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Anda a Cascala!!!!

Así son las cosas y así te las he contado

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Colega, ¿dónde está mi trango?

Qué día más tonto he llevado, DIOS. Hoy, mi “parrismo” ha llegado a un punto sublime, a lo sobrenatural, a lo increíblemente íncreible.

Creía que no era posible, pero una vez más, he vuelto a sorprenderme. ¿A qué me refiero? Bien, contaré la historia.

Érase una vez un Loixiyo que una mañana … Vaya, dejémonos de tonterías. Esta mañana llovía a jarras, me he asomado a la ventana y hay que ver la que estaba cayendo. He estado dudando entre cogerme una capa o un paraguas, pero al final he decidido que como iba a coger el autobús, podía dejar las 2 cosas en casita.

Total, que he salido hacia el CPS. Hacía algo de fresco, pero eran las 9 y pico de la mañana, así que era de esperar que la temperatura subiera (…)

Pues bien, ya en el CPS, me he echado un cafelillo y un cigarro antes de entrar en clase. El joven ha empezado la explicación, y después de 50 minutos entretenidos (CompII es de las pocas asignaturas que me gustan, a pesar de que las prácticas sean INFUMABLES), ha llegado el descanso largo. Así que he recogido los bártulos, pero entonces…

Coño… ¿Dónde he dejado mi trango? He mirado en la percha, y no estaba. Estará debajo de la mesa…. No, no estaba debajo de la mesa. He salido pitando hacia la calle, pero tampoco ha habido suerte. Sólo me quedaba la cafetería, el baño (he echado una meadita antes de entrar a clase), y rezar para que si no estaba allí, alguien lo hubiera dejado en conserjería.

Pero no, no estaba en la cafetería, y tampoco en el baño. Así que he ido, todo afligido a preguntarle a la señora de conserjería. Ella, muy amable, ha mirado en la caja de objetos perdidos, pero no ha habido suerte. He vuelto a clase, ya todo angustiado, no sabía dónde más mirar. Y por supuesto, me costaba creer que me hubieran robado mi forro favorito, que hace muchos años me regalaron.

Intentaba hacer memoria, pero no había manera, y de repente, me ha venido a la mente un pensamiento que había tenido al salir de casa …

“Coño… ya puede mejorar el día, o me voy a arrepentir de no haberme cogido el forro”

SIIII… me había dejado el forro en casa, y ni me acordaba. Así que bueno, todos mis miedos han acabado en ese momento, y entre las risas de todo el mundo a mi alrededor, me he ido a fumarme otro cigarro.

Lo dicho, beber deja lagunas mentales (recientemente comprobado), pero no beber tampoco te libra de ellas.

Y ya está 🙂

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Los huevazos del 42

Llevo todo el día pensando en escribir esto por la noche. Y por fin, después de interminables horas en el CPS (hoy he llegado a 11 horas allí metido), y un capítulo y medio de House (Jaus), ya puedo hacerlo.

Esta mañana he salido de casa a las 9:40 a coger el bus, pensando que si justo en ese preciso instante tenía suerte y aparecía un 42 (cosa bastante improbable), llegaría a clase exactamente a las 10 de la mañana.

Lo genial es que, curiosamente, ha aparecido uno, justo enfrente de mi portal. Aunque, eso significaba correr las 2 manzanas para llegar a tiempo a la parada. Pero sí, he llegado, y me he sentido todo satisfecho, aunque con los pulmones que se me salían por la boca. Lo que no sabía es que mi calvario empezaba justo en ese momento.

Al principio no he caído, simplemente iba sentadito, pensando en la muralla china, para variar. Pero me he dado cuenta de algo, y es que parábamos cada 2 semáforos. Lo primero que he pensado es que hoy estaba teniendo mala suerte. Pero ese pensamiento ha desaparecido cuando he visto varios caracoles adelantándonos mientras se reían del conductor, y de los pobres pasajeros que viajaban a velocidad de abuela caminante. Bueno, no nos alarmemos, tal vez haya mucho tráfico…

NO!! La calle estaba como siempre, excepto que el autobús que me ha tocado sufrir esta mañana no corría nada. No conseguíamos pasar 2 semáforos en verde. Desde que las puertas del bus se cerraban hasta que éste empezaba a moverse, me daba tiempo a bajar, echarme un cigarro y subir. Era horrible!! Al doblar las esquinas no se notaba, puesto que eso hay que hacerlo a poca velocidad. Pero cuando te encontrabas con una recta de 3 carriles, con todos los semáforos en verde hasta 300 metros por delante de tí, ERA DESESPERANTE.

Ha costado desde Kasán hasta el Carrefour (normalmente unos 4,5 minutos) cerca de 14. No me lo  podía creer, así que poco antes de llegar al Carrefour se me ha ocurrido acercarme al lado del conductor, para poder ver la aguja que marca la velocidad. Increíblemente no la he visto subir de 30 km/h…

Ni siquiera en una recta donde los coches alcanzan casi los 80 km/h (sí, eso es una multa bastante elegante) ese hombre pasaba de los 30. Era como si no quisiera llegar al CPS. Joer, todo el mundo que vivimos allí le tenemos asco, pero no por ello nos cuesta 3 horas llegar. Y si el hombre tuviera luces, habría llegado pronto para echarse un café y un cigarro. Pero tampoco parecía tener esa suerte.

Por fortuna, el señor profesor ha debido coger el bus siguiente al mío, que debía pilotar el primo de mi conductor, porque ha llegado a las 10:14 minutos, sólo 1 minuto antes que yo.

Resumiendo, después de el agobio y el aburrimiento de un viaje en 42 de algo más de media hora que norlmente cuesta algo más de 20 minutos, he conseguido llegar a tiempo a clase para empezar el día.

Sólo una recomendación para Benito (así he bautizado al chófer): “Si tu mujer tiene ganas de marcheta nocturna, espero que no te cueste tanto empezar como cruzarte 4 semáforos. Porque se le pasarán las ganas y te quedarás a dos velas: VAMOS… UN POCO DE ALEGRIA Y FLUIDEZ EN LA VIDA NO VIENE MAL”.

Y ya está 🙂

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Masacre moquil

Lo he presenciado con mis propios ojos: Una persona masacrando mocos como una posesa…

Bien, bien, me explicaré.

Este fin de semana ha sido intensivo con compiladores y ÉL (sí, el laboratorio de programación). Total que hoy, y como no podía ser de otra forma, he acabado en el Cerbuna con Joaquín, he cenado en el London y hemos seguido después con los últimos retoques y repasos al examen y a las memorias que el miércoles habrá que entregar.

Hasta aquí nada raro, nada que llame la atención en la vida de todo universitario que se tercie, en época de exámenes. (Por supuesto, no hablo de los Bolonios, que imagino que siguen con su particular jodienda, repartiendo panfletos DENTRO de la sala de estudio y desconcentrando al personal).

La cosa ha sido cuando de repente, y en plena cena, uno de los cerbunos que han venido a cenar con Joaquín y conmigo, ha reparado en un detalle que hasta entonces había pasado inadvertido. Unas cuantas mesas más allá, había una familia feliz cenando, y de todos ellos, ha habido una joven y recia muchacha más o menos de nuestra edad, que nos ha llamado la atención:

Su actitud era cruel. Llevaba, con sumo disimulo, su dedo meñique al interior de una de sus cavidades nasales. Llegado este punto, lo retorcía, para asegurar que su presa  caía en la trampa, y después lo retiraba con un movimiento implacable. Así, el pobre moco no tenía salida, y acababa enganchado en las redes de nuestra protagonista.

Este acto criminal se ha repetido en numerosas ocasiones, siempre con gran disimulo, cual agente secreto infiltrado en una peligrosa misión de incógnito. Pero, y aquí ha sido lo mejor, la chica no se ha contentado con eso, sino que ha decidido que ya valía de ser disimulada. ¿Qué mas da que medio bar contemple mi afición asesina?, ha debido pensar.

Así que ya, cansada de tanta tontería, ha empezado a meterse el dedo con gran descaro (obviamente, en la nariz, no busquemos 3 pies al gato, que esta vez NO los tiene), y, moco en mano, lo ha mirado directamente a los ojos, y se ha visto la duda en su cara:

– ¿Me lo como? ¿No me lo como? ¿Merece vivir o es como quien pone “detos a deplicadorez”?

Le ha costado decidir, pero ha optado por la solución drástica: ¡¡¡MUERTE AL MOCO!!!

Así que… ALE! ¡¡A la boca!!

Jajajajajajajaj, no he parado de reírme hasta que nos hemos ido del bar. De hecho hemos barajado la posibilidad de comprarle a la pobrecita un bocadillo más, porque ha debido quedarse con hambre. Y eso que los bocadillos del London son bastante generosos. Además hubiera sido bueno para ella (estaba hambrienta), para el resto del bar (menudo ASCO), y, sobre todo, para sus pobres mocos, que estaban sufriendo la más cruel de las exterminaciones.

Sin más nos hemos ido, sin parar de reírnos, y hemos seguido el estudio hasta hace un rato, que he vuelto a casa para terminar con “la tortura”.

Así que nada, ya he contado mi experiencia. Necesitaba compartirla con vosotros, porque no todos los días presencias una muerte en persona, y hoy he visto varias. Pobres mocos, pobres sus familias, amigos … No es justo.

Ale, otro día os cuento alguna más, ahora el deber me llama.

Y ya está 🙂

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El niño fumador

Desde luego, yo alucino con las cosas que se ven. Sé que siempre lo digo, pero es que lo de hoy no ha tenido desperdicio:

Después de ir al CPS por la mañana para unas tutorías, he quedado con Tony (Anchoniou el Freak) en un bar que hay al lado de su casa. Así que nos hemos sentado amigablemente a charlar y ponernos al día del verano. Lo normal que hacen 2 amigos cuando se reencuentran, hasta aquí todo correcto.

El caso es que, yo no llevaba mechero, así que en un momento dado, me he girado hacia atrás, buscando a algún fumador que me lo prestara. Vamos, que estaba yo mirando hacia la ventana, en frente mío el freak, detrás a la izquierda teníamos una parejita enamorada, y JUSTO detrás mío, había un niño con una mujer con collarín.

Ya os he puesto en situación, vamos al meollo:

Al ir a buscar el mechero, he visto algo SORPRENDENTE CUANTO MENOS. El niño, llevaba un cigarro encendido en la mano, apollada junto al cenicero que había encima de la mesa. Mi reacción ha sido rápida:

– Tony, Tony, detrás mío hay un niño de 6 o 7 años fumando.

Tony no se lo creía, pero yo me he apartado un poco para que pudiera verlo y… CARA DE ASOMBRO…

Me he vuelto de nuevo, y he visto a la “madre”, de pie junto al niño, terminando de recoger sus cosas en el bolso, así que he pensado:

– “Ya está, la madre tontorrona ha decidido que el niño le guarde su vicio mientras prepara su bolso”.

Así que, me he dispuesto a pedirle fuego a la amable señora del collarín, nuestra intrépida mami. El diálogo ha sido tal que este:

– Perdone, señora, ¿tiene usted fuego?

– Sí, majo. Tengo pero NO FUMO, así que te lo voy a regalar.

Qué mujer más maja, como no fuma me regala su mechero. Un momento, un momento ,Loixiyo… piensa…

(He dormido poco y me ha costado pero entonces…)

¿¿¿¿¿COMOOOO????? Y si la mujer no fuma… qué hace el niño sentado cigarro en mano, un niño de 6/7 años de edad???

En fin… que siempre dicen que “hay que enseñar buenas costumbres desde chiquititos”, pero no por ello yo les daré biberón de calimocho a mis bebés. Hay que hacer que crezcan sanos y fuertes, sin humos, ni alcohol (ya se destrozarán la vida luego, en la adolescencia, o en su juventud :-P).

Al final, la mujer y el niño han salido del bar, y no he llegado a entender bien qué ha pasado…

Curioso cuanto menos…

He dicho.

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Loixiyo… ¡¡Apatruyando la ciudad!!

Después de un larrrrrgo día -12 horas- en el CPS (sí, el dantesco y pintoresco lugar donde paso la mayor parte del tiempo en mi vida, hoy por hoy) programando, echando cafeses, escuchando lecciones magistrales de Carmelo, o simplemente haciendo el chorras, he vuelto a casa. Iba a volver andando, pero me han llamado Virginia y Cristian para tomar algo, así que ¿cómo iba a decir que no?

Esperando en la puerta del Valdai, había un coche en doble fila. Ha llegado la “dulce doncella” dueña del coche bloqueado, y lógicamente (o no tan lógicamente) se ha puesto a hacer uso del claxon para llamar la atención del infractor. Pero… ahí ha sido donde ella ha pasado a ser infractora, porque sus bocinazos duraban cerca de 20 SEGUNDOS, increible!!!

Por suerte para todos, y desgracia para ella, ahí estaba yo. Le he pedido amablemente (esto no es irónico, es verdad) que dejara de pitar, que hay personas mayores y enfermas, como mis abuelos, viviendo encima, y que estaba molestando. Que llamara a la grua si tanta prisa tenía. Y la muy señorita me ha dicho que “ella molesta porque a ella le molestan, y que si tenía “valor” (vale, ella no ha utilizado ese término exactamente) que llamara yo. Así que, ¡qué remedio! he llamado yo.

Me ha llamado la atención que cuando ha oido que empezaba yo a hablar por el móvil se ha callado, no sé si habrá decidido tener paciencia, o qué habrá pasado. Así que, con la calle ya tranquila, me he metido al bar a tomar algo, echar un par de cigarros y subir.

En todo ese tiempo, más de media hora, no he visto aparecer a ningún coche de policía, pero desde luego se ha callado que era lo que yo quería.

En fin… gente tonta hayla en todas partes, pero no tenemos por qué sufrirlas el resto.

Esa es mi historia de hoy, algo chorrona, pero me ha puesto tan de mala gaita la señora que tenía que ponerlo aquí y desahogarme, que es la idea de este blog.

Ale, seguiremos informando!

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Aparcar en doble fila

Hoy he visto algo que me ha parecido curioso.

Estaba yo con las prácticas de Chomsky (menudo coñazo, y lo siento si lo lee pero no sé llamarlas de otra manera), y como no me salía, he decidido salir a la terraza y fumarme un cigarro tranquilamente.

En la otra acera, había una furgoneta en doble fila, y un hombre que quería salir con su coche. Se ha pegado varios minutos allí esperando, y al ver que nadie venía, en lugar de llamar a la grúa (es algo cabrón, pero efectivo) para que se llevaran la furgoneta “obstáculo”, ha empezado a pitar como un descosido. Ha debido pensar, que igual destrozando los tímpanos del resto de la ciudad, el obstáculo iba a desaparecer. Algo así como cuando de niños tenemos miedo en la cama, que nos metemos debajo de las sábanas. Está demostrado científicamente que debajo de las sábanas el asesino no puede hacernos daño.

Pues bien, después de cosa de 10 minutos pitando como un poseso, ha tenido la idea del siglo. Ha pedido ayuda a dos jóvenes que paseaban por la calle, y se ha decidido a empujar la frago para poder salir. Lógicamente, la frago pesaba un cojón, y era mucho más complicado moverla con el freno de mano puesto. Pero… el “listo” éste ha tenido la iluminación:

MUY FACIL: Si el freno de mano está puesto, no podré moverla. Si no estuviera puesto, podría moverla.

CONCLUSIÓN: Abro la puerta del vehículo, quito el freno de mano, me siento en el asiento del conductor, y mientras los dos pobres paisanos empujan, yo conduzco. Y así, sin más dudas, se ha dispuesto a hacerlo.

Dicho y hecho: Han empujado la furgoneta unos metros hacia adelante, han sacado el coche y la han vuelto a dejar como estaba.

INCREIBLE PERO CIERTO.

Y es que… yo ni loco abro un coche ajeno para empujarlo unos metros y sacar el mío. Yo llamo a la grúa y que se J*DA.

Alucinado por la capacidad improvisatoria de la gente, me despido por hoy.

He dicho.