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Anda a Cascala!!!!

Así son las cosas y así te las he contado

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Predicar con el ejemplo salva vidas

Curioso….

Hace algún tiempo se instauró el archiconocido por todos carnet de conducir por puntos, en el que por cada infracción que cometes se te van eliminando puntos hasta que, al llegar a cero, has de sacarte el carnet de nuevo. La idea parecía en principio algo rígida y se pensó que tal vez ayudaría a reducir las cifras alarmantes de muertos en la carretera a lo largo de los años.

Se ha comprobado que la gente sigue saltándose las normas igual. El miedo a perder los puntos que había al principio se ha esfumado, y creo que no hay absolutamente NADIE que cumpla la normativa.

Ayer echaron en Antena 3 un reportaje que me gustó bastante, en el que se enseñaban las principales y más frecuentes infracciones, pero no sólo cometidas por la gente “de a pie”, sino también por personalidades como el señor Alberto Ruiz Gallardón (Alcalde de Madrid y gran impulsor de todas las medidas que conciernen a la seguridad vial), o incluso el gran Pere Navarro, DIRECTOR GENERAL DE TRÁFICO.

¿Cómo puede ser que ni siquiera la gente que intenta dar ejemplo cumpla la normativa? ¿Será que no actuan con responsabilidad? ¿Será que las propias normas que se tratan de imponer son ridículas?

Yo pienso que un poco de las dos cosas. Los límites de velocidad deberían ser lo suficientemente razonables como para que nadie tenga que circular CON SEGURIDAD a 30 km/h más de lo permitido jugándose varios puntos. No digo que me guste correr y conducir temerariamente, pero sí subir un poco los límites, equiparándonos a algunos países europeos en el que están más altos, y curiosamente la mortalidad por exceso de velocidad es menor.

Sí creo que habría que endurecer la ley en algunos aspectos, como son el cinturón de seguridad, la ingesta de alcohol, y cómo no el teléfono móvil. Son causas de muchos accidentes, y creo que deberían tratarse como algo muchísimo más serio de lo que se están tratando.

Gran reportaje el de ayer, gran decepción por la actitud de quienes intentan imponernos esas medidas (ellos no las respetan), y grandes los bolsillos de Tráfico, que con tanta multa se está haciendo de oro.

Me gustaría ver una multa del señor Navarro, para quedarme tranquilo y ver que este sistema es “algo” justo para todos… :S

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¿Quién nos enseña?

Ayer estaba “espatarrao” en el sofá, y de repente me entro una sed horrible. Así que, ¿qué hice? Parece lógico: Me levanté, fui a la nevera, esa caja tonta que me da tantos y tantos momentos de placer, y enganché la botella de agua fresca.

Entonces se me ocurrió una pregunta bastante tonta. Desde pequeños se nos enseña a escribir, a leer, se nos educa para que seamos respetuosos, blablablablabla. Pero, ¿quién nos enseña qué es la sed, el hambre, o las ganas de mear? Son cosas que cuando nos entran sabemos donde tenemos que ir, sin que nadie nos lo diga.

Nadie confunde el hambre con las ganas de mear, ¿pero por qué no? Será que eso nos viene por naturaleza, está claro, son cosas que hacemos por instinto. Los animales lo hacen así, y nosotros no nos podemos salvar, porque al fin y al cabo es lo que somos. Animales.

Claro, todo esto me llevó a pensar… ¿dónde acaba nuestra parte de animal?

Está claro que nosostros mismos nos imponemos ser animales hasta un cierto límite. Con las leyes nos aseguramos (o lo intentamos al menos) de que nadie mate a nadie por comer, por territorio, por una hembra… Hay quien se prohibe voluntariamente el sexo (acto que de por sí es natural, y lo hacen todas las especies animales). Y muchos ejemplos más.

Esto es lo que nos diferencia de los animales, que podemos decidir hasta qué punto lo somos.

Qué rayada me metí con este tema… Porque por otro lado pensaba… ¿Qué pasa si se te olvida que la sed se alivia bebiendo agua? ¿O si piensas comiendo te quitarás la gana de mear. ¡Pues es una faena, seguramente nos moriríamos pero no sabríamos por qué!

Jajajaj, en fin, tampoco tengo mucho más que decir sobre este tema. Son pijadas que se me van ocurriendo mientras hago cosas en casa, o mientras vuelvo a casa andando desde el CPS (casi una hora da para pensar mucho).

A ver que chorrada suprema se me ocurre la próxima :-)

Seguiré informando de mis grandes conjeturas ….

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Una canción para cada situación

El otro día se me rompió un auricular de los que uso con mi “emepetetrés”. Como sabéis (y si no pues ya os lo digo ahora) yo siempre vuelvo a casa andando desde el CPS, para que me salgan 40 o 50 minutillos de andar diarios. Y hoy, de camino, me he dado cuenta otra vez -porque ya me había pasado más veces- de lo importante que es la música en el mundo.

En todos sitios hay música. En los bares, en la radio, en el autobús, en los móviles, en los “emepetetreses”… Incluso hay servicios (BAÑOS, vamos) en los que mientras estás disfrutando del trono puedes escuchar música clásica!! Tremendo!

Bueno, a lo que iba. La cosa es que sin música lo único que puedes hacer es pensar y pensar, en las paranoyas que se te puedan ir ocurriendo, unas entretenidas, otras sobre la universidad, qué harás mañana, blablabla…

Y yo esta tarde pensaba en cómo determinadas canciones pueden alegrarte, entristecerte, ponerte nostálgico, ….Es una cosa increíble!

Cuando echo de menos por ejemplo el pueblo, pongo la música que ponían allí, y es como que por un momento me veo sentado en las piscinas o en el Pentagrama, cubata en mano y jugando a los dardos.

Cada música tiene un lugar al que te lleva cuando la escuchas. No entiendo por qué no pasa con otras cosas, como la comida. Igual que pasa con las canciones, podemos disfrutar de unos macarrones en cualquier parte, pero yo NUNCA pienso “oohh… comiendo estos macarrones es como si estuviera en tal sitio”. NO. En cambio sí que me pasa con las canciones, que me recuerdan a un lugar en particular.

Ha habido música que escuchaba mucho en determinados momentos de mi vida, que luego no acabaron tan bien como desearía yo, que nunca he podido volver a escuchar. Cosas curiosas cuanto menos. No permitiría que ocurriera eso con un buen bocadillo de panceta y unos huevos fritos, eso está claro.

En fin, que igual que comenté que el papel higiénico es uno de los grandes inventos de la humanidad, creo que la música es uno aún mejor. Nos entretiene, hace reír, ilusiona, entristece, tranquiliza, altera…

Este tema no es nuevo, y está claro que a todo el mundo se le habrá pasado por la cabeza alguna vez. Y bueno, como de tooooodas las paranoyas pervertidas y psicóticas que iba pensando en el camino, ésta es la única que puedo contar sin quedar MUY MAL delante de quien lea esto -que gracias a dios es poca gente-, he decidido escribirla.

Otro día irá algo más marrano! :-P

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El aprecio por las cosas buenas

Hoy he estado pensando en todas esas cosas que, siendo imprescindibles en nuestra vida, no valoramos lo suficiente. Cosas que sólamente el día que nos faltan vemos lo que realmente son para nosotros, lo cómoda que nos hacen la vida, y lo triste que es perderlas. Pondré un ejemplo bastante simple, aunque aplicable a objetos, y como no, a personas: EL PAPEL HIGIENICO.

Realmente… quien piensa en el papel higiénico? Todos sabemos que hay un rollo al lado del retrete, y que si se acaba hay 2 rollos más en el armario encima del lavabo, o algún otro sitio cercano y accesible. Yo creo que a lo largo del día nadie se plantea que en un WC no haya papel higiénico, excepto si entras a algún bar y no hay (que entonces lo pides en la barra), o sales por ahí de juerga, y en ese caso te llevas un poco de casa, o “clines” (si eres mujer), o te aseguras de que sólo orinarás (si eres hombre). Pero… qué pasa si estás en tu casa y acabas el último cuadradito de papel? No queda más en ninguna parte, excepto en el super de la acera de enfrente. Resulta que algo tan aparentemente inútil y que pasa tan desapercibido se convierte en una fuente de amargura.

Si preguntas por los grandes inventos de la humanidad te contestarán “la bombilla”, “la electricidad”, “la moneda y los bancos”, o incluso, por qué no, “INTERNET”. Pero… acaso alguien te nombrará el papel higiénico? NONONONONO… No lo hará nadie. Y esto es sólo un ejemplo de algo que no valoramos.

Y como el papel higiénido muchas otras cosas que no vemos que están ahí, pero que cuando no están nos damos cuenta de lo importantes que nos son.

He dicho …

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El saber es bueno

Resulta que estos días me acuerdo de lo que alguna vez dijo mi profesora de filosofía en 1º de bachillerato: “El saber nos hace libres y felices”. En su día cuestioné esa afirmación, ya que si no sabes que tienes un problema, en realidad es como si no lo tuvieras, puesto que lo desconoces, y no puedes ni solucionarlo ni preocuparte por él. Hasta hace bien poquito seguía defendiendo que la “bendita ignorancia” nos ahorra preocupaciones.

Una persona “feliciana” (así la llamaba Merche) es alguien que vive aparentemente feliz, pero que se siente dichoso viviendo en la ignorancia sin saberlo. Realmente es cómodo no tener ni idea de lo que pasa a tu alrededor, porque la mayor parte de tus problemas no sabrás ni que existen.

La ignorancia puede ser voluntad directa del sujeto, o consecuencia de su poca necesidad o interés por aprender cosas nuevas.

¿El inconveniente? Algún día tu mundo de las hadas se irá a pique, y no sabrás hacer frente a la situación, te vendrán bastantes problemas de golpe, y te desbordarán.

La mejor solución es empeñarse en aprender, observar, escuchar, no dejar que los pequeños detalles se te escapen. El conocimiento pone a tu alcance posibilidades que no conocías, descarta posibles malas interpretaciones, elimina las dudas (pero te crea otras que hacen que quieras seguir aprendiendo)… Nunca hay que dejar de conocer cosas nuevas.

Sobre todo, y esto es algo que he aprendido no hace mucho, todo lo que aprendes puedes utilizarlo para bien tuyo o de los que tienes alrededor. Y en caso de que quieras utilizarlo en tu beneficio, una buena opción es no dejar que los demás sepan que “lo sabes”. Es algo que puede resultar útil, sobre todo para salvar pequeños (o no tan pequeños) contratiempos y situaciones embarazosas que puedes sufrir en tu vida diaria.

Merche… gran lección. Realmente “El saber nos hace libres y felices”.

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El clero y el sexo

El clero. Son gente que renuncian a muchas cosas por su fe. Cosas como por ejemplo echarse chorba o practicar el sexo (madre… no sé como viven).

Y el otro día lo pensaba. Si yo fuera cura, y pasara la tía mas buenorra a mi lado, con su escote y sus andares, ¿qué haría yo? Porque vale, yo tengo a Dios, que me quiere y me cuida pero… ¿acaso con semejante pivón no iba a estar bien atendido? 😛

Hay varias opciones. Está la opción de quitarme la sotana para siempre, ponerme guapo y salir a ver si me la encuentro otra vez, condones en mano. Tambíen podría pensar “bueno, lo elegí yo”, y vivir amargado* con mi castidad (pero tranquilo porque hago lo que quiero hacer, con sus pros y sus contras). O está la opción intermedia (aunque no sé si la mejor): Acordarme del santo día que decidí ponerme la sotana y recurrir a mis 5 amiguitos de siempre (pulgar, índice, corazón, anular y meñique) para aliviarme. Luego una duchita de agua fría, muchas oraciones para que el Señor me perdone, y a seguir con mi vida casta y pura, llena de buenas acciones e ilusión por el prójimo.

* Digo amargado aunque en realidad ellos no creo que se sientan así. Se apoyan en su fe, que es lo que les ayuda a renunciar a todo lo que renuncian y vivir felices y contentos. Debe ser buena la fe, aunque, ¿qué es exactamente?

Un religioso, y mucha más gente, diría que es “creer aunque no veas”. Para mí no es exactamente eso, sino que es más algo como “creer, veas o no, sin que nadie sea capaz de convencerte de lo contrario”.

Yo creo que en realidad todos tenemos algo de curas. Todos tenemos nuestra fe en algo, y por supuesto momentos en los que esa fe se tambalea.

Lo dificil es saber qué decisión tomar, si seguir lo que estamos haciendo y además hacerlo de buena gana, dejarlo y buscar algo que de verdad nos llene, o poner una tirita, una solución temporal hasta la próxima ”prueba de fe”.

“Los caminos del señor son misteriosos”, he dicho…