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Anda a Cascala!!!!

Así son las cosas y así te las he contado

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Información engañosa, ¿será intencionado?

Llevo tiempo dándole vueltas a esto, y es algo que realmente me molesta que se haga. La información que proporciona la gente no siempre es exacta y, en muchas ocasiones, incluso es falsa. Si tengo que decidir en base a la información que me dan, lo justo es que sea lo más precisa posible, digo yo. Veamos algunos ejemplos:

De lo que se hace en las campañas electorales mejor no hablo porque es para darles un premio. Todos dan datos ciertos pero «olvidando decir» otros datos importantes.

Cuando se habla de subidas de precios, nunca se dice que «un bolígrafo que antes valía 20 céntimos ahora vale 40». ¿Por qué no? Pues sencillo, la gente lo entenderá y eso no interesa. En su lugar, se dicen chorradas como ésta:

– El precio de los bolígrafos ha subido un 200%.

Sencillamente, eso es falso. Si algo sube un 200% significa que su precio se ha TRIPLICADO. Para duplicar una cantidad es suficiente con que su valor suba el 100%. Y si alguien no me cree, que utilice una calculadora. Verá que, efectivamente, la información se da de forma que no quede claro la magnitud del problema.

Que suban los precios de algo que necesitamos comprar, es malo SIEMPRE. La cosa es cuánto de malo se pretende que la gente piense que es.

Y otro ejemplo que os voy a dar es un anuncio de loterías que escuché ayer en la radio. Veamos lo que decían:

– «Las loterías X son las mejores. Lo más fácil es que te toque algo, porque somos las que más dinero repartimos y, además, uno de cada tres boletos tienen premio.»

¿Alguien no lo ve? Si uno de cada tres boletos tienen premio significa que los otros dos no lo tienen. Así que cuando compremos un boleto, tendremos un 33% de posibilidades de ganar (tal vez un millón de euros o tal vez dos euros) y un 66% de que nuestra inversión haya sido inútil. Por tanto, lo más fácil no es que toque algo.

¿Cómo se puede decir una mentira, desmentirla en la misma frase y hacerlo en un anuncio publicitario?

Podría poner más ejemplos, pero no se me ocurren. Pero vaya, la idea se ve, ¿no?

Ale, toca seguir con mis cosas. Veo el final, señores míos 😀

Y au! 🙂

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Será que lo del tiempo es relativo

Ya es agosto y la documentación del proyecto va avanzando. Es la forma más optimista de verlo, pero no la única. Por más que leo y releo no consigo que lo que escribo me guste del todo. El tiempo va pasando, y la cantidad de páginas «estupendas» que escribo aumenta, pero como todo en la vida, lo de estupendas es relativo.

Supongo que tan relativo como el tiempo.  Hubo un personaje que se atrevió a afirmar semejante aberración, y yo creo que no se equivocaba del todo. Digo yo que ese señor sabía algo más de matemáticas que yo, pero no necesito ser un genio para saber que, a veces, una semana puede hacerse tan larga como un año.

No sé si este vídeo me gusta porque me recuerda que la última enculada cepesiana (o en inglés, «last cepesian enculing») está al caer. Igual simplemente me ha dado la idea de escribir esta chorrada, y por eso tiene que gustarme aunque no sea gran cosa. Por lo que sea, que no lo sé, aquí lo tenéis:

 

 

No os quejéis, a estas horas de la madrugada mi cabeza no da para mucho más. Así que como supongo que no os apetecerá leer cochinadas, canciones infantiles traducidas a inglés gañán o cualquier otra estupidez que se me ocurra, tendréis que conformaros con esto.

Y au!  😀

PS: Me voy a permitir el lujo de no poner nada aquí, ya es suficiente por hoy. 😀

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¿Por qué los chinos molan?

La gente siempre se queja de los establecimientos chinos, que si abundan, que si nos quitan trabajo, que si con ellos no se puede competir…

En cierto modo, es cierto. No se puede competir con los precios de los bazares chinos, pero, si quieres fiarte del bolígrafo que compres, gástate 25 céntimos en lugar de 10 y cómprate un Vic de verdad, aguantará más de medio folio. Lo de que nos quitan el trabajo es discutible, yo personalmente no lo creo.

Lo que la gente no se para a pensar es que, sobre todo saben ver muy bien el negocio. Os pondré un ejemplo:

Hay bares españoles de toda la vida, en los que a sus clientes habituales no se les invita ni a un café por Navidad. Da igual que vayas todos los días, pero puede ser (y pasa muchas veces) que no te inviten ni a un café.

En cambio, te vas a un chino, como por ejemplo el que nosotros llamamos «Chen», y por una jarra de cerveza te ponen tres cestitas, una con cortezas, otra con patatas y otra con pipas y cacahuetes. Por UNA jarra de cerveza. Conforme las rondas se suceden, los regalos aumentan, y pueden sacarte alitas de pollo, o patatas bravas, sin cobrarte un duro. E incluso a veces, aunque no consumas, si ven que se te acaban las patatas fritas te sacan más.

¿Cuánto les cuesta eso a los chinos? NADA. Pero saben que mis amigos y yo, así como otros muchos grupos de amigos, iremos allí a echar unas cervezas con mucha regularidad. ¿Por qué no hacen eso los bares de toda la vida? A veces pagar 5 cents más por una cocacola el consumidor ni lo percibe, si le ponen unos cacahuetes. Además de que dan sed, y por tanto consumes más sin darte cuenta 😀

Por poner otro ejemplo, los chinos trabajan casi las 24 horas. Ayer volvía del Lago Ness de echar una cervecita. A las 2 y media de la mañana me hicieron un rollito de primavera al lado de mi casa.

Y más aún. Hoy no me apetecía cocinar, así que he llamado al restaurante de Chen (sí, Chen tiene bar, hotel, restaurante, y si te fías hasta autoescuela), y me han traído un menú para dos personas. El menú contenía arroz tres delicias, pollo con almendras, ternera, dos rollitos de primavera y ensalada de «semen de tiburón», como yo la llamo. Como decía antes, tenía que haber algo de regalo, y esta vez me han metido un par de latas de cocacola, alitas de pollo para parar un tren y unas cortezas chinas. Con eso comemos 4 personas mínimo, y en mi caso me servirá para comer, al menos, hoy y mañana.

Y encima el mismísimo Chen ha venido a traérmelo, todo un honor que haya venido a mi casa, «hoygan».

En fin, con esto y un bizcocho, me bajaré a tomar un café.

Y au! 😀

PS: Esta noche sí  🙂

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Policías «indignados» en las manifestaciones

Nunca he hablado de política en este blog, y hoy no será la primera vez que lo haga. Entre otras razones, porque no creo que este sea el lugar. Pero sí me gustaría que la gente sea consciente de algunos detalles, que creo que pasan desapercibidos y hacen plantearse muchas cosas.

De siempre he pensado que las manifestaciones son, en la mayoría de los casos, desatendidas por aquellos que tienen que escucharlas. No puedo llamarlas «pérdidas de tiempo», porque son el único arma que tenemos los ciudadanos para quejarnos de las decisiones que toman durante 4 años aquellas personas a las que elegimos un día. Nuestra decisión de un sólo día les da libertad para hacer lo que les da la gana durante los siguientes 1460. Así que lo único que nos queda cuando se nos acaba la paciencia es salir a la calle y que al menos sepan lo que piensa la gente.

Dicho sea de paso,  me parece completamente imprescindible que las protestas sean pacíficas al 100%, porque en el momento que se elige usar la violencia se pierde toda la credibilidad.

Si hay disturbios, la policía carga de forma desproporcionada utilizando gases lacrimógenos, porras y otros utensilios. No veo cómo se puede comparar el poder de un trabajador armado con un altavoz y un silbato con el de un «armario» con escudo, casco, porra, pistola, furgonetas, y que cuenta con el apoyo de la ley. Pero bueno, si la situación llega a ser desesperada, podría «entender» que la policía actúe.

Pero, ¿qué pasa si la policía tiene que disolver una manifestación pacífica, y no tiene excusa para ello? No pueden cargar contra la población sin ningún motivo, así que alguien ha debido decidir que la mejor forma resolver un ataque inexistente es crearlo. Por eso se envía a policías vestidos de paisano, con pinganillo, a armar follón y enfurecer a la gente para que cometan un acto violento. Si eso no ocurre, son ellos los que tiran la primera piedra, para que sus compañeros antidisturbios puedan cargar, una vez los desalojen de forma segura.

Podría ser que yo me lo invente, así que veamos algunos casos:



El vídeo está en catalán, pero se ve claramente cómo los policías infiltrados están entre los manifestantes, cómo son descubiertos, y cómo compañeros uniformados los evacuan de allí.

En este segundo vídeo aparece un hombre calvo  con camiseta roja, que en un determinado momento (minuto 6:41) dice algo como «Por que nos están toreando«. Una vez lo localicéis, si volvéis hacia atrás en el vídeo, veréis como ese buen señor «indignado» lleva pinganillo, y cómo en ningún momento la policía se muestra hostil con él. ¿Por qué?


http://www.youtube.com/watch?v=NvrFsip1z_E


Vídeos como estos hacen plantearse muchas cosas. Si esta estrategia no es nueva, ¿en cuantas de las ocasiones en la que la policía ha arremetido contra los manifestantes la violencia estaba justificada? ¿Era realmente necesario?

En la era de la comunicación, todo esto no pasará desapercibido nunca más, gracias a dios. Sólo espero que a quien haya dado las órdenes se le caiga la cara de vergüenza y lo manden a paseo.

Pues nada, mis queridos frikoides, meditad sobre el tema.

Y au! 😀

PS: Habrá que probar la sidriña pronto …
PD: Felicidades, papá 🙂

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Inminente estupidez

El 2 de enero está cada vez más próximo, y hay algunas novedades novedosas y estúpidas a puntito de hacerse realidad.

A partir de esa fecha, no se podrá fumar tampoco en bares. No era suficiente prohibir fumar en universidades, colegios, hospitales, cines, autobuses y demás (lo veo correcto e incluso necesario), sino que ahora tampoco se podrá fumar cuando salimos de fiesta o echamos un café.

Empezaré diciendo que veo lógico que se proteja a los no fumadores del perjudicial humo del tabaco. Según dice mi hermano, cuando bebemos un cubata no le tiramos parte a la gente de alrededor, así que es lógico que con el fumar pase lo mismo. Más aún, fumar provoca cáncer y demás enfermedades, así que está bien que se intente erradicar el problema del tabaquismo en la población.

Lo que no veo tan lógico es que se suban los precios de formas desorbitadas, con la excusa de «así la gente fumará menos». No, no, y no. No seamos hipócritas. La gente que lleva 20 años fumando y tiene su sueldo, pasará por el aro y pagará lo que sea necesario para seguir con su vicio. Sí que se conseguirá disuadir a los jóvenes para que no empiecen, cosa que no está mal.

Ahora bien, ese efecto se produce «de rebote». Sencillamente las cuentas son fáciles: 100 fumadores a 2 euros el paquete, son 200 euros. Pero 90 fumadores a 4 euros el paquete, son 360 euros. ¿Veis como aunque «gente deje de fumar», lo significativo es cómo se gana más dinero?

Ahora bien, mi pregunta es: ¿Dónde va a parar el dinero que me dejo en un paquete de «droja»? El 95% de lo que pagamos al comprar tabaco son impuestos. ¿Por qué no usarlos para subvencionar (o regalar) parches y parches de nicotina, psicólogos y demás para ayudar a los que quieren dejarlo? No sé si se hace, pero no creo que se destine lo suficiente.

Y por qué no se permite a los bares que tengan una habitación de fumadores, con sus correspondientes aparatos para que el humo no salga fuera? Podría usarse el dinero que YO y muchos otros pagamos en impuestos para ayudar a implantar esas zonas.

Todavía más, ¿qué pasa con los establecimientos que hace un tiempo decidieron invertir en una zona de fumadores para cumplir la ley? ¿Van a devolverles el dinero a quienes en su día quisieron ser honrados y adaptarse a las nuevas circunstancias?

De nuevo, no, no y no.

Tal y como había planeado, dejaré de fumar (lo intentaré, vaya) en cuestión de muy poco tiempo, y sin influir en mi decisión la estúpida ley que entrará en vigor en un 3 o 4 días.  Pero manda huevos cómo se toma a los fumadores por estúpidos. No es estupidez lo que tenemos en realidad, sino más bien un problema, un problema serio, y creo que se piensa más en el dinero que se gana que en las personas que se pierden.

De momento me he comprado un cigarro electrónico de esos, con los que podré «fumar» mientras voy dejando el vicio. Os enseñaré fotos cuando empiece a sacarle partido, la idea promete, aunque tengo que ver todavía cómo saldrá de precio. Y desde luego, hasta que la ley entre en vigor, fumaré como un cabrón como ya está haciendo mucha gente. Últimos coletazos del fumador libre.

Nada más, me despido por hoy.

Y ya está! 🙂

PD: Felicidades, «Tonta cántaros»… Lo celebraremos en breves!

PD2: Estudia, joven doctora 😀

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¿Cuánto vale la ignorancia?

Por fin he tenido un rato para pensar mientras camino, como esos que tenía al volver del «cepese» a casa.

A decir verdad las vistas eran algo mejores. Eran las 3 de la tarde y empezaba a atardecer, con un sol rojo de esos de las películas. Iba andando con nieve a todo mi alrededor, y entre los árboles se veía la luz roja que pasaba entre ellos.

De alguna manera me ha dado por ponerme música que tenía en el iPod y que hacía como 4 años que no escuchaba. Y al oírla, se me ha ido la cabeza a esos dos primeros años agridulces de carrera. Me he acordado de la felicidad de empezar en la universidad, de la cara de críos que teníamos todos (un poco más que ahora, vaya), del primer febrero en el que penqué todo lo que se podía pencar, de mi primer San Pepe, con todas sus consecuencias futuras… Vaya, esas cosas.

Y de ahí, se me ha venido a la mente lo siguiente:

Cuando empezó la carrera, había cosas que veía magia. Cosas que después de llevarte las ostias cepesianas ves entendibles, pero que cuando no las conoces te parecen ideas felices de su creador. Ahora que alguien ya me ha explicado cómo abordar ese tipo de problemas, las cosas cambian.

Siempre dicen eso de «cuanto más sabes, más puedes» pero… hay algo que nadie te podrá devolver jamás una vez que hayas aprendido. Y es esa maravillosa sensación de admiración hacia lo que no conoces. Te parece sencillamente genial que, por ejemplo, de un bloc de notas y un extraño programa llamado «compilador», pueda salir algo tan maravilloso como un programa de los que usas a diario.

Esa sensación se ve en la vida misma. Cuando sumas con los dedos, te parece increíble que haya alguien capaz de decirte cuanto va a dar «3+2» antes de mover la mano. ¿Será adivino? Luego te enseñan a sumar, y te j*d*n la vida, ves que no era tan complicado.

Ejemplos se me ocurren mil, pero la moraleja es lo que creo que cuenta. ¿No os gustaba esa sensación de admiración y curiosidad que teníais de niños? ¿Cómo se recupera eso ahora que hay  algunas cosas que entonces no sabíais y ahora sí? Claro que siempre quedan cosas por aprender, pero conforme aprendas seguirás perdiendo ignorancia, y el sentimiento de «culpabilidad» aumentará junto a tu sabiduría.

En fin, dejo este tema a reflexión del lector. Ahora voy a ver si mi sentimiento de culpabilidad con la asignatura de la que me examino mañana aumenta un poco, por fin 😀

Y au! 😀