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Agujetas vs Resaca

Mi fin de semana ha empezado ya, porque mañana no tengo clase, jejejej. Así que me he pegado toda la tarde con uno de mis «jobis»: Trastear con la web. Ahora resulta que estoy aprendiendo a manejarme con PHP y bases de datos, cosa que pensé que nunca me interesaría despues de las prácticas de FyBD.

Pero bueno, en los descansos pensaba en pijadas (para variar), y he estado un rato reflexionando con esta:

Quien inventó el deporte inventó las agujetas. Y quien inventó el alcohol debía ser amigo suyo, porque hay que ver si se parecen!

Parecidos que he estado viendo, tras largos años de experiencias:

1. Si tienes agujetas estás «apañao». Si tienes resaca… también.

2. Las agujetas surgen como resultado de excesos positivos de deporte (véase unas horas de intenso sexo con alguna fémina dispuesta). La resaca también, véase una noche de farra con los colegas.

3. Las agujetas pueden surgir como resultado de excesos negativos de deporte, como en el caso de haber tenido que correr delante de los antidisturbios en una manifestación. Con la resaca pasa parecido, cuando nos ponemos «hasta el c*l*» de beber chupitos para olvidar a una doncella.

4. Con agujetas no nos podemos ni mover. Con resaca… poder podemos pero… de la cama al baño para vomitar.

5. Una persona orgullosa nunca admitiría a su «fémina» que tiene agujetas después de la última noche erotico-festiva. Y tampoco admitiría que tiene resaca delante de sus amigos (un fiestero super es quien puede salir de barra, ponerse hasta arriba y estar nuevo al día siguiente)

6. Una persona quejica pondrá como excusa las agujetas si no quiere trabajar. También lo hará una persona resacosa.

7. La resaca se va con alcohol, las agujetas con deporte suave.

Bueno también he visto algunas diferencias, como pueden ser:

1. Con resaca… te huele el aliento a alcohol, tanto que podrías tumbar a alguien. Con agujetas no, sólo resultas cómico por tus andares.

2. Una resaca PELEONA, te puede durar día y medio. Unas agujetas como dios manda, a mí me han durado una semana.

3. Una resaca rara vez te sale gratis si no eres mujer, que a ellas les invitan. Unas agujetas sí.

Mmmm… qué malo es cuando tienes mucho que escribir pero se te olvidan las cosas… Tenía como 5 o 6 cosillas más, pero no me acuerdo, así que ahí queda. Espero que con esta lección de parecidos y diferencias, sepáis distinguir un poco mejor qué significa cada uno de los conceptos anteriores, y veáis cuál os conviene más sufrir.

Con la satisfacción de enseñar a mi séquito, me despido por hoy.

He dicho. 🙂

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Comía mocos por doquier

Qué tiempos aquellos, en los que Rigodesio comía mocos…

Pues sí, eran el cuarteto perfecto: Rigodesio (Rigo, en adelante), los mocos verdes, los rojos, y los amarillos. Allí estaban los cuatro, día tras día, compartiendo experiencias. Con buen tiempo, con lluvia, frío, o un calor que tetorras te torras, nuestro amigo Rigo siempre sacaba un momento en que nadie le viera para meter su dedo índice en cualquier agujero nasal y deleitarse un día más con el increíble sabor de su tesoro de colores.

Un día algo pasó, y de repente sus mocos rojos y amarillos se volvieron naranjas. Ya nunca pudo sacarse uno rojizo como hasta entonces, sino que siempre le salía uno más gordote y naranja. A nuestro joven protagonista no le hacía mucha gracia, pero decidió que «a falta de pan buenas son migas», y que a falta de mocos rojos, mejores son los naranjas.

Así que la vida siguió, feliz con la nueva situación. A cualquier hora seguía degustando sus pequeños y redonditos placeres, de modo que los días pasaron, y pasaron, hasta que de repente…

Su nariz debió alterarse, porque ahora sólo veía mocos marrones. ¿Qué pasaba con los rojos, verdes y amarillos? Ahora salían de un color marron parduzco, que no le gustaba nada. ¡Además sabían fatal!

Buscó posibles explicaciones. ¿Por qué ahora ya no le sabían tan ricos y jugosos? AAARRRGGG.. ¿Habría madurado? ¿Habría pasado de ser un niño comemocos (como todos a esa edad) a ser un adolescente con ganas de farra y alcohol, que pasaba de los mocos definitamente?

Afortunadamente para nuestro amigo, los mocos verdes volvieron un buen día, esta vez de un color más brillante y llamativo, y con un sabor especial, que le hizo olvidarse de aquellos mocos rojos y amarillos, que ahora recordaba insípidos. «Sería que se me resecó la nariz» – se decía nuestro amigo.

Bendita niñez, qué felices somos durante esos años, qué parras, qué ignorantes… Lo mejor (y/o lo peor) de todo es, que tarde o temprano maduramos, y decidimos que igual que sacarse mocos es algo asquerosillo y que a la gente no le gusta, hay más costumbres que debemos dejar atrás, para emprender otras nuevas.

La moraleja de hoy, mis queridos frikis, es:

«Disfritad el día a día, porque si hoy os sacáis mocos y jugáis a los Playmobil, mañana estaréis con 5 septiembres, recluidos en casa y sin acordaros apenas de lo jugosos que os sabían aquellas bolitas verdes, mientras jugábais en la bañera con el barco pirata».

He dicho.

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La chica triste del 51

El otro día volvía a casa con el 51, y reviví momentos vividos -vistos desde perspectiva diferente esta vez- hace algún tiempo.

En la parte de atrás del autobús, en los asientos del fondo, esos que son 4 enfrentados, había una chica sentada sola, sin nadie más alrededor. Aparentemente nadie se había fijado en ella, delante había una señora mayor mirando por la ventana hacia la derecha, y un poco más adelante había una pareja de inmigrantes (subsaharianos diría), hablando en su idioma mientras se reían de sus cosas.

Esta chica, sola en aquel asiento, me llamó la atención porque tenía la mirada perdida, la boca triste, y los ojos llorosos. Miraba de vez en cuando hacia la zona del conductor, como pensando «Me habrá visto alguien así?». Pero nadie la veía, excepto yo, que la miraba con disimulo cuando ella no se daba cuenta.

El caso es que, me fue imposible saber qué edad tendría exactamente, diría que un par de años menos que yo. Y era guapeta la muchacha. Creo que, de haberla visto sonriendo habría salido de aquel autobús pensando «¡Pedazo de sonrisa que tiene la rubia!» (Jejej, el resto de su anatomía también la hubiera observado con igual o mayor detenimiento, claro está). Pero no, algo gordo le debía haber pasado, y lógicamente ni lo sé, ni podía preguntarle. Tal vez le hubiera pasado algo a algún familiar de fuera, porque bajó en la parada de la estación y entró dentro andando deprisa.

Me recordó bastante a «un amigo mío» (como el amigo de Picorel que se durmió en un parque :-P) hace un año y pico, y me hizo pensar: «Acaso en aquellos momentos en los que mi amigo iba así en los autobuses había algún/a friki pensando en lo que le pasaría, o en «la posible sonrisa bonita» que debía tener?

De la misma forma que yo no me acerqué a aquella chica, tampoco lo hizo nadie tiempo atrás, así que, tanto yo el otro día como «el supuesto friki» del año anterior, nos quedamos sin saber lo que le pasaría a «la persona tristona con sonrisa posiblemente bonita».

No es gran cosa pero… me llamó la atención, y como siempre que me pasa eso, tengo que escribirlo aquí.

Nada más por esta noche, seguiremos informando.

He dicho.

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La esperanza no ha de perderse

Ayer fui al partido a la Romareda. Un partido bastante decisivo: Real Zaragoza – Deportivo de La Coruña.

Hubo ocasiones mil para golear, el Zaragoza no paró de tirar, pero el balón se resistía a entrar. Con cada disparo todo el estadio pensaba “Esta sí, esta sí”, pero en ese momento algo fallaba, y el esférico no cruzaba la línea de gol.

Así fueron los 90 minutos, entretenidos, intensos, pero sin goleada. El Deportivo apenas tiró un par de veces, y se encerró en su área. La gente empezó a desesperarse.

Al partido se le prolongaron 4 minutos, que prometían ser agónicos. Necesitábamos al menos un gol para seguir pensando en la primera división, y si en 90 minutos no lo habíamos conseguido, nada hacía pensar que en 4 fuera a cambiar la cosa. Así que, como todos sabíamos, llegamos al minuto 93 y medio, cuando de repente… Falta cerca del area visitante.

El saque fue UNA MIERDA, hablando claro. Hubo un rebote algo extraño, y cuando el balón iba a salir por la línea de fondo, Sergio García la paró, y le regaló un balón cantado a Ayala…

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Sí, en el minuto 94 el Zaragoza había marcado el gol que le daba los 3 puntos. La alegría se apoderó del estadio en lo que fue la celebración más larga que recuerdo.

Pues así fue.

Ese partido me pareció como la vida misma. A veces nos esforzamos en hacer las cosas bien, pero no hay forma. Sieeeeempre pasa algo que tira nuestra ilusión al suelo. Pero, ¿qué hay que hacer? Ser cabezón, y seguir intentándolo hasta que salga. Cada fallo nos abre un camino nuevo que a lo mejor no habíamos planteado, y una oportunidad de conseguir que el próximo intento sea el bueno.

Nada, a aplicarse esto en todos los ámbitos de nuestra vida, paciencia y ánimo. (Véase en los examenes, que están al caer, y la enculada puede ser fina como no me ponga manos a la obra YA).

Con la ilusión de haber amortizado el PASTÓN que cuesta mi abono, me despido…

He dicho.

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Gran mujer…

Creo que este va a ser la primera vez (y espero no tener que hacerlo muchas más veces) que escriba algo en serio SERIO desde que empecé con el blog.

Y es que me parecía importante hacerlo. No sé, la idea de este blog es que fuera mi medio de liberación, una forma de olvidarme de las cosas de la vida, y también (por qué no), un sitio donde escribir mis chorradas y reírme un rato.

Esta vez escribo sobre una persona muy especial, una segunda madre. Alguien que siempre me ha escuchado, de quien he aprendido un buen puñado de cosas, y sobre todo, alguien que a pesar de todos sus dolores, siempre ha tenido un ratillo para reírse conmigo, darme consejo, o simplemente contarme historias de su vida.

Hace poco estuve malo en la cama una semana con un dolor impresionante, que no me dejaba ni dormir. Tenía un humor de perros, no quería hablar con nadie, gritaba… Y sólo fue una semana. Ella tuvo dolores mucho peores que los míos durante muchos años, pero siempre tenía una sonrisa para mí.

Había una gran complicidad entre nosotros… yo siempre le contaba las notas que me daban del CPS antes que a nadie, y ella lo guardaba en secreto. Igual pasaban 2 semanas y la mujer sin decir ni una palabra. También “engañábamos” a mi abuelo y le dábamos de cenar un huevo pasado por agua hueco…

Podría pegarme horas hablando y hablando de mi abuela, pero sólo quería escribir un pequeñísimo recuerdo, por si donde está hay internet. Que visite mi blog y vea que me acuerdo de ella. Ahora me encantaría ser creyente, y saber que está por ahí con San Pedro, a puntito de entrar a un sitio perfecto y feliz (y con una conexión de la leche para entrar en mi blog y leer esto). No es el caso, pero al menos me siento mejor escribiendo estas líneas.

No me enrollo más, simplemente…

UN BESAZO, ABUELA.

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Guerra con la cuchilla

Afeitarse…

Es un verdero coñazo. Cada X días tienes que cumplir con tu habitual compromiso, y realizar el ritual completo frente al espejo.

Primero te pringas la cara con la agradable y perfumada espuma de afeitar. No… esta parte no es irónica, realmente me gusta la espuma. Después, con mucha paciencia empiezas a hacer pasadas, procurando no apretar demasiado, porque como no tengas cuidado te metes cada corte “pa flipar”.

Y luego ya opcionalmente, te aplicas “Aftersei”. Eso no sé exactamente lo que hace, pero yo no me lo pongo porque escuece que no veas. O eso o yo tengo el cutis más sensible sobre la faz de la tierra.

Pues bien… Hay veces que entramos en conflicto difícilmente solucionable con la cuchilla de afeitar. Este extraño artilugio tiene la facultad de dejarnos más bellos, pero también la cansina costumbre de dejar cortes en tu piel. De igual forma que las monedas tienen cara y cruz, la cuchilla nos pone guapos y nos deja cortes.

Vale, hemos dejado la cuchilla a un lado. La barba empieza a crecer, lo que significa un nuevo abanico de posibilidades en nuestra vida. Hay féminas que sienten una atracción fatal por la gente con barba. Coloquialmente hablando, LES PONE. Pero en cambio… perdemos algo importante como efecto colateral, y es la espuma.

La espuma, (me permito repetir la palabra otra vez más aún)… Reconfortante y perfumada, relajante… Mientras no nos afeitemos, y en muchos casos la decisión de dejarse barba es tomada pensando a largo plazo, no disfrutaremos de la espuma. Podemos echárnosla sin afeitarnos pero… no es lo mismo, no señores.

Existe otro efecto secundario, aunque como su propio nombre indica, secundario. El “Aftersei”, ese frasquito de líquido que escuece bastante, y que para muchos es algo intensamente ligado al afeitado, aunque no para mí. Que tengan en cuenta esto los que lo utilicen.

Y ya para terminar, habiendo explicado los hechos y sus consecuencias, aquí está la conclusión (o pregunta retórica) que saco de todo esto:

¿Realmente nos afeitamos porque queremos estar más guapos? ¿Lo hacemos porque queremos disfrutar de la espuma y el “Aftersei”? ¿Ganamos afeitándonos? ¿Qué y cuánto exactamente perdemos si dejamos de hacerlo?

Deja de afeitarte y te picará la barba, ligarás más con otro sector femenino pero perderás el disfrute de la espuma. Afeitate y mediarás a diario con ese arma de doble filo (la cuchilla) y el “escocedor” (el “Aftersei”).

Una noche más, y con barba de dos días… He dicho.

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