo de ilustración, es suficiente.

Conclusión de hoy, jóvenes padaguanes. Si ellos son capaces de expresarse así, lo mismo alguno de vosotros encuentra útil su estupidez y rasca unas decimillas por ahí. ¡No lo olvidéis!

Y ya está 🙂

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¡10 euros en un bar!

Hoy tengo una anécdota de las que me gusta contaros.

A eso de las 6 de la tarde, me ha apetecido un pincho de tortilla de patata, así que como con el embarazo no puedo dejar insatisfechos mis antojos, he entrado al primer bar que he visto, en plena calle Alfonso. El bar estaba a petar, porque todo el mundo quería ver a sus Majestades los Reyes Magos en su paso por Zaragoza.

Con mi pincho de tortilla calentito, he metido la mano en el bolsillo, y me he topado con un papel de publicidad que me habían dado poco antes, con la pinta de un billete de 10 euros, pero  con algunas letras y tal. Al verlo ahí tan mono, he tenido una idea genial. Llevar a cabo un experimento social, estratosféricamente cataclíptico, con tintes tenues de celebérrima y nigérrima magnificencia. Sublime, misericordioso.

El experimento consiste en resolver el siguiente enigma. ¿Cuánto duraría un billete de 10 euros encima de la barra de un bar, sin nadie que lo custodie?

Como los billetes de 500 euros se me habían acabado en ese momento, he doblado convenientemente el que me habían dado de publicidad, con el fin de ocultar las letras que no estarían en un billete de verdad. A continuación, lo he colocado en un rincón de la barra, lo suficientemente alejado de las camareras como para que no se lo llevaran, y me he encendido un cigarrito.

Los resultados han sido los esperados, ni más, ni menos.

Mientras yo fumaba y terminaba mi café, una mujer mayor (de las que van con el «taperguare» siempre en el bolso, por si las moscas), ha pasado junto a nuestro amiguito el billete, al que voy a llamar Simón. Lo ha mirado, y ha pasado de largo con cara evidente de «Volveré».

Poco después, un hombre hablando con el móvil también se ha percatado de que Simón estaba solo, en la barra. Lo ha mirado, ha dado un par de vueltas, y ha puesto la mano con disimulo, como apoyándose. Ha cogido a Simón en sus garras, lo ha mirado a los ojos, y tras ver que era un impostor lo ha arrojado al suelo.

Yo he empezado a partirme el C*L* de risa, y el hombre también, al darse cuenta de mis oscuras intenciones.

He vuelto a colocar a Simón en el mostrador, con la esperanza de que la señora Terminator volviera. Efectivamente, así ha ocurrido. Pero esta señora no ha tenido miramientos. Caminaba directa hacia nuestro pequeño y falso amiguito, sin mirar nada más que el gran tesoro que yacía en la barra. Y entonces…

¡PLAF! Manotazo al billete. Yo ahí no he podido contenerme más, y al ver su cara de decepción, ya he empezado a reírme, esta vez a carcajada limpia. Tanto es así que la camarera me ha dedicado una mirada de pocos amigos, y un grupo de amiguetes italianos que había hablando a mi lado se ha callado de repente.

Con este panorama, he decidido abandonar el local y seguir con mis quehaceres.

Sólo tengo una cosa que decir: ¡Qué maravilloso es este país!

Y ya está 🙂

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Cuando los auriculares te fallan

Es sabido que el CPS «alegra la vida a cualquiera». Yo aquí estoy, escuchando música con el «Espotifai»  y tratando de rehacer las odiosas entretenidísimas prácticas de economía. Ya se han ido las «cucas industrialas» que estaban con «Orador prodigioso», cansadas de tanto Pascal y tanto diálogo, así que no tengo nada entretenido con lo que reírme.

Así que, en un intento de concentración, me ha venido a la mente lo que podría ser uno de los mayores ridículos que se me ocurren ahora mismo. Pongámonos en situación:

Ahora mismo, y como he dicho, estoy en un laboratorio escuchando música y dedicado a labores académicas. Pero perfectamente podría no estar escuchando música sino gemidos locos de dos lascivas señoritas, disfrutando (juntas, claro) algo más que yo con estas prácticas. Y perfectamente podría no estar en el laboratorio rodeado de colegas, sino en una aburridísima conferencia sobre un tema que ni me interesa ni entenderé en la vida. Pongamos además, que el conferenciante tiene la voz monótona y adormecedora, y que decido ponerme los auriculares para no molestar (y que no me pillen escuchar a este par de bellas damiselas desnudas).

Ahora que tenemos el escenario, (RECUERDO: somos unos oyentes aburridos que deciden ver películas «amenas» para entretenerse), vamos al hecho en cuestión:

Lo peor que creo que podría pasarnos, es que, además de escuchar el sonido por los auriculares, se escuchara también por los altavoces del portátil. ¿Imagináis? Pensamos que sólo nosotros oímos lo que está pasando entre María y Candela (nuestras dos amigas, a las que acabo de bautizar), pero no. TODA nuestra fila está al tanto de la acalorada actividad que se llevan entre manos. TODA nuestra fila está escuchando atentamente a nuestros altavoces, como si de un partido en la tanda de penalties se tratase.

Y para colmo, nadie nos avisa de este golpe de mala suerte. Razones para ello, hay varias. Una por no molestarnos, otra porque así pueden seguir riéndose de nosotros, o simplemente para seguir disfrutando de la «ópera» que estoy compartiendo con el resto de la sala.

En fin… espero no verme nunca envuelto en algo como esto. Ahora que os lo he contado ya puedo seguir con las prácticas. Otro día más.

Y ya está 🙂

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La medida universal

Venía yo pensando en la medida de las cosas.

Las distancias suelen medirse en metros, el tiempo en horas, y el dinero en euros. Pero todo esto no son más que convenciones, y hay quien prefiere usar las millas, los nanosegundos o los pesos mejicanos. ¿Sería posible unificar todas estas medidas en una única y unívoca? Yo propongo: LOS CUBATAS.

Como siempre hago, veamos ejemplos:

– 6 euros = 1 cubata

– 6000 euros = 1000 cubatas

– 18000 euros = 3000 cubatas

De modo que:

Un coche de 18000 euros = 3000 cubatas.

Vamos a rizar el rizo un poco, que esto me gusta mucho.

Supongamos que cobramos 1800 euros al mes a lo largo de toda nuestra vida laboral. Así pues, de 18 a 65 años cobraríamos (65-18)*12*1800 euros, es decir: 1015200 euros. Eso es algo más de un millón de euros, que equivaldrían, asumiendo que los cubatas no suben de precio, a 169200 «rones con coca-cola».

Ahora vamos a relacionar el tiempo con nuestra nueva medida universal. Un método razonable es pensar que un cubata equivale a una hora, tiempo suficiente para bebérnoslo y disfrutar de sus efectos variopintos. En ese caso, un año podría equivaler a unos 8760 cubatas.

Aproximadamente 4 cubatas (SIN HIELO) vienen a ser un litro, y por lo tanto que para medir volúmenes esta unidad universal sigue siendo perfectamente válida.

También se dice que «a paso de borracho», las distancias se recorren en más tiempo, o lo que es lo mismo, la velocidad disminuye. De tal forma que si caminando con unos tragos de más recorremos 2.5 km en una hora, podemos afirmar que un kilómetro equivale a 1/2.5 cubatas. Las longitudes tienen también cabida en este sistema métrico unificado loixiano.

En conclusión, ¿Para qué queremos aprendernos las distintas unidades, teniendo una más simple, fiable y educativa?

Reflexionaré sobre esto, creo que se pueden razonar cosillas interesantes usando esta nueva unidad. Pero será en posteriores capítulos, que mañana toca clase COÑAZO.

Así que me despido por hoy.

Y ya está 🙂

PD: Por cierto…. ¡¡¡Adioooooos, osito peludo adioooooooos!!!

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¿Y si la vida sí que fuera un juego?

Muchas veces he oído la célebre frase de «La vida es un juego, juégala bien». No sé si es muy acertado llamar juego a algo que «nos acompaña» desde que nacemos hasta que morimos, y que no siempre tiene por qué ser divertido. Pero bueno, supongo que hay que buscarle su interpretación, como a muchas otras cosas.

Aunque, como a mí me gusta darle vueltas a cualquier chorrada, empecé a pensar qué pasaría si esa frase hubiera que tomarla al pie de la letra. ¿Imagináis? Como en todo, habría triquiñuelas, trampas, atajos y cosas así que sí aparecen en los videojuegos. Y como obviamente, mi vida es mía (hay quien dice que no, que es de Dios, pero de eso hablaré otro día), estos son los trucos que yo pondría en mi «juego»:

1. «3 pellizcos en la nariz»: Invisibilidad: ¿A quién no le gustaría entrar en casas (¡¡o duchas!!) ajenas?

2. «Rascarse un ojo mientras das un salto»: Vida extra: Útil cuando ves que se acerca una pandilla de «pelaos», o antes de tocarle el culo a una chica en el bus.

3. «Un salto mientras estornudas»: Poder desdoblarse en varios «yoes»: Para ganar tiempo en épocas de mucho trabajo.

4. «Decir tu nombre 10 veces rápidamente»: Desarrollar hipervelocidad: Para huir de alguien o ganar carreras.

5. «Pellizco en el pezón (EL MÍO, MALPENSADOS)»: Predecir futuro inmediato: Útil para ganar apuestas.

Hay un largo etcétera, pero estos son los que yo consideraría más útiles. Algunas más podrían ser vidas infinitas (por qué sólo una extra?), fuerza sobrehumana, ganar conocimientos en un milisegundo…

Por supuesto, cada uno tendría sus trampillas, y sería un cachondeo ver a todo el mundo por la calle tocándose el culo, dando saltos, recitando en voz alta… ¡La calle sería un circo!

En fin, después de esta tontería que se me ocurría el otro día mientras gozaba de mis vacaciones en el sofá, me voy a la cama. Otro día seguiré.

Y ya está 🙂

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Un huevo

Hoy daremos una lección de expresiones populares, y en esta ocasión, la finalista es una que a mí particularmente me gusta mucho: UN HUEVO.

Creo que la inmensa mayoría la conoceréis, pero por si acaso, aclaremos el significado de esta grandiosa expresión: MUCHO. Así pues, vamos a exponer algunos casos prácticos, en los que se verá la grandeza de la lección de hoy:

1. Había un huevo de gente -> Había MUCHA gente.

2. Tengo un huevo de cosas de hacer -> Tengo MUCHAS cosas que hacer.

3. Mola un huevo -> Mola MUCHO (también mazo, cantidad, cantidubi mogollón y demás jilipolleces).

Y así sucesivamente.

Vemos pues que la expresión tiene un uso sencillo, barato y natural para toda la familia. No hay ambigüedad, ni dificultad en ningún aspecto. O al menos eso pensaba yo, hasta esta tarde, que me he dado cuenta de algunas cosas.

Hoy estaba echándome un café con la bella Anita, y al ir a pagar he notado que mi ropa interior (calzoncillos, vaya) me apretaban bastante LA PIERNA. No es mayor problema pero yo, con toda mi buena intención, he dicho algo como:

– Jod*r, estos calzoncillos me apretan un huevo.

Pues nada, hemos tenido risas media tarde, porque ella no ha querido entender que estaba utilizando esta nuestra expresión, objeto de estudio en la lección de hoy. Y es que realmente, y si lo pensamos en frío, la perfección no existe, y podemos encontrarnos situaciones peculiares si no la usamos con cuidado. Algunas podrían ser:

– Me pica un huevo un huevo -> ¿Cómo? Me pica mucho, mucho – Me pica mucho un huevo.

– Me gusta un huevo comer / Me gusta comer un huevo. -> ¡OJO! No es lo mismo

– ¿Te pica? Sí, me pica un huevo. (¿No era la cabeza?)

Y así, sucesivamente.

En próximas lecciones, introduciremos lo que científicamente se denomina «Inglés para gañanes», «Inglés loixiano», o simplemente «Tontadum monumentalis». Hasta entonces, podéis ir estudiando y poniendo en práctica los conocimientos hoy adquiridos.

Y ya está 🙂