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Anda a Cascala!!!!

Así son las cosas y así te las he contado

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Cuando mear te cuesta dos euros

No… en esta entrada no voy a contaros que el otro día fui a un baño público y me sablaron dos euros por echar una meadica rápida. Nada más lejos de la realidad, lo que os voy a contar es una anécdota de estas fiestas del Pilar. Será una entrada breve, pero no puedo evitar partirme el c*lo cada vez que la recuerdo, así que quería compartirla con vosotros.

Pues bien, estaba yo en Interpeñas el segundo sábado de las fiestas, cuando mi vejiga decidió unilateralmente que tenía que vaciarse en algún sitio lo antes posible. Así que engañé a DonMic, mi buen amigo y compañero de fatigas para que me acompañara y allí que nos fuimos los dos, a buscar un meadero.

Por fin, y después de terminar echándome a correr, llegué  a uno de esos meaderos como estos:

meadero_pie

Bien, una vez allí me relajé y dejé que mi cuerpo llegara a un estado mucho mejor. La cuestión es que justo a mi lado había un joven que para tener las dos manos libres (no sé si realmente era necesario) se sujetó el vaso de cerveza con los dientes. Ahí fue cuando mi mente se puso a maquinar y una sonrisa se dibujó en mis labios. Y entonces…

Loixiyo: ¿Qué tal va la noche, joven?

Joven: Bien…. ¡¡MIERDA!!

¿Sabéis que le pasó? Pues imaginad donde fue a parar el vaso de cerveza, ese que sujetaba con la boca, cuando contestó amablemente a mi pregunta :-D.

Mis carcajadas creo que pudo oírlas medio pabellón, mientras la cara de este tío empezaba a ponerse roja y sus ojos decían “¡¡VAS A MORIR!!!”. Yo ya me veía apaleado por aquel chaval pero debió pensar que fue divertido, se relajó y dijo:

– Juas… vaya forma más tonta de tirar dos euros a la mi*rda.

La cosa quedó ahí, cada cual siguió su camino y yo tuve una anécdota para contar. Desde aquí le mando un abrazo por si le da por leer mi blog.

Pues nada, otro día os cuento más cosas, ahora hay que dormir.

Y au! 🙂

PS: Munich y sus cervezas nos esperan…

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Segunda visita a Rivendel tras mi vuelta

Por fin y después de año y medio volví de nuevo a pasar unos días a Rivendel, tierra de rubias. En esta ocasión me incorporé a un viaje que la bella doctora había emprendido con sus padres para visitar a su hermana que está en Luleå. Yo aproveché que al volver querían pasar unos días en Estocolmo para unirme a ellos, hacer de guía y visitar aquellas calles que con tanto cariño recuerdo. Fue una grata experiencia, redescubrí muchas cosas que ya conocía y por supuesto me encontré con algunas nuevas.

La verdad es que me gustó ver que algunas cosas no cambian. Las hamburguesas del Max siguen tan buenas como las recordaba, las suecas tan suecas, mi viejo amigo madrileño tan “como siempre” (un abrazo desde aquí, por si me lee), la pizzería Buona Sera no defrauda, la voz sensual del metro, el encanto de Gamla Stan…

Otras cosas sí cambian, algún restaurante había cerrado, prácticamente toda la gente que conocía se ha ido de allí (o he perdido el contacto, cosa que aunque me dé pena también es comprensible), y la zona de Sundbyberg donde yo vivía está irreconocible.

En lugar de las obras que adornaron mi calle durante más de dos años me encontré aceras anchas, bares con terrazas y una línea de tranvía. Y mi edificio tampoco se salvó, me lo encontré todo “empapelado”, cubierto de andamios y lonas. Parece ser que van a arreglar toda la fachada. Así que a poco más no reconozco esa zona. En cambio, pude pasear por el parque, ir al ICA a comprar especias mágicas del “Tío Ben” y coger mi Pendeltåg.  ¡Grandísimos recuerdos!

La próxima visita calculo que será en otro año y medio o dos, cuando las especias que compré se me acaben. Además tengo que probar lo que el señor Aldana, mi fiel compañero de fatigas me describió como “las mejores hamburguesas del mundo”. ¿Qué será de mi vida para entonces?

Pues nada, otro día os cuento más cosas, ahora toca dormir.

PS: Redescrubiremos las Köttbullar otro día que llueva, no preocuparse 🙂

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Y así cerré un chino

Me estoy dando cuenta de que me hago mayor …

Ayer mi amigos el señor Clorofila y el recientemente coronado ingeniero me avisaron para ir a su casa a echar unas copas y luego ir al casco (to the helmet) a bailar un poquillo.

Así que me dispuse a comprar bebida en un establecimiento chino. Estas tiendas están muy bien porque puedes comprar bebida a cualquier hora del día. Además venden comida y tal.

Cuando hice mi primer intento eran las 11 menos 20 de la noche. Vi salir a varios jóvenes con botellas de alcohol, así que supuse que no tendría problemas para comprar un par de litros de calimocho. El dependiente, muy amable y sonriente, me dijo que eran las 11 y no podía venderme alcohol, pues era ilegal. Detrás suyo había un reloj que dejaba claro que faltaban 20 minutos hasta que no le estuviera permitido atender mi petición. Pero ante su negativa, decidí irme a otro chino y comprar.

Unas calles más arriba encontré otro de estos establecimientos, del que de nuevo salían jóvenes menores de edad con botellas de alcohol.  No puedo asegurar que las hubieran comprado allí, tal vez las llevaban de antes. En este segundo local recibí la misma respuesta y me fui de allí sin conseguir mi objetivo.

Recordé que de camino a casa de Clorofila había otra tienda más donde intentarlo una última vez. Así que cogí una bicicleta y fui hacia allá.

Como era de esperar, varios menores salían satisfechos de la tercera tienda portando botellas de alcohol. Abrí la puerta y le pregunté a la china si podía venderme sin entrar, pues no quería dejar la bicicleta sola en la calle. La respuesta fue la misma, que a partir de las 11 no podía comprar alcohol. Esta vez al menos tenía razón, el tiempo iba pasando y efectivamente, eran las 23:00h.

Pero Loixiyo estaba harto, así que decidió actuar. Bajé de la bici, me lié un cigarrito y me senté a esperar al siguiente grupo de chavales en busca de bebidas para decirle “¿Ves como sí vendías?”

La china empezó a ponerse nerviosa. Los siguientes clientes menores de edad no se hicieron esperar, pero la china no les vendió porque sabía que yo estaba mirando. Ellos se indignaron, no entendían por qué esa noche no les vendían cuando lo habitual era que sí. Pero yo sabía la respuesta. LOIXIYO ESTABA ALLÍ.

La cosa me pareció divertida, así que cuando me terminé el cigarro (23:08h) abrí la puerta de nuevo y entablé conversación con la china:

– Mira, yo no soy policía, pero necesito un brick de vino. Sabes y yo sé que vendéis alcohol fuera de horarios. Así que si no me quieres vender no pasa nada, pero yo me voy a quedar aquí y como vea que alguien compra llamaré a la policía.

– No problema, nosotros no vendemos alcohol.

– Perfecto, yo me fumo otro cigarro. Tengo aquí tabaco para estarme un mes sentado (enseñando el paquete de tabaco de liar).

Así lo hice, me lié otro cigarro y vi como la “sospechosa de infracción” empezaba a ponerse más nerviosa. Mientras me echaba ese segundo cigarro entraron 4 grupos más de jóvenes. Demasiada gente pidiendo algo que “nunca dan”, ¿verdad? Con cada grupo que entraba, yo miraba a la china y le dedicaba una sonrisa.

Cuando acabé el cigarro, la miré de nuevo y le enseñé el paquete de tabaco otra vez. En cuanto hice el amago de empezar a liarme otro más le dijo algo a su compañero. En menos de 30 segundos estaban cerrando la tienda. Apagaron las luces y bajaron la persiana. Yo les dije que “mañana nos vemos de nuevo”.

Mientras se marchaban muy despacio, volvían la cabeza para ver si me iba. Doblaron la esquina, y pude ver como cada minuto sacaban la cabeza para ver si me había ido. Pero no, Loixiyo seguía allí, y al cuarto intento ya debieron cansarse y se fueron. Obviamente la abrirían la tienda 20 minutos después, pero eso ya no me importa.  Desde luego no iba a fastidiarme la noche, tenía cosas que hacer. Pero al menos les molesté un rato.

Lo que más me toca los c*j*nes es que me traten de tonto. Siempre me han vendido cuando lo he necesitado. No tienen escrúpulos para vender alcohol a jóvenes de 15 años a las 3 de la mañana, pero no me venden a mí a las 22:40. No es lógico. Y que encima se rían en tu cara diciéndote algo que sabes que es una mentira tan gorda como si yo digo que me he depilado entero. Por favor, eso no se lo cree nadie.

En fin… cosas como estas hacen que me plantee irme todos los viernes un par de horitas a estropearles las ventas. Pero si lo hago tal vez algún día os den trocitos de vuestro ídolo de masas en un rollito de primavera. Tampoco hay que abusar de su paciencia.

Otro día  os cuento más.

Y au! 🙂

PS: Vacaciones …

Y para ti, viborilla a reacción, por si lo lees: “Sé lo que hiciste y habrá respuesta. Pero todo llegará, compañera.” 

 

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¡Loixiyo va a Canarias!

¡Carnaval, carnaval!

Después de casi un año esperando estas fechas, pasado mañana me voy a Canarias con la bella doctora y algunos personajes más. Hoy estoy preparando ya la maleta, sacando los billetes de autobús que me faltan, y demás preparativos para el viaje.

Echaba en falta la sensación que se tiene cuando estás a pocos días de un viaje. El año pasado durante mi Erasmus es lo que más hice. Buscando por internet es fácil encontrar vuelos baratos, un alojamiento que no se te vaya de presupuesto y sitios majos para visitar. Para comer te puedes echar unos “taperguares”, o comida que puedas llevar en la mochila. Aunque lo que no tiene que faltar es dinero para degustar los “menuses” autóctonos. Eso y buena compañía y ya tienes unos días estupendos.

Tengo algunas escapadas más en mente, como otra visita a las auroras boreales, unos días en París y/o Brujas, un “trip rimember” a Rivendel, tierra de rubias, Londres o Méjico con mis padres y alguno que otro más. El problema es que cuando eres universitario y tienes vacaciones, no tienes dinero. Pero cuando tienes trabajo tienes dinero pero no vacaciones. Parece que Dios no quiere que viajemos demasiado.

Por contaros un poco sobre Canarias, la isla escogida para el aterrizaje de vuestro ídolo es Tenerife. Para quien no sepa cuál es de todas, es la que tiene forma de pata de jamón. Gran Canaria tiene forma de cabeza de oso, con sus orejicas y todo, y Tenerife de jamón. ¿Veis? Así no se os va a olvidar en la vida. Veamos cómo son en realidad:

 

Islas

 

Voy a tener unos días para desconectar, relajarme y coger fuerzas, porque en el trabajo el tiempo para completar las millones de tareas que se acumulan es más que limitado. Y sobre todo, voy a disfrazarme de mariquita. Seré la mariquita más estupenda de la isla y del archipiélago entero. Las féminas nativas gritarán emocionadas cuando me vean y me harán la ola. Os pongo un ejemplo de cómo quedaré para que los que no me veáis allí sepáis de qué hablo:

 

Mariquita Bichos

 

Dicho esto, voy a cenar. No creo que escriba antes de mi vuelta así que ya os contaré mis experiencias por allí.

Y au! 🙂

 

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Lapsus juerguista en la consulta

Sigo con el “malestar” típico de después de fiestas, o como se llama técnicamente “Catarrum Monumentalis”.

El lunes me pegué toda la mañana en la cama, pero conseguí comer en el CPS. A clase no fui, pues no tenía excesivas ganas, y ya de parte tarde tuve la visita anual al dentista. Salí de allí con la dentadura escocida por el trote que la cruel dama me metió con los punzones aquellos que utilizan estos personajes.

Y ya que estaba, pensé que igual era buena idea cogerme una biZi e irme al centro, para que el médico me echara un vistacillo.

La visita fue lo de siempre: Qué síntomas tienes, súbete la camiseta, te ponen el cacharro para escucharte, tal, tal, tal. Luego ya te recetan antibiótico si lo creen necesario, un mucolítico, paracetamol, ibuprofeno (o los dos), y fin de la consulta.

El hecho de que la recepcionista (nunca he sabido si son enfermeras o qué) fuera una rubia bastante atractiva no es importante. Creo que puedo ahorrarme pues la descripción detallada de aquella obra de arte de la creación.

Lo curioso de esta visita al médico fue que, y sin saber muy bien por qué, cuando el hombre me pidió mi tarjeta sanitaria, no fue ésta lo que le entregué. Yo metí la mano a la cartera, saqué algo, y extendí la mano para ofrecérselo al amable señor con acento argentino-rumano (era una mezcla curiosa).

Conforme mi mano se iba aproximando a la de nuestro amigo, vi que su cara reflejaba sorpresa. De modo que me dio por mirar a lo que estaba a punto de darle. ¿Sabéis que era?

¡¡MI CARNET DE PEÑISTA!!

Sí, sí, podéis reíros de mí. Al señor le faltó muy poco para lanzar una carcajada. Yo creo que sencillamente no llegó a distinguir bien lo que era. Pero vaya… lo guardé rápidamente y saqué la tarjeta sanitaria.

Como veis, los excesos nocturnos causan estragos, mi neurona todavía está de resaca y dos días después de mi último litro de calimocho todavía no había cambiado el chip.

No bebáis, mis queridos padaguanes.

Y ya está 🙂