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Anda a Cascala!!!!

Así son las cosas y así te las he contado

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Colega, ¿dónde están mis “espaguetis”?

Siguiendo con la dinámica de “Colega, dónde está…”, os voy a contar la última de mis andanzas por Suequen-Land (Rivendel, tierra de rubias).

Con los horarios que llevo, hacerme unas buenas lentejas, garbanzos, o algo que requiera más de 20 minutos de mi valioso tiempo resulta algo complicado. Porque, veamos:

1. Si me levanto pronto, me voy a clase y vuelvo a las 2, querré comer antes de las 3, por tanto no puedo perder tiempo. Si a eso añadimos que a las 4 suelo tener lavandería, te queda una hora para comer.

2. Si me levanto a mis horas normales, esto es, entre las 2 del mediodía y las 5 de la tarde, si quiero comer antes de merendar, o alguna otra combinación medianamente lógica, tampoco puedo perder mucho tiempo en cocinar. Eso sin contar la lavandería, que asumiendo que llego a tiempo en este caso, me deja comer tranquilo no antes de las 5 de la tarde. COMER, sí, y recuerdo que la hora de cenar en Suecia está entre las 6 y las 8 de la tarde, apenas 3 horas después de levantarme yo.

Voy a pasar esto por alto, y también el hecho de que llevo 5 DÍAS ENTEROS sin ver la luz del sol, (literal, cuando me levanto ya es de noche, :-D), y vamos a lo que realmente importa ahora. La comida.

No soy muy fan de la comida precocinada, engorda un montón, y quita el mérito a la frase “Qué buena está la comida hoy!”. Así que, por lo general, lo único precocinado que como son caldos por las noches, y alguna que otra pizza. El resto me lo preparo yo.

El otro día pensé, que por no perder tiempo, sería buena idea comprarme unos “espaguetis” a la carbonara ya preparados, de esos que se hacen en 5 minutos. Oye, no salía caro y se preparaba en un “plis”. Pues nada, días más tarde, hoy concretamente, que me he levantado a las 5 de la tarde (y no hablo de la siesta), he ido a prepararme la comida.

El sobre de pasta decía esto: Italiensk Bolognese Spagettikastike

Aquí tenéis la foto:


Spageti


Peeeeero, justo entonces me ha parecido ver algo extraño, como podéis ver a continuación. Espero que se aprecie. Tal vez si no sois unos genios culinarios como yo, no veáis el problema. Necesitaréis preguntar a padres, tíos, abuelos, a Arguiñano… No os preocupéis, a veces pasa:


Spageti_sin


Por si no lo habéis conseguido averiguar, no hay pasta, sólo polvo para hacer la salsa. Tampoco hay carne, no. Aunque lo de la carne lo esperaba, y por eso había puesto a descongelar ternera picada que tenía en el congelador.

Bien pudiera ser que estuviera equivocado, y en realidad la pasta estuviera debajo del polvo que se veía. De modo que, con sumo cuidado he procedido a la inspección de la materia alimenticia, o sea, he metido la mano a ver qué pasaba por ahí dentro.

Sorpresa: NO HABÍA PASTA, y por supuestísimo, tampoco ternera. Menos mal que tenía macarrones, porque si no, menudo chandrío 😀 … El resultado, he comido a las 6 de la tarde, ni más, ni menos.

Esto me plantea varias dudas:

1. Si en el título pone Spagetti, ¿dónde están los espaguetis? Por si mi conocimiento del sueco me había traicionado, he buscado las palabras en el traductor, juntas, separadas, bailando … Italiensk es fácil. Spageti también. Pues lo otro (Kastike) no existe :-D…

2. Si en el sobre aparecen espaguetis, ¿por qué dentro no? Coño, si compras un coche por catálogo te esperas ese coche, no un triciclo, o dos ruedas y ya está. Pues igual los suecos eso no lo saben bien.

3. Había más dudas, pero mientras hablaba con la joven doctora, y ella se reía de mí, he olvidado la mitad.

En cualquier caso, manda huev*s… ¿Lo harán para burlarse de mí? Igual en España pasa igual, probablemente sí. De hecho la marca es internacional y conocida en España. Así que esto no es un intento de burla hacia Rivendel, sino hacia mi bendita inocencia 😀

Por hoy me despido, que mañana quiero levantarme antes de que anochezca. Son ahora mismo las 5:22 de la madrugada, en 2 horas y media amanecerá. Y en 11 anochecerá. ¿Habrá suerte esta vez?

Hasta la próxima, jovenes padaguanes.

Y au 😀

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Colega, ¿dónde está mi casa?

Esto es una gozada… la enculada acabó, y las fiestas se sucedieron. ¿El balance de los exámenes? Pues de momento una aprobada, y la otra con posibilidades bastante buenas, la verdad. Así que, si todo va bien, me habré sacado en mis 3 meses de estancia, el equivalente a 5 asignaturas cuatrimestrales Cepesianas. No está nada mal, no 😀

Dejando a un lado la fiestorra en Flemingsberg y las repetidas fiestonas en el crucero (¡¡QUE VIVA GÜELINTÓN!!) con visita a Tallín, que por cierto me encantó, hoy os voy a contar algo que me ha pasado hoy.

El caso es, aunque me cueste creerlo, que 3 meses después de mi llegada a Rivendel, hoy me he vuelto a perder otra vez. Os comento:

Empezada mi operación “Cambio Radical”, me he levantado a las 8 y media, y he ido a clase. He comido ligero, no he almorzado, y a las 5 y media de la tarde, cuando empezaba a anochecer, he decidido irme a dar un paseo para ver un poco de la ciudad. He sacado un plano y he decidido una ruta mientras despedía a Paula.

El recorrido parecía bonito, eran alrededor de 45 minutos por la orilla de un río, que yo he imaginado con embarcaderos, barquitos, farolas y suelo de madera. El recorrido acababa en Vreten, la parada anterior a la mía, en la línea azul.

Al salir de casa con mi gorro estonio, me he encontrado el primer “jandicáp”, obras. Vale, no pasa nada, cruzamos de acera y  seguimos con el plan previsto.

Pero no… las cosas han seguido torciéndose. Mi apacible caminata me ha llevado por un polígono industrial lleno de naves, más y más obras, y muchas hamburgueserías. No me he comprado una de milagro.

Me he debido acercar a un aeropuerto, porque no paraba de ver aviones a cuyo piloto casi podía ver la cara de lo cerca que pasaban. Y al final, he visto algo que me ha matado: Un letrero en la carretera que anunciaba un desvío a Solna…

¿Solna? Eso esta a tomar por C*L* de mi casa (en otra línea de metro, pa entendernos). Así que he cogido ese desvío y he rezado todo lo que he podido para no alejarme todavía más :-D.

Por el camino he encontrado a un hombrecillo autóctono, y he procecido, con el mejor inglés posible a preguntarle cómo llegar a Solna Centrum, la estación de metro más cercana, en teoría. En inglés, en sueco, e incluso escribiéndole el nombre en el móvil, lo único que he conseguido que me diga es:

Tack så mycket: Muchas gracias (acompañado de un toquecito en la cabeza, y una media vuelta)

Así que nada, he mirado en una parada de bus, donde había un plano. Sin tener ni idea de donde estaba, era difícil elegir el camino por donde ir. Mi estrategia ha sido mirar qué autobuses paraban allí, y buscar esos números en ese plano. Había 8 opciones posibles, y he tenido que elegir una a pito-pito. Gracias a dios (a mí, claro está), ha habido suerte.

El resultado han sido 90 minutos viendo polígonos industriales y coches. Preciosas las naves, oye, y sólo en el doble de tiempo de lo previsto. No sé cómo, he acabado en Vreten, por fin algo ha salido como tenía que salir, jojojojoj.

Por eso me gustaría mandar un cariñoso saludo (y deseo de impotencia) a mi amigo el autóctono. No me creo que no me entendiera, y menos después de haber estado discutiendo si “mañana” empieza a las 12 de la noche o no, cuando la joven doctora vino a visitarme. Los suecas están  MUY buenas, pero son unas rancias. Los suecos… son sólo rancios. Alguno se salva, sí, pero en general es mi impresión. Si dije lo contrario hace tiempo, me retracto públicamente.

Dicho esto, y con 6 días y luego 8 más por delante, me despido por hoy, jóvenes padaguanes.

Y au 😀

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El juglar del bus de vuelta

Pues ya estoy aquí otra vez. Este mes apenas he escrito, pero irse de Erasmus te obliga a pegarte unos viajes de coj*n para despedirte. Primero fue Estambul, luego fue la playa con la joven doctora, y ahora toca irse al pueblo a pegarme los últimos chuzos antes de emprender mi huida 😛

La vuelta de ayer, que es lo que me apetece contar porque yo lo valgo, fue de lo más curiosa.

Todo empezó a las 10 de la mañana, cuando la joven doctora y yo pensábamos levantarnos para disfrutar de nuestro último baño en la playa. Como era de esperar, el móvil fue puntual y nos despertó. Pero una mano, no recordamos  si mía o suya, apagó las sucesivas alarmas que sonaron. Así que nos despertamos a las 12 y con día nublado, y de playa ni hablar.

Tuvimos cerca de 5 horas para hacer maletas, comer, recoger el apartamentillo y salir. Pues, como era de esperar dado el par de desastres que nos hemos juntado, llegamos al bus de milagro, porque se retrasó unos minutos :-D… Aún con la comida en la garganta, nos sentamos en el bus, en lo que deberían haber sido 3 horas de viaje de vuelta.

Pues no… no lo fueron. El autobús se recalentaba, y el conductor tenía que parar cada 20 minutos o así. Un total de cinco paradas hasta que conseguimos llegar a la Estación Delicias, una hora después de lo previsto.

Lo bueno fue, que a 20 minutos de Zaragoza, un joven de 82 años se animó y empezó a contar chistes. Medio bus estuvimos partiéndonos el culo por su amplio repertorio. Destacable, lo siguiente:

(Una mujer se confiesa):

– Padre, padre, confieso que he sido violada.

– No te preocupes, hija mía, eso fue contra tu voluntad.

– No, no, padre. Eso fue contra la pared.

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Un niño le dice a su madre cuando ésta salía de la ducha:

– Mamá, mamá, ¿qué es eso? (señalando “la zona del poder femenino”)

– Eso, hijo mío, es un garaje.

Otro día, encuentra a su padre saliendo de la ducha y le pregunta:

– Papá, papá, ¿qué es eso? (señalando “el norte de la brújula”)

– Eso, hijo mío, es un seiscientos.

En esto que se los encontró otro día, “zumbando” en la cama, y gritó:

– ¡Pero papá! ¡Acelera, que te dejas las ruedas fuera!

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Habiendo acaparado la atención de medio autobús, el joven de 82 años dijo cosas como:

– Fijate qué éxito con las mujeres… ¡medio autobús contemplándome!

– (respondiendo a una mujer a su lado): ¿De dónde vengo? ¡Pues con tanta parada ya ni me acuerdo!

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Soltó mil chorradas más, con mucha más gracia que la que pueda tener leerlas aquí, así que no me lío más.

La cosa es… ¿Y si fuera la empresa la que, al ver lo mal que estaba ese bus, puso allí a aquel hombrecillo gracioso y feliz? ¿Podría ser eso posible?

Porque joder, porque estábamos cansados, pero ya podría haber durado más el viaje, que me hubiera dado lo mismo 🙂

Con la felicidad de una semana de lo más entretenida, me voy a preparar la maleta, que esta noche hay que dejar el pabellón bien alto. Será mi último fiestón monrealero antes de mi exilio.

Y ya está 🙂

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Estambul: Mis impresiones

Ya he vuelto de Estambul…

No voy a empezar a contar lo que he visto y lo que no, que para eso hay unas revistas estupendas sobre turismo, que podréis encontrar en muchos sitios. Lo que sí que voy a hacer es comentar algunas cosas que me han llamado la atención de esa cultura.

En primer lugar, hablaremos de la conducción. Eso no tiene nombre, ni siquiera puede llamarse conducción. La gente conduce por donde quiere, no saben lo que son los Stop, ni los “Ceda el paso”. Cada uno va por donde quiere, sin importar los carriles, líneas continuas o discontinuas.

Los tranvías no siempre tienen carriles para ellos solos, sino que los comparten con coches, autobuses, gente andando con carros llenos de bolsas, o cualquier otro ser que quiera utilizar la calzada para cualquier menester.

Los coches no tienen problema en dar la vuelta en cualquier sitio, echar marcha atrás el trozo que consideren necesario o cruzarse de carril en cualquier momento. Y por supuesto, ante semejante caos, cuando alguien entorpece el camino, basta con un toque de claxon para que se aparte. Nadie se enfada si le pitan, porque un pitido allí no significa “CABR*N, QUITATE DE AHÍ” como en España, sino “Atención, voy a pasar, así que por favor, apártate un poco”.

Es increíble la paciencia que tiene allí la gente, no se enfadan, no gritan. Sólo piden paso con el claxon y el resto de la calle les hace hueco. Y lo que más me ha impactado es que no se ven accidentes a pesar de semejante caos aparente.

Otra curiosa es que la ciudad está llena de gatos por todos sitios. En cualquier calle, terraza, plaza o rincón hay gatos turulando. No hemos conseguido saber por qué están ahí, aunque suponemos que los dejarán vivir para que se coman a las ratas, o algún otro animalillo que pudiera ser molesto. Es genial, son como las palomas de Zaragoza, pero se les puede acariciar.

Más cosas… yo imaginaba mucha intolerancia en el tema religioso, como sí pasa en “nuestra” religión (la religión que hay en España, aunque para mí no sea mi religión). En el Vaticano pueden no dejarte pasar si llevas minifalda, cosa IMPENSABLE en las mezquitas que hemos visitado.

Ellos tienen sus normas para entrar a una mezquita, como por ejemplo que las mujeres tienen que llevar los brazos cubiertos, y nadie puede entrar con pantalones cortos “poco arreglados”. Pero si no tienes ropa adecuada, ellos te dejan unas telas para que te cubras y puedas entrar a verla. Eso me parece todo un detalle, que en la religión cristiana no he visto.

Y bueno, me los esperaba algo más machistas. Sigo sin entender por qué las mujeres aceptan ponerse pañuelos en la cabeza, o incluso taparse enteras excepto los ojos. Pero a pesar de eso, y al menos en la calle (no he tenido oportunidad de pasar una noche con una familia musulmana), son sumamente respetuosos con las mujeres. Cuando una mujer entra en un autobús, los hombres se levantan para que ella se siente, por poner un ejemplo. Les dan la mano cuando ellas se levantan, o para bajar del autobús… Se ve que las “miman”.

Mmmm… el comercio. Todo allí es vender, vender, y vender. No paran de ofrecerte cosas, de venderte la moto para que comas en su restaurante, los taxis te pitan para ver si quieres montar, todo el mundo es muy amable y cordial… Parece que todo es el turismo para ellos, y supongo que la razón será la cantidad de dinero metemos en el país los visitantes extranjeros.

No sé, es una cultura diferente. En algunas cosas me ha gustado menos que la nuestra, en otras más. En general, ha sido todo una grata sorpresa ver un poco cómo funciona esta gente.

Y a continuación, algunas frases célebres que me han soltado algún personaje:

– “… Qué pasa, eres catalán? Sólo quiero que huelas, no que compres” -> No quisimos oler un té en un mercado.

– “… Si quieren comprar, aquí engañamos menos” -> Un joven mercader nos gritó eso al entrar.

Y esta, mi preferida:

– “… el hijo de Muhrat, el soberano de los dos continentes, el dominante de los dos mares, la sombra de Dios en los dos mundos, el ayudante de Dios entre el Oriente y el Occidente, el heroe del mar y de la tierra, el conquistador de Constantinopla, Dios vendiga al Pais y lo glorifique, mas que a la Estrella Polar. ” -> Hablando de un Sultán.

En fin, creo que por hoy es suficiente, menuda parrafada os he soltado. Pero es que no sabía cómo partir esto en varios cachos, son cosas que me apetecía contar. Pero bueno, siempre podéis leer párrafo sí, y párrafo no, o directamente esperar a que otro día escriba algo menos coñazo.

Y au! 😀

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Piiiii … ¡La bici no!

¿Qué forma tan maravillosa de empezar el día! No… no es que haya echado un “mañanero” (a ver cuándo cae), ha sido algo más bien tonto, pero me he quedado como dios.

Es por mucha gente conocido que mi sueño es más que profundo. Puedes poner una bomba, reventar el timbre de mi casa, o pasar un camión a mi lado mientras duermo, que loixiyo no se despierta. Eso es así, y no sé si algún día cambiará.

Pues lo que ni 3 despertadores y una madre pesada consiguen, lo ha conseguido una señora a bocinazos desde la calle. Resulta que alguien ha aparcado en doble fila, y por eso no podía sacar el coche para llevar a su adorable hijita al colegio. De modo que la mujer ha decidido que reventar los oídos del vecindario era la mejor solución para que ese coche se desintegrara.

Hacia las 9 de la mañana y sólo 5 horas después de haber conseguido pegar ojo, estaba yo teniendo uno de esos sueños que nadie desea que acaben. ¡Qué poderío estaba demostrando! Y por algún motivo, me he despertado. Enseguida he visto la jugada. Así que, lleno de ira, he ido al balcón a toda velocidad, con gran instinto asesino.

He buscado como un loco hasta que he visto mi objetivo, estaba en la otra acera. Entonces he soltado un “chiflido”, (ttiiiiuuuuuuuuiiiii), y la mujer ha levantado la cabeza. He agitado los brazos, y cuando me he asegurado de que me miraba, le he gritado con cariño:

– ¡¡¡EEEHHH!!! ¡¡Pero ya está bien, C*PÓN!! (Caliz donde se guarda el agua bendita :-P)

La ruidosa aún se quejaba, así que he insistido:

– ¡¡ COJ*NES, pues llame a la grúa pero no moleste al personal!!

Total, que ha sacado a su hija del coche, y se han ido andando. La mujer estaba indignadísima.

En esto que he llamado por teléfono a mi hermano a su despacho (justo debajo) para contarle la jugada, y él se ha asomado al balcón también. Toda una escena, los dos hermanos uno en cada piso, hablando por teléfono y riendo a carcajadas. Y en ese momento, nuestra amiga ha vuelto. Había ido a buscar al conductor de un camión que estaba detrás del coche molesto. El camionero ha echado marcha atrás para que ella buscara un hueco. Y aquí ha venido el descojone, yo ya no podía más.

La mujer, en pleno ataque de pánico, ha empezado a zumbar al coche que tenía delante (ha sonado y todo, jojoj), y luego al intentar hacia atrás, a golpear a una bici que había aparcada. Y a mi hermano (otro que tal baila), no se le ha ocurrido otra que empezar a gritar también:

– ¡Nooooo! ¡La bici noooo! ¡Eeeehh! ¡Nooooo, la bici no!

Finalmente el dueño del coche se ha dignado a aparecer, y nuestra intrépida conductora ha conseguido irse. Así que, me he bajado a por un pincho de tortilla para celebrar el éxito de la operación.

Aquí acaban mis aventuras de hoy. No imagináis lo a gustísisisisisimo que me he quedado. Luego me daba pena la señora, pobrecica. Pero hombre, despertarme a mí tiene mérito, y MUCHO.

Ale, después de esta anécdota tonta que me ha alegrado la mañana, me voy a por un café y a prácticas con Barbie. ¡Qué mona ella!

Y au! 🙂

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Un día tonto lo tiene cualquiera

Ayer fue de esos días que recordaré una buena temporadilla. Y es que definitivamente Dios debía tener un mal día, y lo pagó con el pobre loixiyo, “pa variar”.

Ya por la mañana mi despertador se olvidó de hacer su trabajo, así que llegué el “cepese” cuando buenamente pude. Hasta aquí nada anormal, suele pasarme más o menos TODOS los días, así que no me preocupó en exceso. Lo bueno vino por la tarde.

Vine al CPS porque tenía clases de TAP con el señor Campos, de 15 a 16h. Pero en la comida me encontré son Sadoumeiquer, que me dijo que no había clase de TAP. Todo fue alegría, porque parece ser que me equivoqué con los horarios, así que en principio tenía dos horas más para hacer prácticas, que bien me iban a venir. Qué bien, oye.

Pero la primera sorpresa llegó de la mano de “la bella quiut”, cuando a las 15:21h me preguntó por qué no estaba en clases de Programación Concurrente. Después de unos segundos de asombro caí en lo que estaba pasando. Los miércoles no tengo TAP (Shadow tenía razón), sino que tengo Concurrente con el señor Ezpeleta. Ahora todo cuadraba, y por desgracia no era cuestión de entrar a clase 21 minutos tarde, teniendo sólo una hora.

Así pues, mi única razón para venir al “cepese”, que está en el culo del mundo, se me había ido al garete.

Pero no pasa nada, pensé. Tenía hasta las 7 para hacer prácticas, así que podía aprovecharlas. Así lo hice aunque, para mi sorpresa otra vez, no conseguí hacer absolutamente NADA, no me cundió.

Llegaron las 19h, tenía que salir al fútbol, y como tenía que pasar por la farmacia a hacer algún recadillo, salí un poco antes. En la farmacia, sorpresa de nuevo, aunque esta me la reservo, os quedaréis con la curiosidad, me temo.

Todo iba “bien”, tenía 40 minutos para coger un bus y llegar a la Romareda, que había partido de fútbol. En principio tiempo suficiente, excepto por el detalle de que 34000 personas estaban haciendo lo mismo que yo. Así que el autobús fue la fiesta padre. ¿Sabéis lo que es ver un semáforo a 50 metros y saber que vas a verlo ponerse en rojo por lo menos 3 veces antes de que pases por él? Pues eso me pasó. Vi abuelas adelantar al bus andando a paso de tortuga. Vi como el semáforo se ponía verde sin que ningún coche se moviera. Y una cosa que no vi, a la policía local regulando el tráfico. ¿Estarían poniendo multas por otro sitio? ¿En el bar del tío Paco echando unos pinchos de tortilla? A saber.

Al final, y después de ver mi parada 3 coches delante mío durante cerca de 14 minutos, bajé del bus algo indignado. Y al poco tiempo estaba sentado en mi asiento.

Algo que salió bien ayer fue que los seguratas de la Romareda no descubrieron el portátil que llevaba en la mochila. De ser así no me hubieran dejado entrar, por si acaso se me ocurría lanzar un “objeto contundente de 600 euros” contra algún espectador o futbolista. Es curioso que es más fácil meter al campo una navaja en el bolsillo que un ordenador portátil. Pero bueno, así son las cosas.

Del partido mejor ni hablo, menuda forma más estúpida de acercarnos a la segunda división, juasjuasjuas.

Y bueno, supongo que lo único bueno del día llegó a la noche, que me fui a cenar y tal. Cené en un chino, y después vi un “pagüerpóin” en el que troceaban a un hombre chino. ¿Sabéis cómo deja eso las tripas? Jojoj.

En fin, un día curioso con contratiempos inesperados. Un día tonto, que puede tenerlo cualquiera. Pero lo advierto, habrá revancha y no habrá powerpoint que me joda 😀

Ale, me voy a echar un cigarrito de rigor, que hoy SÍ que tengo TAP.

Y au 🙂