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¡Buenos días! ¡Eso lo serás tú!

Llevo bastante tiempo dándole vueltas al tema: Estamos creando una sociedad rabiosa, que se ofende por todo, que busca en cualquier comentario algún motivo por el que sentirse atacado y una excusa para atacar a quien piensa diferente.

No hay más que dar un paseo por cualquiera de las redes antisociales para darse cuenta de cómo está la situación. A cada comentario que haga un usuario en un momento dado le encontraremos respuestas criticando su actitud. Veamos algunos ejemplos.

Un simple ¡Hola a todos! puede traer respuestas diciendo que la palabra todos invisibiliza a las mujeres, lo que nos convierte automáticamente en machistas opresores del patriarcado.

Preguntar a una mujer si tiene novio (o a un hombre si tiene novia) nos convierte en unos xenófobos que presuponemos y damos por única posibilidad válida la heterosexualidad.

Si nos gustan las películas en las que los protagonistas acaban enamorados, entonces estamos perpetuando los conceptos de familia tradicionales. Si además nos gusta que esa pareja sea heterosexual (puede que una persona heterosexual se sienta más identificada con una pareja heterosexual), ya somos ultraconservadores.

Si nos gusta nuestro país, ultranacionalistas rancios. Si nos gusta nuestra región, ultranacionalistas pero modernos.

Decir que nos gusta la ternera y desayunar un vaso de leche con un huevo frito nos convierte en unos asesinos especistas que violan a las vacas y roban los bebés de las gallinas para comérselos.

Si un camarero sirve el refresco a la mujer y la cerveza al hombre, machista.

Si criticamos cualquier dogma promovido por un partido de izquierdas, entonces somos fascistas.

Si criticamos cualquier dogma promovido por un partido de derechas, entonces somos comunistas perroflautas.

Si damos nuestra opinión sobre el fútbol, entonces no tenemos ni idea. O peor aún, nuestra ciudad / región / país se convierte en un foco de ataques e insultos de lo más variado.

Una señal en la que un muñequito lleva al colegio a otro muñequito que lleva coleta es machista porque presupone dependencia de la mujer y su obligación de llevar coleta. También es ofensivo que los moñigotes de los pasos de cebra no lleven falda.

Incluso puedes ofender a las camas si por ser grandes las llamas «de matrimonio». ¡Pobres camas! O bueno, realmente igual a quien ofendes es a los matrimonios porque tal vez prefieren dormir en hamacas.

Creo sinceramente que la cosa se nos está yendo de las manos. Tenemos que cortar con esta dinámica nociva que algún día nos va a traer disgustos reales, empezar a pensar que el mundo no va en nuestra contra, necesitamos decir «BASTA».

No debería haber nada ofensivo en que un moñigote lleve o no lleve falda. No debería ofendernos que alguien nos pregunte nuestra edad, nos abra la puerta, desapruebe una medida política con la que no está de acuerdo, comience una conversación utilizando cualquiera de los dos idiomas que maneja en su día a día. No debería haber ningún problema en que una marca de coche publique un anuncio en el que una niña merienda una fruta. Una bandera no debería ser motivo de insulto, acoso o señalamiento. El género neutro en un idioma no debería quitar el sueño a nadie.

Tengo clarísimo que a los políticos les interesa polarizar a la población. Estás conmigo o contra mí, si no ves el problema es que formas parte de él. Si no piensas como yo entonces quieres dar un golpe de Estado… Esa y otras absurdeces pueden verse día sí y día también en las redes sociales sin que nadie se plantee por un segundo si están jugando con nosotros.

Dejo aquí esta reflexión por si a alguien le hace pensar. A mí, personalmente, hay algo que no deja de venirme a la mente cada vez que abro Twitter:

A esas «buenas personas» les pagan un pastizal por soltar su odio y enfrentar a la población. A nosotros no nos pagan, no les hagamos el trabajo sucio.

Y au 🙂

PS: Tengo sueño ya…

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¿Solos en el cielo?

Llevo algunos días dándole vueltas a un tema que, si bien puede parecer una chorrada, me da que pensar. Veamos:

Hace ya muchos años que dejé de creer en dios en cualquiera de sus formas y colores. De pequeñito rezaba con mi abuela, también cuando entraba a clase en el colegio, comulgué y todas esas cosas, pero no tardé en darme cuenta de que algo no cuadraba y muy pronto decidí que dios no podía existir.

Esto es un problema porque elimina algunas cosas buenas de las religiones, como por ejemplo la posibilidad de ir al cielo. Para un ateo, el cielo puede ser «el cariñoso recuerdo que tus seres queridos guardan de ti», pero para un creyente es mucho mejor: El cielo es un lugar de encuentro donde te están esperando todos los que se han ido antes que tú. Desearía poder tomarme un cocido de mi abuela, contarle cómo me ha ido el día y escuchar sus sabios consejos. O comerme unas «tajadicas» con mi abuelo y echar un guiñote, que me enseñara a hacer nudos de corbata para cuando me voy a hacer el masón o que me cantara «Es un chico excelenteee» mis próximos 500 cumpleaños. Pero, en principio, esto no va a poder ser.

¿Qué esperanza queda entonces? Pues la idea que algunas personas comparten de que «somos energía y que, al morir, ésta se transforma en otra». Mmmm… vale, esto me va gustando un poco más, podemos pensar que nuestro cuerpo (o cerebro) tiene energía almacenada, un alma tal vez, y que se puede convertir en otra cosa igual que la energía potencial de un cuerpo se convierte en energía cinética mientras cae.

Según esta concepción, que tampoco me parece la leche de científica, cabría pensar que al morir puedo reencontrarme con mis seres queridos o incluso quedarme por aquí y ver gente desnuda sin que me pillen. Pero, en este punto, aparece un nuevo problema:

Suponiendo la energía «almística» (así voy a llamar a la energía esa que comento, la del alma) se queda por aquí pululando nosotros, los vivos, no podemos verla de modo que: ¿qué nos hace pensar que los muertos sí la verían?

No sé si me estoy explicando pero, si los vivos no podemos ver una energía que supuestamente está ahí, ¿por qué las energías iban a poder verse entre ellas? Así que veo dos opciones:

OPCION A: Realmente esa energía no existe y cuando nos morimos nuestro cuerpo se descompone y dejamos de existir. Sólo quedará de nosotros el recuerdo en nuestra gente y, finalmente, nada.

OPCION B: Todos nos convertimos en «almas pululantes» que no se ven entre ellas. Mis abuelos están por aquí y cuando yo muera estaré cerca de ellos pero no podremos vernos mutuamente ni interactuar. Si esto es así, tampoco habría razón para vernos si en lugar de quedarnos aquí nos vamos todos a otro sitio, que podría llamarse cielo. Y en este caso… ¿estaríamos todos solos en el cielo?

Desde luego no voy a empezar a creer en nada a estas alturas de mi vida, pero este tema me parece interesante para reflexionar. Ahí lo dejo…

PS: Somos majos… Y suertudos.