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Anda a Cascala!!!!

Así son las cosas y así te las he contado

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Mandriles una vez al mes

Hoy toca hablar de una especie en extinción, de una maravilla de la naturaleza que amenaza con desaparecer. Los mandriles son unos animalillos curiosos, dignos de estudio, y de los que hoy hablaré un poquito para que los conozcáis.

En primer lugar, son unos seres sin conciencia alguna. Toda su capacidad de razonamiento es mera ilusión, y así lo manifiestan en todo momento. Por poner un ejemplo, os diré que son capaces de hacer la misma pregunta un millón de veces, obtener la misma respuesta un millón de veces, y pensar que la un “millón y un-ésima” (¿cómo coño se dice eso?) respuesta será diferente.

Suelen organizarse en pequeños grupos de 4 o 5 personas, y se establecen una serie de roles voluntariamente aceptados que todos deberán mantener en toda circunstancia. Algunos de estos roles son:

– Jefe: Persona con experiencia que se encarga de coordinar, pero que sólo en contadas ocasiones se ensucia las manos.

– Artificiero: Realmente cómico. Con casi tanta experiencia como el Jefe se encarga de recolectar material variado y malvado para atentar contra el resto del mundo. No participa, no habla, no ríe. No sabe lo que es lealtad, pero se sabe que cuando se somete al jefe nunca le defraudará.

– El bizco cabrón: Sus ojos le sirven para mantener el territorio controlado. Es callado, no se relaciona con nadie, y si emite algún sonido suele ser desagradable. Realmente es hasta más patético que el Artificiero, aunque pasa desapercibido porque de vez en cuando algún balbuceo demuestra que sigue vivo. Tiene tendencia a tener ladillas en los sobacos, y por eso tiene siempre las manos ahí cuando se fotografía.

– El Co-tronx: Su papel es crucial, y consiste en suplir la aparente ausencia de Artificiero y Bizco Cabrón. Si ellos apenas se relacionan, el grupo encuentra en Co-tronx un medio de comunicación, una forma de relacionarse con el exterior, además del Jefe. En cambio, su capacidad de razonamiento y empatía es extremadamente limitada, y cuando se ve acorralado se limita a levantar la barbilla y emitir sonidos como “Coooo… yo no, ¿eh?”. Triste personaje.

Los cuatro personajes no pueden vivir solos, dado que su capacidad de supervivencia es nula. Por eso se infiltran en manadas de otras especies. A estas especies, los mandriles les queman sus casas, roban su comida, estropean sus vacaciones, y amargan la vida. Incluso consiguen contagiar su estupidez a algunos nuevos reclutas, que serán sus infiltrados por una temporada. Lo realmente sorprendente es que cuando van a juicio, los mandriles callan, y sus anfitriones también. Existe una ley del silencio que nadie entiende ni comparte, y que sólo perjudica a la tribu anfitriona.

Científicamente no se ha demostrado que ambas especies obtengan beneficio mutuo. Podríamos pensar en una simbiosis de esas que veíamos en Ciencias Naturales, pero realmente el tema no está nada claro.

Cuánto podría contaros de los mandriles. Pero no es ese mi objetivo. Lo que realmente querría es que recodéis la moraleja:

No te engañes, mamita,

una vez al año no hace daño,

una vez al mes, son doce veces al año.

Y ya está 🙂


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¿Sexismo o gilipollismo?

Venía yo de la cafetería con “Sadoumeiquer”, y hemos visto el nuevo intento estupido de los Bolonios.  Lo primero de todo aclarar mi postura, no soy machista ni nada por el estilo. Lo que pasa es que hay cosas por las que no estoy dispuesto siquiera a debatir.

Ahora les ha dado por intentar que dejemos de utilizar expresiones como “los alumnos”,  “los amigos” y demás, en favor de “el alumnado”, “el entorno de coleguis chachis”, o similares.

¿De verdad alguien entiende que si digo que me voy de fiesta con mis amigos, SEGURAMENTE sólo vamos a participar hombres  en ese evento? Creo que no es necesario inventarme una tontaría como “mis amig@s” (que alguien intente pronunciar eso) para que las mujeres se sientan incluidas ahí.

En todo caso, y si nos ponemos tontos (yo no lo pienso así), seríamos los hombres los afectados, pues cuando las mujeres van con sus “amigas” sólo van mujeres, mientras que si nosotros queremos decir que sólo vamos hombres tenemos que recalcarlo de algún modo especial. Puestos a las bravas, ¿sería eso justo? Insisto, no es mi opinión, pero sería un argumento perfectamente válido.

Cuando digo que me voy con mis padres al monte, quien me conoce sabe que me voy con mi padre y mi madre, y no con mi padre y mi padre. Pero como bien podría ser que fueran los dos hombres o dos mujeres (y me alegro muchísimo de que así sea, ya era hora), quien tenga duda que me pregunte, que yo gustosamente se la resolveré.

Y es que no me parece machista en absoluto que cuando queremos designar a un colectivo formado por elementos de ambos géneros utilicemos el masculino. ¿Por qué no femenino? Pues no lo sé, y realmente me la repampinfla, pero sé que en algún momento se aceptó como norma, y así se quedó. Para quien tenga duda: No, no me importaría si hubiéramos decido hablar de “las alumnas” para referirnos a todo el alumnado. No me sentiría menos hombre, ni lo vería una ofensa de ningún tipo.

Creo que quien son sexistas son los cuatro “listos” que intentan hacernos sentir mal a quien hablamos sin ninguna mala intención. Es retorcido pensar que no incluyo a las mujeres o las despretigio cuando hablo usando masculinos.

Lo próximo será que los moñigotes de los pasos de cebra deban llevar falda, porque si no, podemos pensar que son hombres. ¿Y qué dirían los escoceses con falda de todo esto? Está claro… pensar que una mujer sólo puede llevar falta SÍ es sexista.  ¿Qué hacemos, les ponemos dos bolitas para simular los pechos a las mujeres?

Y digo más: ¿En serio me estáis proponiendo ejemplos como estos?

– Los médicos -> el personal sanitario.

– Los bomberos -> “Eso” que apaga fuegos (eso, género neutro).

– La policía -> Aquí no os quejaréis, pero también hay policías varones.

– La Monarquía -> Aquí tampoco, y a Juancar tampoco se le ocurre quejarse.

– Los abogados -> Quien te saca de líos si estafas.

Por último, ¿no os dais cuenta de que “el alumnado” sigue siendo un nombre en masculino? Qué hacemos al respecto, ¿inventamos un género neutro para este tipo de conflictos, como puede que algún idioma ya esté haciendo?

Tonterías a un lado, creo que lo mejor sería aceptar las cosas. NO creo que haya un sexo superior (aunque si yo tuviera que elegir uno creo que diría que son las mujeres quien acaban mandando), y es absolutamente estúpido emperrarse por ver problemas donde, en este caso, no los hay.

Lo dicho amig@s, amigxs Bolonios, o como puñetas queráis llamarlo. Si lo de Bolonia os salió mal, poneos a estudiar y no perdáis tiempo en cosas absurdas como ésta. Porque los realmente sexistas sois vosotros.

Y ya está 🙂

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Saber las cosas antes de que ocurran

Hoy hablaré de un experimento que oí comentar en la tele hace algunas semanas:

En una mesa hay una bombilla que se encenderá en determinados momentos. Una persona se sienta a la mesa, y observa dicha bombilla. Lo que se pretende es observar la actividad cerebral de esa persona, y ver cómo va evolucionando durante la prueba.

Los resultados fueron curiosos: Justo antes de que la luz se encendiera, se observaban cambios en las gráficas. Era como si la persona “supiera” de algún modo cuando se iba a encender la luz. Como si pudiera presentirlo.

Imagino que no se habrá probado con mucha gente y con muchas repeticiones, así que los resultados no son significativos, claro está. Pero me pareció muy interesante ver todo aquello.

A raíz de todo esto, estuve pensando en una cosa, os cuento:

Algunas noches, sueño que suena un despertador justo cuando suena el de verdad. De manera que, en lugar de despertarme, intento apagar el despertador del sueño, pero no lo consigo. Le quito las pilas, lo golpeo contra el suelo, lo tiro por la ventana… Pero es inútil, sigue sonando. Y la explicación es simple: lo que estoy oyendo no es el despertador del sueño, sino el real. Sólo cuando razono eso consigo despertarme, porque es el momento en el que mi cerebro deja de soñar y se pone “en funcionamiento”.

Así que, visto aquel experimento, me planteo algunas dudas:

¿Qué va primero, el sueño o el sonido? Es decir: Cuando el despertador está sonando, ¿mi cabeza inventa un sueño que “cuadre” con el sonido? ¿O es que mi cabeza “sabe” que va a sonar antes de que ocurra, y por eso inventa el sueño?

Sería estupendo poder saber las cosas antes de que ocurran. ¿O tal vez no? Podríamos aprovechar mejor las cosas buenas, y evitar, en la medida de lo posible, las malas, pero la vida perdería su emoción.

Con estas y muchas otras dudas, me despido por hoy, que hay sueño.

Y ya está 🙂

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Sobre los cambios de estado diré…

Ayer mientras cenaba mi tradicional bocadillo de lomo, bacon, queso y huevo me vino a la cabeza una de mis grandes curiosidades de niño: LOS CAMBIOS DE ESTADO.

Todo el mundo sabe que a temperatura ambiente, las cosas pueden estar en estado sólido, líquido y gas. Y también sabemos que con cambios de temperatura podemos hacer que un líquido pase a gas o a sólido, y demás chorradas varias que creo que cualquiera ha podido observar. Hasta aquí todo normal, pero por si acaso ilustraré un poquillo la idea:

– Los hielos en los cubatas se acaban derritiendo (por calor), y de ahí que haya que beber rápido, porque si no no está tan bueno.

– Si meamos en la nieve, se hace un agujero en ella, porque una parte se derrite con el calor de nuestro “pipí”.

Los ejemplos son ilustrativos, fáciles, baratos y para toda la familia.

Ahora viene lo que me llama la atención:

A temperatura ambiente, el oxígeno es un gas. Pero si lo comprimimos (eso es tema aparte) o lo enfriamos, podemos conseguir que pase a ser líquido. Y con mucho más frío, ¿podríamos tener un cubito de oxígeno? La teoría es aparentemente fácil, y la respuesta debería ser afirmativa. Lo que pensé ayer con aquel buen bocadillo en la mano es que, tal vez, para conseguir un cubito de oxígeno haga falta bajar de los -273º, cosa que se sabe que es imposible, porque es el “cero absoluto”. Y si no con el oxígeno, podría pasar con cualquier otro gas (o no).

Si nos vamos al otro extremo, una mesa, un portatil, o por ejemplo una zanahoria son sólidos.  Igual que el metal o el cristal, imagino que se podrían convertir en líquidos si los calentamos lo suficiente. Y aquí vino mi paranoia. Imaginemos un personajillo que viva normalmente a temperaturas de millones de grados… ¿Podría estar respirando patatas evaporadas?

Claro, este tema da para pensar un ratillo… En el momento en que pensabaSob en patatas gaseadas, el camarero pasó a mi lado. De modo que pensé: ¿Sería posible calentar a una persona (no malpensemos, señores, que sois unos hormonaos!) y bebérnosla?

Pensar esto no fue buena idea, porque mientras tragaba aquel sabroso bocado, noté mis tripas que hacían burbujitas. Por miedo a “descomer”, decidí mirar a una bella dama morena, con escote generoso que había 4 mesas más allá, y todos mis males terminaron.

No pongo más ejemplos, que este último ha sido un tanto desagradable. Pero si os aburrís en el bus, podéis darle al coco y dejarme vuestras conclusiones.

Con esto me despido por hoy.

Y ya está 🙂

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Terabytes de mente

Estos días venía dándole vueltas a algo. Ya se lo comenté a  varias personas, pero he seguido pensando en ello en algún ratillo de vuelta a casa.

La pregunta es simple, aunque puede hacerse de varias maneras:

¿Cuánto ocupa una mente humana? ¿Cuántos DVDs harían falta para hacer una copia de todo lo que tenemos ahí? Hay mil formas más de plantearse esto, y es una pregunta aparentemente tonta, pero, me dará para unos cuantos posts, seguro.

Porque, analicemos. ¿Cuántas cosas tenemos ahí guardadas? Demos un repaso.

Nombres de personas conocemos muchos, y a cada uno le asignamos una cara y un cuerpo, o varias si conocemos varios Anacletos, por ejemplo. Además, a una persona la reconocemos igual de frente, de perfil o de espaldas (jojoj no pensemos mal, ya habrá tiempo para ejemplos obscenos). Reconocemos su voz aunque no la veamos, e incluso para algunos afortunados, podemos intuir su presencia sólo por el olor que haya en el ambiente. 🙂 Todo esto hay que almacenarlo.

Lo mismo pasa con las cosas, solo que es más curioso aún. Además de su nombre, tenemos una imagen mental del objeto. Pero todavía más allá, hay propiedades variables que no nos confunden a la hora de saber que una silla blandita y limpia, es igual de silla (aunque más apetecible) que una silla sucia y con pinchos en el “apoya-traseros”.

Todo el mundo conoce su dirección, (aunque con alcohol en vena quien la suele conocer es el taxista y/o amigo que nos lleva hasta el portal) su teléfono, muchos nombres de calles, teléfonos de amigos, nombres de ciudades y un largo etcétera de cosas, más o menos útiles, pero que por lo que sea, no olvidamos.

Por supuesto, hay infinidad de acciones y conceptos que también conocemos, ya sea como “palabrejo extraño que hemos aprendido”, o porque realmente sabemos hacer/utilizar: correr, saltar, comer… En el mejor de los casos, “celebérrimo” ocupa una pequeña porción de nuestra memoria. Pero es obvio que todo el mundo come, y que comer es igual si lo que llevamos a la boca es una manzana, un moco, o cualquier otro objeto de cualquier forma, tamaño, textura y procedencia (no, no malpenséis, que todavía no es mi intención).

Y claro, la cosa se complica cuando metemos en el ajo a las emociones. Además de conocerlas, por alguna extraña razón se agarran a la imagen mental de una persona-cosa-lugar, cual recien nacido (o no tan recien nacido) a la teta de su madre (o de alguna jovenzana). Esto es, si una noche nos vamos de farra, y después de los 4 o 5 cubatas nos bebemos 10 chupitos de tequila, la resaca será espectacular. De modo que nuestro recuerdo del alcohol, se verá negativamente afectado. Aunque todo hay que decirlo, este sentimiento de rechazo no será inconveniente en absoluto la próxima vez que salgamos por ahí. Pero este no es el tema que nos ocupa.

Al final, ¿cuánta información tenemos acumulada? Notemos que un mp3 de calidad mediana, son unos 4 Mb para 4 minutos o así de canción. Y por cierto, podemos reconocer un buen puñado de canciones.

No puedo ni imaginar la cantidad de espacio necesario para almacenar sólo lo que 1 persona guarda en su cabeza, lo que sí que tengo claro es que me alegro de que todo eso no pese, porque si no no habría dios que fuera capaz de dar un paso.

En fin, tengo más preguntas relacionadas con este tema, pero lo dejo para siguientes posts, o este se hará larguísimo.

Y ya está 🙂

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Tener mala memoria a veces es bueno

Ya llega la primavera, y con ella el buen tiempo, las horas en la terracita del Ada, los escotes generosos sustituyendo a las mil capas de abrigo. Llegan los pasos de ecuador, los fines de carrera, las alergias y picores, el alboroto hormonal y un buen puñado de cosas más.

Pero bueno, al meollo.

Vamos con una pequeña sorpresa que me llevé el otro día. Pongámonos en situación:

Como todos los años por estas fechas, llega el calor, y cambiamos el abrigo gordo de invierno por ropa un poco más fresca, que habíamos guardado en el armario cuando empezaba a hacer frío. Salimos a la calle y paramos en un cruce con el semáforo en rojo para los peatones. Mientras esperamos, metemos las manos en los bolsillos y entonces, ¡¡TATACHÁN!!

¿Qué encontramos? Un billete de 5 euros que en su día habíamos guardado ahí y habíamos olvidado retirar después. Con los malos tiempos que corren, y ¡nos encontramos este dinerito! Menudo lujo :-O

¿A quién no le ha pasado esto nunca? Creo que todos habréis tenido alguna vez una sorpresa como ésta, y sabréis la ilusión que hace cuando notas esa textura en la punta de los dedos. Qué gustazo, qué cosas, qué cosas más curiosas. Cuánto “qué”, qué de chorradas digo, y qué cantidad de chorradas las que pienso y me callo. JOJOJJ

/*    BREVE INCISO: Un chiste que acabo de oir ahora mismo en la tele.

– Mamá, mamá, en el colegio me llaman surrealista.

– ¿Ah, sí? ¿Y tú que les dices, hijo?

– ……   “Caballo”.

(Esto ya no forma parte del chiste —-> JAAAAAAJAJAAAJJAAJJAAJJAAJJA)

FIN DEL INCISO      /*

Bien, sigamos. Es que me he estado escojonando un rato, y claro, tenía que compartirlo.

Realmente la historia no tiene nada del otro mundo. Nadie ha puesto en el bolsillo ese dinero para mí, y tampoco ha surgido de la nada. La explicación es algo más simple: Ese dinero estaba ahí, pero yo no me había dado cuenta. En cualquier caso me alegró.

Claro que, como no podía ser de otra manera, luego estuve pensando sobre esto. Si me llevé la alegría por haber encontrado ese billete, seguramente será porque otro día me llevé el chasco porque no lo encontraba, ¿no? Juasjuas, lo bueno es que ese chasco me lo debí llevar hace bastantes meses, y de eso ya no me acuerdo. Olvido/pierdo tantas cosas a lo largo de un año -véase mecheros, mismamente-, que el disgusto por aquellos cinco euros me debió durar lo que me costó ir al cajero y sacar otros diez. O tal vez no.

Pero bueno, a disfrutar mi billetillo hasta que dure.

En fin, es tarde así que, con la ilusión de que esos cinco euros sean 500 la próxima vez, me despido por hoy, mis queridos “padaguanes”.

Y ya está 🙂